Los dos aspirantes a la presidencia de Francia, el centrista Emmanuel Macron, favorito, y la ultraderechista Marine Le Pen, cierran este viernes una dura campaña en la que para ganar el domingo será crucial el voto de muchos electores que no quieren ni al uno ni al otro.

El hecho de que ambos se presenten como candidatos “antisistema” ha sido insuficiente para encandilar a los votantes, pese a que en la primera vuelta estos dijeron “basta” a los partidos tradicionales (conservadores y socialistas). Macron fue abucheado el jueves en un acto electoral y Le Pen fue insultada al llegar este viernes a Reims (noreste), ciudad símbolo de la realeza francesa.

Centenares de estudiantes se manifestaron además este viernes en París para rechazar a ambos candidatos.

Macron sigue avanzando en sondeos

A Macron, de 39 años, exbanquero y exministro de Economía del impopular presidente socialista François Hollande, se le reprocha su política liberal y se le acusa de representar los intereses de la clase empresarial y pudiente.

Le Pen, de 48 años, pese a sus esfuerzos de romper con la imagen antisemita y xenófoba de su partido, el Frente Nacional, y a sus últimas victorias en las elecciones europeas y municipales, es rechazada ampliamente por su política antiinmigración, antieuropea y su voluntad de desconectar a Francia de la globalización.

Un sondeo publicado este viernes acrecentó la ventaja de Macron sobre Le Pen, al obtener 61,5% de las intenciones de voto, frente a 38,5%.

El número de indecisos sería del 16% y la abstención podría ser netamente superior a la de la segunda vuelta de 2012, cuando fue próxima al 20%. Una de las incógnitas es qué harán buena parte de los simpatizantes del izquierdista Jean-Luc Mélenchon (19,6% de los votos en la primera vuelta), que rechazan elegir entre “la peste” y “el cólera”.

La campaña, una de las más virulentas que se recuerdan en Francia, también se tensó después de que Le Pen insinuara en un debate televisado que Macron tenía una “cuenta offshore en las Bahamas”, y el candidato presentara una demanda contra X, “por difamación a cualquier persona que retome esta información falsa”. Le Pen aseguró que “no se siente para nada blanco de esa demanda” y negó que su partido tuviera un papel en la propagación de ese rumor en internet.