… cada individuo vela por sus necesidades básicas y hasta después podrá pensar comunitariamente…

Todas las personas tenemos un grado de individualismo, que no es egoísmo, y es velar por nuestro propio bienestar, es cuidar de nosotros mismos. En esta sociedad que nos ha “colectivizado” a través de los programas de educación y con términos que intentan racionalizar dialécticamente como “democracia económica” y “justicia social”, desvirtuando, confundiendo los términos para poder justificar cualquier política pública que tienda a atentar en contra de los derechos de propiedad, que es un derecho fundamental inherente a la persona.

He trabajado con comunidades en el interior del país. La idea de la comunidad es un hecho muy arraigado, en tanto que se piensa muchas veces en realizar proyectos y programas que beneficien a la comunidad, lo cual es enteramente correcto. De allí un sinfín de proyectos como de limpieza de los comunidades, agua y saneamiento, caminos vecinales, electrificación, educación, empleo, etc.

Recientemente también interactuaba con un estudiante de ingeniería en sistemas, quien también posee ideas colectivas. La idea que el Estado deba suplir muchas de las funciones que actualmente faltan a la sociedad, envés de buscar otros actores o instituciones de la sociedad que deban cumplir con sus responsabilidades en cuanto a sus funciones y no “delegar” todo al gobierno.

Y de esa sutil manera el Estado debe cumplir con todo: educación, salud, pensiones para ancianos y personas con capacidades diferentes, seguridad social universal, vivienda, cuidado del medio ambiente, privilegios para grupos, se llamen estos empresariales, emergentes, progresistas, educación sexual, de diversidades, etc. ¿Y la justicia con igualdad para todos? ¿Y mantener la seguridad que proteja la vida, la libertad, la propiedad y la familia? Es que… con todas las obligaciones ya no alcanza para lo básico.

Si en una comunidad se inicia un proyecto productivo, la esperanza de los frutos que puedan ayudar a la misma se va complicando a medida que cada uno de los miembros aporta de diferente manera al mismo y que los beneficios no sean proporcionales a esa labor. Cada uno de los miembros va aportando al proyecto según el esfuerzo que pueda invertir, algunos a costa de otros asuntos productivos (costo de oportunidad) y otros que no correrán ese mismo riesgo, ya sea por los compromisos que ya tienen en cuanto a los gastos o por no arriesgar su fuente de ingresos actual. La recompensa individual se vuelve entonces el componente diferencial entre sus miembros, lo que determinará en qué medida cada uno aportará y será recompensado, y a la larga, si el proyecto será sostenible a largo plazo.

En el campo individual, el profesional o trabajador que después de sacrificios de estudio y de trabajo individual recibe la recompensa de su trabajo y debe formalizarse e iniciar su compensación tributaria empieza a cambiar de forma de pensar. La molestia que los mismos no se utilizan adecuadamente por la corrupción, porque al final no siente o percibe que tenga una recompensa por su aportación en las funciones del Estado, lo complicado que resulta el sistema de pago de los mismos, multas e intereses que lo hacen intentar corromper el sistema, el criterio de sentirse que el sistema está siempre contra el contribuyente y que las equivocaciones corran en contra, incentivan a que las personas intenten en lo posible mantenerse en la informalidad, alejados del sistema y que dejemos de pensar en la colectividad y empecemos a pensar cada uno en nuestro pellejo.

“Mi ampolla duele más que tu herida” es un nuevo dicho para entender que en el principio cada individuo vela por sus necesidades básicas y hasta después podrá pensar comunitariamente. El profesional o trabajador está pensando en sus propias necesidades y en poderlas completar. Los comunitarios, en su sistema de esfuerzo y recompensa velarán individualmente por sus necesidades y las de su familia y abandonarán los proyectos si estos no son provistos, o si los que se esfuerzan menos reciben las mismas recompensas. Es decir, volvemos a velar por mi propio pellejo, como se dice en chapín.

El exceso de intención comunitaria no es una forma natural en el comportamiento del hombre, es una construcción que pretende que las personas compartan aquello que han ganado por sus propios esfuerzos, talento, etc. (en una sociedad con un Estado de Derecho que los proteja…) muchas veces en contra de poder responder a las necesidades individuales y familiares. Que cada uno velemos por nuestro pellejo y el de nuestros más cercanos, y que el Estado permita que cada uno pueda velar por el suyo.

Hablando de impuestos

Maravillosa noticia el nuevo acuerdo de amnistía fiscal. Permitir que personas individuales y jurídicas puedan arreglar sus contingencias fiscales en un tiempo limitado permitirá reducir la incertidumbre empresarial y aumentar la certeza jurídica de este último tiempo, disminuida por la persecución de múltiples empresas. Permitir que muchos empresarios vean la oportunidad de volver a actividades económicas normales y a disminuir la incertidumbre que tiene como consecuencia paralizada a la economía e inversión es una decisión acertada.

Twitter: @josekrlos

 

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