En medio de dos calles, hundido en el arriate y rodeado de algunas plantas corre el Río Platanitos en Villa Nueva. Luce verde o quizá turquesa, se ve maravilloso. Casi se asemeja a las aguas de Hun Nal Ye o de Semuc Champey. Solo de verlo uno se pregunta: ¿cómo un agua con ese color llegó hasta esta ciudad?  Pero la respuesta es deprimente: el agua está sucia, el hilo de agua que corre está rodeado de basura y para acabar, sus colores surgieron de un tinte vertido ilegalmente. No hay que emocionarnos, la belleza del río es artificial.

A comienzos de este mes se comenzó a hacer notorio el daño en las corrientes del río Platanitos. Algunos vecinos denunciaron y fue entonces que las autoridades correspondientes comenzaron la búsqueda de aquellas personas que estaban tiñendo el agua. Concluyeron en que, desde una casa no identificada como negocio, en donde las personas se dedicaban al manejo de los textiles, se estaban arrojando algunos tintes químicos que dañaban el agua de este río que desemboca en el lago de Amatitlán.

Pero la historia triste no termina, esta última semana también se registró contaminación en el río. Si, de nuevo. Y esta vez fue con tintes rojos. Por lo menos en ésta última ocasión no fue adrede, pero de igual manera fue la consecuencia palpable de un descuido a la hora de eliminar desechos. Algunas personas decidieron que era una buena idea arrojar su basura cerca del río. Y así fue como terminaron vertiendo cerca del agua un polvo rojizo usado para teñir pisos.

No importa si es una empresa de textiles vertiendo tintes o si es un grupo de vecinos descuidados que arrojan polvo para teñir. El punto crucial de este tipo de sucesos es que como ciudadanos estamos tan ensimismados en nuestros trabajos, economía y bienestar, que dejamos por un lado el cuidado del medio ambiente. Y si en principio esto es malo porque demuestra la poca sensibilidad que nos queda como sociedad, también es preocupante por el hecho de que nuestro país no está apostando por un desarrollo sustentable en donde las políticas ambientales se respeten o tan siquiera, se mencionen en el diario vivir.

A veces nos cuesta hacer la conexión, pero es y sería tan importante que pudiésemos comenzar como país a trabajar en políticas ambientales que permitan que nos eduquemos en temas de conservación. ¿Por qué? La respuesta es sencilla, vivimos en un medio ambiente privilegiado y si aprendiésemos a cuidar de él a nivel personal, familiar y social; obtendríamos a cambio numerosos beneficios que mejorarían nuestras inversiones, intercambios económicos y sustentabilidad.

El negocio de cuidar nuestro medio ambiente es redondo pero también bastante complejo. Con las últimas políticas ambientales que se socializaron en Guatemala, logramos 20 años tarde lo que Alemania y otros países primeros mundistas habían logrado ya. Y por supuesto, este cuidado del medio ambiente es también un tema político que incumbe en primer plano al sector económico y al Estado. Pero como todas las otras veces en Guatemala: si queremos un cambio, nos toca promoverlo a nosotros como ciudadanía. Es eso o esperar sentados hasta que nos quedemos sin un sólo recurso natural apto para usar.

Así que los invito a que seamos más consientes en nuestro trato al medio ambiente. Tal vez usted no ha tirado tintes en un río y por eso se siente bien con el tema. Pero todos arrojamos basura en los lugares equivocados, dejamos las playas asquerosas después de las vacaciones, no cuidamos las emisiones contaminantes que hacen nuestros autos ni nos preocupamos por reforestar aquellas áreas que solían ser verdes. Activarnos para mejorar en todo lo anterior, nos puede ayudar a contribuir con el cambio. Y si usted quiere cambiar el descuido que hay en Guatemala con respecto al medio ambiente, comience cambiándose usted.

 

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