Ante el desprestigio de la clase política en Guatemala, ante los abusos de la cosa pública y ante los escenarios dramáticos de gobiernos ingobernables podemos al menos estructurar dos premisas: problemas de Aptitud y problemas de Actitud, la primera tiene que ver con que la mayoría de funcionarios públicos electos y designados no cuentan con las aptitudes para desarrollarse en un entorno político, por lo cual son figuras que siempre estarán reducidas a su mas mínima expresión ya que no cuentan con las facultades, con la experiencia ni con las competencias necesarias para desarrollarse en el ámbito burocrático. La segunda tiene que ver con que los políticos no cuentan con la actitud que demanda quien ostenta un cargo público por elección o por designación, lejos de una vocación de servicio nos encontramos con personajes dotados de una opulencia, arrogancia y  soberbia a causa del endiosamiento de un sequito de aduladores, fanfarrones y vanidosos que se creen que por estar cerca del poder en algún momento pierden la visión del ser y del deber ser,  que debe de estar al servicio de la población.

La clase política guatemalteca tradicional tiene sus días contados, porque han sido solamente piedras de tropiezo para el desarrollo y progreso del país, pues lejos de intentar aunque sea parecer burócratas inteligentes solamente han dejado en evidencia el grado de descomposición social que impera hoy en el país, empezando por la indiferencia del Presidente y vicepresidente, de los diputados, y de los alcaldes para preocuparse por los verdaderos problemas del país, como lo son el desempleo, la inseguridad, el transporte público digno, la educación y la salud sobre todo.

Es increíble que en Guatemala no tengamos una agenda de país, sino más bien una agenda individualizada dependiendo al sector al que se pertenece, es decir no sabemos qué queremos ser como país y por ende no sabemos hacia dónde vamos. Lo que sí sabemos es que vamos, aunque no a donde, es por eso como dice aquel adagio “El que no sabe a dónde va, cualquier bus lo lleva” así vamos todos como sociedad tan solo flotando y a la deriva, sin rumbo ni dirección alguna.

Pero la situación del país está empezando a cambiar, pues a raíz de la crisis política del año 2015 que empezó en el organismo Ejecutivo y que se ha extendido hacia el organismo Legislativo y el organismo Judicial, además dicho sea de paso, la crisis sigue hasta hoy en día, la política está en un proceso de cambio porque los políticos tradicionales agonizan conjuntamente con sus prácticas clientelares, de comprar a la gente, de comprar su casilla o su candidatura, o simplemente  su reelección en el caso de los diputados y de los alcaldes, por lo que ese modelo de caciquismo se encuentra agotado e inoperante para dentro de muy poco tiempo, mientras termina de cuajar y de madurar el surgimiento de una nueva clase política y de una ciudanía mucho más participativa y educada en los temas de cultura política.

Hacia dónde vamos seria la pregunta. Dada las circunstancias nos dirigimos hacia la era de la comunicación como un factor crítico de éxito (FCE) en la política, pues ya nunca jamás será suficiente un político parezca político, ni tampoco que tenga conocimiento sobre la política, de nada le servirá de ahora en adelante poseer cualidades y aptitudes si en realidad no sabe comunicarlas, pues la tarea en ese sentido será doble, debe mostrar que posee la aptitud y la actitud, pero sobre todo debe saber comunicarse con los electores y con su entorno de forma ágil, veraz e inteligente, pues y en realidad eso ya implica otro nivel relacional, estratégico, proactivo, inteligente y persuasivo pero en base  a principios de comunicación y no a la presunción de la comunicación.

Los FCE en la comunicación significan que debe haber una planificación en la comunicación, además de que deben ser gerentes comunicacionales en la búsqueda de alcanzar sus objetivos políticos, es decir esa comunicación estratégica estará orientada a conquistar promesas políticas en la que ellos podrán hablarle con autoridad a sus receptos si tal o cual objetivo se cumple el éxito está garantizado.

Así las cosas los FCE son ámbitos de acción claves que a su vez son parte de una estrategia comunicacional incorporados en un plan con actividades muy certeras que al final del día se traducirán en resultados, además que despertara la atención, aumentara el interés y generará un mecanismo de evaluación de la gestión política del funcionario público o burócrata.

En definitiva los FCE es un término para la comunicación corporativa pero podremos estar seguros que habrá una mutación hacia el ámbito político, se trata de comunicación pura sustentada en el liderazgo la aptitud, la actitud que sin lugar a dudas generará identificación y consolidación de una clase política de cuadros y en una plataforma basada en los procesos modernos de la comunicación.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo