¿Qué tan mal estamos? Analicemos. En materia económica el crecimiento ha seguido a pesar de todo. Corriendo riesgos tremendos a cada rato, entre las amenazas a posibles aumentos al costo energético por los ataques a las hidroeléctricas, los ataques a quienes se arriesgan a invertir en Guatemala, los enormes retos en infraestructura, las multimillonarias sumas a pagar en resarcimientos, obstáculos legales en materia impositiva, una población con problemas de malnutrición, costos altos de producción, y tantos otros factores que debieran quitarle las ganas a la gente de exponer su capital, el espíritu empresarial de los chapines sigue fuerte.

Tenemos un Presidente Constitucionalmente electo que a muchos gusta y a muchos no. En lo personal, creo en sus buenas intenciones y en su deseo de hacer algo por ayudar a Guatemala, a pesar de tener una batalla cuesta arriba y una cantidad de elementos en contra. Es un hombre joven, que quizás de niño no pensó que la vida lo llevaría a dirigir su país, pero que en repetidas oportunidades, no reportadas por los medios, ha demostrado que está hecho de buena pasta. Seguro muchos me alegarán lo contrario, y yo sólo responderé que el tiempo y los hechos lo demostrarán.

El Presidente entró al gobierno con una nación sumida ya en una severa crisis multifacética. Instituciones débiles, leyes mediocres cuando no contraproducentes, una malnutrición terrible, sistema educativo peor que deficiente, sistema de salud sumido en el caos, un Ministerio de Comunicaciones endeudado al máximo, arcas magrísimas, mala recaudación tributaria, corrupción rampante por doquier y en todos los niveles, una oposición ciega por alcanzar el poder y absolutamente viciada, y por si todo eso fuera poco, una población psicológicamente predispuesta por tanto abuso y exhausta de tanto desastre. Gobernar una nación así, no creo que sea tarea fácil. Pero pocos se animan a lanzarse al ruedo político, a ser parte del gobierno que tanto critican. Un Presidente solo no gobierna, lo hace con un equipo.

El Legislativo, compuesto por tanto elemento con historial clínico no sucio sino asqueroso, y por ende deleznable, y con sangre nueva que está tratando de hacer algo aunque sea como nadar contra corriente. Obligado a aprobar leyes inservibles o retrógradas, cuando no contraproducentes a los intereses nacionales, con claro sesgo político hacia la izquierda, cual salidas del script de la Internacional Socialista. Irónicamente, es a ese Congreso al que le piden algunos que reforma la Ley Electoral y de Partidos Políticos, como si los diputados estuvieran dispuestos a tirarse un tiro en cada pie. Se aplica aquello de “no se le pueden pedir peras al olmo”. Ahora quieren aprobar unas reformas a la Constitución que podrían fácilmente terminar de aniquilar no sólo al país en general, sino al Congreso mismo. Esto, en lugar de reformar una Ley de Compras y Contrataciones del Estado que vuelvo y repito, es un grillete en el tobillo del Estado que no nos deja avanzar a la velocidad idónea.

Y que decir del Organismo Judicial, complicado cuando no inexistente. En el interior del país aplican leyes barbáricas y cuasi medievales, que no tienen nada que ver con la Constitución precisamente por la falta de presencia de las fuerzas del orden y del OJ. La impunidad supera el 97% dijo la Cicig en abril durante la conferencia de la Sociedad Interamericana de Prensa. O sea que en cuantos años de Cicig, no ha mejorado nada. Que pena, pero ese porcentaje deja mucho que desear. Sólo 34 de los 340 municipios tienen presencia del Ministerio Público. ¿En qué cabeza cabe que a alguien, que no sea el crimen organizado o los promotores de invasiones de tierras y ataques a la propiedad privada, le beneficia semejante falta de seguridad? Nadie con dos dedos de frente preferiría invertir en un lugar dónde no hay seguridad ni garantías legales. Y con semejante cuadro, ahora nos quieren meter con tirabuzón una reforma al Artículo 209 que crearía un ente superior a todo el OJ actual, con poderes ilimitados, que no rinde cuentas a nadie, que controlará a todos los Magistrados, además de que aumenta el gasto público y empleará recursos que debieran ser encaminados a que por ejemplo, el MP tenga más presencia en el interior.

Ese contexto, sumado al tema ideológico que mantiene polarizada nuestra nación, no suena ni alentador ni estimulante. Y sin embargo, muchos continuaremos luchando por nuestra libertad, nuestra democracia, nuestro Orden Constitucional, y tratando de no sólo señalar lo que no está bien sino proponer estrategias que mejoren el país. Y lo seguimos haciendo por amor a Guatemala, no porque nos paguen un peso para ello. Seguimos dando la cara de frente, y no desmayaremos hasta lograr alejar de Guatemala la amenaza que hoy ataca nuestra Libertad. ¡Mientras haya voluntad, habrá esperanza!

República es ajena a la opinión expresada en este artículo