Muchos estarán pensando en el viejo dicho “hasta la pregunta es necia”.  Otros dirán que es por la incompetencia de los funcionarios, la extrema burocracia, la corrupción, falta de controles, etc.  Mi respuesta a todo esto: ¡todos tienen razón!

 Quiero dar un paso atrás a estas muy válidas razones y exponer la raíz del problema.  Aquí les va:

¿No puede leerlo? Yo tampoco.  Tuve que usar lupa, de esas que uno tiene en su celular.  Bueno, pues ¡ese es el problema! No poder leerlo, no porque no tengamos buena vista sino porque son demasiadas las oficinas, organizaciones e instituciones de gobierno.

Fíjese en cuántas de éstas dependen directamente del Presidente.  No las cuente, yo ya lo hice (usando mi lupa), y son ¡92!  Peter Drucker (considerado el padre de la administración moderna, autor de 31 libros, traducidos en 20 idiomas) decía que un gerente no debía tener más de 5 subordinaciones directas.  Aquí son 92…

¿Qué significa eso? Muchas cosas.  Para empezar, si mi jefe es el Presidente, pero hay otros 91 por allí queriendo hablar con él, peleando por un espacio para preguntarle algo, para pedir alguna autorización, etc., seguramente no la obtendré, o pasará mucho tiempo para que me atienda (salvo si es emergencia nacional). No es de extrañar, entonces, que haya despedido al Ministro de Economía por whatsapp. No lo justifico, para nada, pues considero que es falta de respeto, indigno e incorrecto. Solo doy una de las “mil” explicaciones posibles: no tiene tiempo ni para pedir que le hagan una carta para destituir a un funcionario.

Siempre hemos sido un país muy paternalista. La figura del Presidente es fundamental para que el país medio funcione. Digo “medio” pues, con esa estructura organizacional, es imposible que funcione.  El problema es que, si el Presidente no está o no es líder, alguien va a ocupar ese espacio, como el presidente de alguno de los otros poderes del Estado, o cualquier funcionario que hable más fuerte, sea enfático y, como decía un mi ex jefe, que nunca haya conocido un micrófono que no le gustara.

Otra consecuencia: con tanta burocracia, es prácticamente imposible controlar que todo funcione, pues no hay capacidad alguna de supervisión.  ¿Cómo hará el Presidente para supervisar que todas las dependencias a su cargo funcionen adecuadamente y estén cumpliendo con los objetivos  (si es que los hay)? Imposible.

Y no hablemos del control de la corrupción.  Si son 92 dependencias directas del Presidente, imagínese cuántas se derivan de cada una de éstas.  El robo, malos manejos, favores, prebendas, abusos, están a la orden del día.

Así que, si queremos que el país medio empiece a funcionar (nuevamente “medio” pues dependerá de la figura del mismo Presidente y de quienes dirijan cada una de las 92 dependencias), tendremos que reorganizar esta cosa, empezando por eliminar todas aquellas que no contribuyen para nada en el crecimiento y desarrollo de Guatemala.  Temo aventurarme a decir cuántas quedarían, pero seguramente menos de la mitad.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo