Si la crueldad humana puede tener un límite, la de Nicolás Maduro está muy por encima de él. Las imágenes de los días recién pasados tocan lo más hondo de la humanidad.

¿Qué ideología política vale la muerte de los individuos por quienes dice que lucha? ¿Qué gobierno es más valioso que el ciudadano? La crisis en Venezuela es la prueba viviente de ello.

Primero, con la segunda inflación más alta del mumdo, solo después de Sudán del Sur, tiene tan devaluada la moneda que se necesitan cantidades ridículas de Bolívares para comprar los pocos productos a la venta.

Y no hay más razón para este déficit que la mala causa que el chavismo predica. Y porque la causa es mala, los medios son malos. Tan malos, que para mantener sus ideas, el chavismo ha provocado la muerte de quienes se le oponen. La imagen de una joven de 23 años tendida en el piso con la mirada perdida, y un hilo de sangre emanando de la cabeza que un día sirvió para oponerse a Nicolás Maduro, es la perturbadora visión que resulta de querer libertad.

Libertad para elegir a quien esté a cargo del gobierno que debe proteger al individuo y no asesinarlo, libertad para expresar la inconformidad ante las decisiones públicas, libertad para acceder a la infinidad de productos que solo el mercado libre puede ofrecer para satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

Y el chavismo es el opuesto directo a la libertad. En su lucha contra el imperialismo yankee ha dejado muerte, pobreza y fanatismo. A tal punto, que ahora la propaganda es que los ciudadanos fieles a Maduro y al espíritu de Chávez salgan a las calles a decir a los medios que “esta es la dictadura más bonita del mundo”, como un reciente video de CNN deja ver.

El panorama latinoamericano no es muy alentador, tampoco. Por poner un ejemplo, Colombia está por ver guerrilleros de las FARC en sus curules parlamentarios. Pareciera que todo lo que se opone a la libertad está siendo bienvenido.

Quisiera esperar que el chavismo esté en un punto de quiebre y las ansias de libertad estremezcan al autoritarismo latinoamericano. Ojalá que así sea.

 

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