Es muy común leer a individuos insultando en Facebook, Twitter y otras redes sociales a quienes no piensan como ellos, ofendiendo y utilizando gruesos epítetos.

La pregunta es si estos personajes se comportan de igual manera en la “vida real”, agrediendo verbal o físicamente a su pareja, amigos, familiares, colegas y desconocidos en caso de desacuerdo o diferencia de opinión.

Por ignorancia, falta de educación o carencia de inteligencia emocional (o todas juntas), estos usuarios de redes sociales asumen de forma errónea que el anonimato que muchas veces brinda Internet les protege y da derecho a ofender a las personas.

Son los trollers de la red, verdaderos acosadores que provocan y atacan a usuarios de redes sociales solo por pensar distinto.

Conviven con esta clase intolerante los usuarios “sin filtro”, quienes irresponsablemente comparten toda o la mayoría de información que reciben en sus redes sociales, poniendo en riesgo la reputación de personas, empresas u organizaciones con historias que muchas veces son falsas o no tienen sustento.

En la actualidad, nuestro comportamiento en redes sociales contribuye a configurar de forma decisiva nuestra marca personal o “personal branding”, siendo tan importante como nuestro desenvolvimiento en los ámbitos familiar, social, académico y profesional en la “vida real”.

Si aceptamos la premisa anterior, es imperativo actuar con respeto o prudencia al utilizar las nuevas tecnologías de la información para comunicarnos. De lo contrario, muchas veces sin siquiera darnos cuenta, estaremos afectando nuestra reputación.

Actuando así, por ejemplo, podríamos estar vulnerando los valores y normas de comportamiento de la empresa para la que trabajamos, poniendo en riesgo nuestra principal fuente de ingresos o hipotecando futuras posibilidades de ascensos o promociones.

Asimismo, si nos encontramos buscando trabajo, serán los propios headhunters o reclutadores de talento quienes nos cerrarán automáticamente las puertas. Como parte de la mayoría de los procesos de selección, estos profesionales revisan los perfiles en redes sociales de los candidatos. Los primeros descartados serán aquellos que utilizan la grosería, el conflicto y la difamación en la red.

Comportamientos agresivos o desequilibrados en las redes sociales se inician en la “vida real”. El caso del atropello múltiple de 11 estudiantes de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales, mientras protestaban en la Calzada San Juan exigiendo una mejor educación, es una muestra de ello.

No solo nos referimos a la incomprensible actitud del conductor sindicado, Jabes Emanuel Meda Maldonado, quien está acusado de atropellar y asesinar a la estudiante de 15 años Brenda Domínguez.

La dantesca escena se trasladó a Facebook y Twitter, donde los usuarios aplicaron al pie de la letra cómo no comportarse en redes sociales.

Para empezar, miles de usuarios e importantes medios de comunicación subieron a sus cuentas de redes sociales fotografías del supuesto carro que conducía Meda, junto con datos personales de la propietaria, sin realizar la más mínima labor de verificación. La información resultó ser falsa y la afectada se vio obligada a solicitar una rectificación a través de sus cuentas en redes sociales, solicitando directamente a estos medios de comunicación aclarar este grave error.

Una vez detenido el presunto responsable del atropello, millones de personas no tardaron un instante en condenar al inculpado a través de las redes sociales. Como todo ciudadano, Meda tiene el derecho constitucional de someterse a la justicia para deducir sus responsabilidades y comprobar o no su participación en los hechos.

La muerte de Brenda se convirtió en trending topic y millones de personas se manifestaron en la red, entre ellas la ex Ministra de Educación María del Carmen Aceña (@lineasfrescas), quien tuiteó: “Lamentable perder la vida por una protesta. No se justifica el acto violento del piloto, pero también es un alertivo (sic) para quienes toman calles”.

Por su opinión, la ex funcionaria fue calificada como fascista, rancia, resentida, intolerante e irrespetuosa de los derechos humanos, entre otras descalificaciones, hasta inventaron el hashtag #AceñaMeAvergüenza.

La “guinda del pastel” fue descubrir que, increíblemente, centenares de usuarios, tanto de redes sociales como de sistemas de mensajería instantánea, defendieran el proceder de Meda, asegurando que nadie tenía derecho a vulnerar el derecho a la libre locomoción. Como si éste fuera más importante que el que garantiza la vida.

No nos bastó el horror de la San Juan. Tras el macabro acto en una de las arterías más importantes de la capital guatemalteca, fuimos testigos de la intolerancia, irresponsabilidad e insensatez en las principales redes sociales que utilizan los guatemaltecos.

Libertad de expresión en redes sociales y en la “vida real”, pero con equilibrio, mesura, balance, responsabilidad, respeto y fundamentos. ¿Es muy difícil? ¿Es mucho pedir?

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo