“Enseñar es un ejercicio de inmortalidad.”  Rubén Alves

La reciente decisión de la Corte de Constitucionalidad en cuanto a la carrera de Magisterio en el nivel de diversificado ha  vuelto a provocar la reflexión  sobre la formación inicial docente.  

Durante la gestión de la Señora Ministra Cynthia del Águila,  en el año 2012, se tomó la decisión de trasladar la formación inicial docente para los docentes para el nivel de primaria,  del diversificado, a la educación universitaria, elevando ésta en un Profesorado universitario.

El cambio no fue consensuado; hubo protestas, y variadas propuestas alternas de modificación del currículo con  exposiciones de distintas modalidades para asegurar un perfeccionamiento de la importante formación docente, en el reconocimiento que el eje elemental y trascendental del aprendizaje es el docente.  Las autoridades de ese entonces  tomaron la decisión de la no renovación de los acuerdos de los centros educativos que impartían las carreras de magisterio para primaria, si permitiendo la legalidad la formación docente para el nivel de Pre Primaria, y que actualmente está todavía vigente.

El reemplazo de la carrera magisterial en primaria fue por el bachillerato en ciencias y letras con orientación en educación; esta orientación se centra en dos asignaturas adicionales: una pedagogía en Cuarto bachillerato,  y en Quinto bachillerato,  la asignatura de Identidad y Profesión Docente. La identificación vocacional que se proveía en la carrera magisterial, con variadas asignaturas en pedagogía y sobre todo, las practicas docentes, no se incluyeron en el  currículo.

El costo político fue alto. Las manifestaciones por variados actores fueron recias y evidentes. A pesar de ellas, la determinación oficial fue inamovible; y las universidades iniciaron el desarrollo de los pensa de los profesorados. Es innegable que entre más preparación con que se cuente el profesional será mas amplia su entrega; y se confía que la capacidad de los futuros profesionales será aumentada con la educación superior, sobre todo con una visión de las innumerables posibilidades que exige la educación para el siglo veintiuno; con variables impensables y una requerida flexibilidad y agilidad para provocar el aprendizaje del alumno.

Con la reciente decisión emitida por la Corte de Constitucionalidad vendrán nuevas inquietudes y cuestionamientos; se revisarán procedimientos y se debatirá la validez de la carrera en ambos ambientes. El Ministerio de Educación se ha declarado en respuesta a esta decisión; que emitirá un acuerdo que legalizará la carrera de Bachillerato en Ciencias y Letras con Orientación en Educación, que entonces formalizará su existencia, dando camino libre a la profesionalización docente en el nivel superior.

Es importante reconocer las bondades del nivel de Magisterio durante el Diversificado,  y el reto de trasladar estas  a la educación superior. Los periodos prolongados de práctica  proveen una experiencia invaluable para el futuro docente; sobre todo le  afianza la vocación por la vida en el aula. Sin duda alguna, es deseable la madurez individual de cada aspirante a la trascendente labor de guiar al aprendizaje; la combinación de experiencia con conocimiento permitirá un crecimiento individual del que se reflejará en el docente y en el aprendizaje de los alumnos a su cargo.

Una política pública para la formación docente, en todas sus etapas, inicial, continua y en servicio, es imperativo. La formación inicial, motivo de esta contemplación, es la más importante por la permanencia de visión de cada maestro, persona que ejerce una influencia permanente en el desarrollo de sus alumnos.  Esta formación debe estar cimentada en fundamentos pedagógicos firmes con una implementación flexible, en respuesta  al cambio permanente que es la realidad de la existencia actual.

Un cambio brusco en la política educativa no puede traer beneficios; la educación superior comparte provocaciones intelectuales más profundas. Estas  deben ir acompañadas por la experiencia vivencial, valga la redundancia, la práctica en el aula, para afianzar la vocación más allá de una ilusión esotérica.

La educación rescata a la nación; los docentes son los instrumentos de esta educación, y por ende son los héroes de la nación. Su formación debe ser ejemplar, profunda, amplia y flexible.  Un retroceso no es aceptable; un futuro sabio es deseable, combinando las bondades de los modelos comprobados, de acuerdo a la necesidad del país, con todas la variables que se viven.

La educación universitaria profundizará las competencias necesarias para la formación inicial docente, gran responsabilidad, porque en esa labor, se está dirigiendo el futuro del país. Los docentes merecen la formación más perfecta posible. La educación superior tiene la obligación de proveérsela.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo