La Organización de Naciones Unidas habrá nacido como algo positivo para el mundo (así supongo que fue). En mi opinión, hoy es un reducto socialista que discute, día con día, todo tipo de iniciativas que buscan desmejorar y hasta destruir el derecho fundamental a la propiedad. También se han vuelto expertos en declarar días para conmemorar algo que consideran importante.
Hay días internacionales de todo lo que se les ocurra: mujer, niña, discriminación, racismo, ambiente, tierra, pueblos indígenas, árboles, ciencia, pobreza, tolerancia, ciudades, pobreza, mujeres rurales, correo, docentes, violencia, paz y hasta del retrete (es en serio, se conmemora el 19 de noviembre). El objetivo de tantas conmemoraciones es para hacer un alto en ese día y pensar en el tema en cuestión. De pronto meditar al respecto, realizar alguna actividad, etcétera.
Todo esto también se considera loable. Pero, si hay día internacional de la mujer, ¿por qué no hay día internacional del hombre? ¿Y del niño, pueblos no indígenas? La respuesta pareciera obvia: ellos no sufren. ¿Asumimos entonces que no conmemorarlos a ellos es discriminatorio? ¿Qué pasaría si celebramos el día internacional de la riqueza? Solo se conmemora la pobreza.
Ese día todos hablamos del tema, a nivel mundial. Pero nunca se habla de la riqueza porque  sería un sacrilegio. La riqueza combate a la pobreza. Podríamos pensar en positivo y hablar de las miles de formas de crear riqueza. Ya no habría necesidad de conmemorar la pobreza.
Recientemente vi una entrevista que le hicieron al connotado actor Morgan Freeman. Le preguntan sobre el racismo (él siendo de raza negra). Y su respuesta fue que la mejor forma de eliminar el racismo es dejar de hablar de ello. Me sorprendió la respuesta y también me encantó. Ah, pero aquí una creadora y vividora de la conflictividad dice que una marca que lleva el nombre María es racista pues ella dispuso que es la forma peyorativa con la que los no indígenas nos referimos a las indígenas. ¡Semejante locura! Por cierto, esta vividora es la misma que quiere proteger los textiles con derechos de propiedad intelectual.
Pretende que las empresas que los comercialicen den resarcimiento a las comunidades de tejedoras por explotarlas. El nombre del juego es dinero, siempre. Y hablando de dinero, ¿no sería mejor que, en vez de seguir declarando días
de todo, empezamos a hablar de obligaciones? Es refácil hablar de derechos, y tantos días internacionales buscan reivindicarlos. ¿Y las obligaciones? No existen derechos sin obligaciones. Son dos cosas inseparables.
No pretendo aquí desconocer estos y muchos otros temas y problemas que hay en Guatemala y en el mundo. Ni pretendo tampoco demeritar la intención loable que puede haber atrás de todo esto. Solo pretendo resaltar otra forma de ver las cosas. De pronto más positiva y proactivamente.
República es ajena a la opinión expresada en este artículo