La utopía de la conservación, en un país con un Gobierno precario

El pasado 3 de mayo, el señor Edgar Balsells respondió sobre una columna que escribí respecto a posibles soluciones, a los problemas de incendios en la Reserva de la Biosfera Maya.

Hago énfasis en la palabra posible, porque siendo una columna de opinión, no soy tan arrogante como pretende ser el señor Balsells a criticar una idea, sin presentar argumentos.  Típico de una izquierda conservadora que cree que el Gobierno debe encargarse de todo, sin un ápice de esperanza para fomentar la innovación a problemas de Estado.

Cuando leo reacciones como las del señor Balsells, reafirmo lo que muchos en redes sociales dicen sobre la situación de Guatemala, en donde lastimosamente, todavía persiste un grupúsculo de gente que se cree dueña de la verdad y no saben debatir con propuestas.

Lo que más pena da es que califique de “peligroso” el que yo pueda recomendar mis ideas a diputados, a quienes de paso les dice “poco versados”, y que se limite a decir “que debiera privar una política territorial de protección, con un altísimo acento en el turismo sostenible y en la protección del patrimonio natural y cultural”.

Una frase romántica, para cualquiera que no entienda las precarias condiciones del Estado guatemalteco, que subsiste con un mínimo ingreso tributario de 10.4 por ciento del PIB.  Un país en donde prevalece la pobreza y niños con desnutrición crónica, una pésima calidad educativa, casi nula inversión en infraestructura, altos índices de inseguridad e impunidad en el sistema de justicia criminal y sobre todo, corrupción en varias instituciones públicas, ¿acaso no debe pensarse en un modelo alternativo para la conservación, más congruente con la realidad?.

Está bien vivir de la burocracia y creer en un país utópico.  Sin embargo, hay que ponerle un poco de realidad a la situación que enfrenta El Petén.  El fenómeno del narcotráfico y contrabando, así como los incendios provocados para agenciarse de tierra y lavar dinero, son de una magnitud tan grande, que seguir pensando en hacer lo mismo y no debatir públicamente propuestas de solución, es condenar al país a que en unos años ya no tengamos qué proteger.

@jczapata_s

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo