El evangelio de la misa de este Domingo de Ramos fue verdaderamente conmovedor. No solamente nos retrata la pasión y muerte de Jesucristo, con todos los detalles de su dolor así como la burla y la bajeza de quienes lo condenaron sino también nos describe a una serie de personajes, que uno a uno pueblan el relato y que nos recuerdan las grandes debilidades del ser humano y de lo voluble que es su naturaleza.

¿A quienes vimos desfilar en este pasaje evangélico?  Al que vende sus convicciones por dinero (Judas). También vimos a aquellos que por cobardía o por temor silencian sus creencias, esperando escapar el rechazo o la persecución de los poderes públicos (Pedro). No lejos están también aquellos que disfrutan del dolor ajeno, que se suman a denigrar escondiéndose detrás de las multitudes (los que presencian el Juicio). Por si fuera poco aparecen aquellos que reaccionan con ira y sin medir las consecuencias de los actos (el apóstol que acompañaba a Jesús). Los hay también que sabiendo que se comete una injusticia, prefieren ver hacia otro lado (Poncio Pilato). Luego también está aquél que provoca, que quiere lograr que otros cometan errores o imprecisiones (los escribas y ancianos).  Surgen también los mentirosos, como aquellos  falsos testigos del juicio a Jesús; los que delatan, como la criada que denuncia a Pedro y los que aprovechan a golpear al caído (los romanos). En fin, todo un catálogo.

Si la Biblia ha sido durante casi dos milenios un texto que ha impactado el curso de la historia y por supuesto las vidas de muchos ha sido por su capacidad de retratar con gran detalle al ser humano en su dimensión más completa, con sus virtudes y debilidades. Pero también nos propone un modelo a seguir. Nos recuerda lo que es ser cristianos y buenos cristianos, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazareth. Y por supuesto también nos interpela como personas recordándonos cuán cerca estamos siempre de caer, dadas las condiciones de nuestra existencia y nuestro propio entorno.

Casi que uno puede ver este evangelio como un extracto de lo que nos sucede en cualquier momento en nuestras vidas. A veces es uno quien resulta encarnando alguno de estos roles. Pero también el pasaje evangélico presenta a otros personajes que nos ofrecen grandes lecciones de vida. Aquél que carga la cruz por el otro; los que acompañan al caído hasta el final; los que tienen fe y perseveran en ella. Quizá llamen menos la atención en esta historia, pero allí están también para mostrarnos el contraste.

En la vida espiritual y religiosa, como en la vida política y ciudadana hay asombrosas coincidencias.  La lectura dominical nos llama a vivir una vida cristiana profunda pero a la vez también nos exige una reflexión sobre nuestro actuar en lo cotidiano. Yo espero que estos días me sirvan de reflexión para interiorizar su mensaje e intentar dar respuesta a la pregunta de ¿en qué lado de los personajes estoy? ¿Soy uno de éstos o de aquellos? Ojalá todos podamos hacer introspección y que estas fechas, recordando y reviviendo la pasión de Jesús,  nos ayuden a crecer mejor. 

 

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