Definiéndola negativamente es ausencia de injusticias. Ese es el ideal liberal cuya verborrea escucho de tantas y tantas personas asumiendo para sí mismas la posesión de la verdad. Al menos en su corazón humilde pero lleno de coraje deben entender que la justicia al optar por la consecución de la injusticia debe buscar el bien más ecuánime para mantener el orden social y el castigo más benigno para devolver a la vida civilizada la paz y armonía.

Quedo demostrado en las acciones de esta semana la tribalidad de aquellos que buscando un protagonismo político hacen una enorme diferencia entre el ciudadano y el pueblo llano que dicho en lengua latina “Senatus Populusque Romanus” donde importa la Historia, los imperios, las conquistas, la crueldad y los excesos en una sociedad construida sobre sus miserias.

Si quisiera recoger la teoría de la justicia me extraviaría en las sendas ocultas de los guatemaltecos que dirigen la justicia de Guatemala de su crueldad y de sus manifestaciones misericordes que se unen en la misma realidad como en Los Hermanos Karamasov.

Creo que callar la pluma abrirá paso a que enmudezca la voz y que contrario al Buey mudo de Santo Tomás de Aquino en lugar de gritar enmudezca hasta la muerte. En lugar de escribir se una al Concordato Vaticano-Carrera para hacer una masa más débil y una plutocracia ensimismada en sus logros y sus temeridades.

La justicia es la Utopía de Santo Tomás Moro con su cabeza colgada del puente de Londres o de Tomás Campanella cuyo proceso inició por hacer una visita a Giambatista della Porta quien logro donde décadas librar la muerte fingiendo locura. Campanella entendía la magia que Dios concede a los profetas y a los santos, la magia que el demonio hace que los humanos busquen fines egoístas y la magis que de forma natural produce fenómenos insólitos como la providencia de una vida mejor.

Guatemala ha perdido la senda de la justicia y su demoniaca justicia pierde la humanidad de los guatemaltecos cuya esperanza se vuelve mucho más difusa y olvidada. Pero callo porque hablar significa hoy en Guatemala la paz de los cementerios y la animadversión de los que un día perdieron su fe en el cambio.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo