De buenas a primeras, el título suena cómico. Sin embargo, en su cola trae la situación real de Nicaragua; una en la que una devaluación forzada del 5% anual ha supuesto un golpe durísimo para la economía del ciudadano estándar. Para explicarlo, daré los antecedentes de la medida, una explicación de este sistema de devaluación y una serie de medidas paralelas que han contribuido a magnificar el efecto negativo del 5%.

En 1988, en pleno primer gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) retiró todo el efectivo en circulación y lo cambió por el llamado Córdoba revaluado. La Revolución nicaragüense estaba viviendo sus últimos años, y la inflación del país rondaba el 3333%. Esta nueva moneda se cambiaba a 1 por 1000 de los antiguos córdobas.

Dos años más tarde, Violeta Chamorro es colocada por la Unión Nacional Opositora (UNO) al frente del despacho presidencial en Managua. Su administración se dio cuenta de que la medida del revaluado solo suavizó la caída, pero la devaluación seguía siendo un problema para el país centroamericano. Optaron por crear el Córdoba oro, cuyo valor se pareó con el del dólar, y se estableció un sistema de crawling peg (minidevaluación). 27 años después, esa tasa estabilizadora se ha convertido en la taza en la que el nicaragüense promedio se va ahogando poco a poco.

El FSLN regresó al poder con Daniel Ortega en 2007, y una de las primeras medidas fue la de establecer el crawling peg en 5% anual. Si hoy vemos a Japón teniendo problemas económicos (la mayor deuda fiscal del mundo, equivalente al 240% de su PIB) con un sistema muy parecido (Abenomics; 2% de devaluación anual e introducción paulatina de moneda nueva en el mercado) en Nicaragua, tomando en cuenta su historia económica y productiva, estos son mayores por bastante.

Algo más que comparten estos dos países ha sido la decisión de seguir creando papel moneda. Nicaragua, por ejemplo, tuvo el intento fallido de mantener en el mercado una moneda de C$ 10, y recientemente sacó un billete de C$ 1000, cuando antes el mayor valía exactamente la mitad.

En los últimos diez años, el salario mínimo ha aumentado un 91.4%, con un valor distinto según la actividad económica en que se deviene. Sin embargo, la inflación ha sido del 98%, con lo que desde la aplicación del 5% anual, los nicaragüenses han sentido el crecimiento de una brecha en su capacidad adquisitiva que ha alcanzado el 6.6%. Sumado a esto, hay que tomar en cuenta que la devaluación global de estos diez años es de 58.94%.

Cuando se estableció la tasa actual, por un dólar se cambiaban algo más de 18 córdobas; hoy en día son 30. El valor del córdoba es tan bajo (en Centroamérica solo el Colón costarricense vale menos) que muchas actividades, sobre todo las del sector terciario de la economía (comercialización y servicios) han optado por dolarizarse. La medida adoptada por El Salvador y Panamá en su momento de adoptar el dólar estadounidense como moneda local está siendo tomada de forma independiente y fuera de la oficialidad por los comerciantes.

Los productos cuyos precios se manejan en dólares no solo han sufrido la inflación general, sino que la pérdida de valor del córdoba les ha afectado directamente; no tanto al producto en sí, sino al consumidor que cada vez tiene menos capacidades de adquirirlo.

El sector de la economía con el salario mínimo más alto es el de “Construcción, establecimientos financieros y seguros”, el cual es de C$ 7,789.56. Sin embargo, la canasta básica está valorada en C$ 13,000.

La política del 5% es el eje, pero otras medidas paralelas han potenciado su efecto. Es verdad que la tasa de desempleo no ha aumentado ni dos puntos porcentuales en los últimos 10 años (en 2006, 5.19%; en 2016, 6.79%) pero esto es porque al haber inflación no puede haber desempleo. Esto sería un efecto positivo, de no ser porque hay una cantidad elevada de subempleo. Prueba de ello es el dato que aporté antes sobre el salario mínimo.

Luego, la balanza monetaria de Nicaragua no es compatible con la intención de depender más de lo propio. En 2016, la relación entre exportaciones e importaciones nicaragüenses dejó un saldo de – US$ 17 millones. Comparándolo con Japón que, como dije antes, ha implementado políticas similares, el saldo de este fue de US$ 38 millones a favor.

Finalmente, la diversificación de la emigración puede ser otro factor a tomar en cuenta, sabiendo que el 20% de los nicaragüenses vive en el extranjero. En 2006, el principal destino de los emigrantes nicaragüenses era Estados Unidos; sin embargo, los datos actuales sitúan a este país en cuarta posición, detrás de Panamá, España y Costa Rica. Precisamente el traslado al país ibérico (en el que residen legalmente 80,000 nicaragüenses) ha reducido el ingreso de dólares en el país.

Muchas de las familias en las que el salario recibido no logra cubrir las necesidades básicas basan su subsistencia en las remesas, y es por eso que en regiones como el norte (departamentos de Madriz y Estelí) se ha sentido menos el impacto del déficit económico. No obstante, una mayor dependencia sobre las remesas llegadas de España y la debilitación del Euro, suponen que quienes deben realizar sus operaciones en un sistema dolarizado (de forma no oficial) lo hacen con mayores dificultades.

Todo parece indicar que la regla del 5% le ha quedado grande a una economía que depende mucho de sus importaciones y remesas, y que pronto podría ver la caída de uno de sus principales aliados, Venezuela, como un aumento en el grado de inclinación del camino hacia la estabilidad económica.

 

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