Finalmente, la muerte venció al exdictador panameño Manuel Antonio Noriega. Su fallecimiento se dio poco antes de la media noche del lunes 29 de mayo en el Hospital Santo Tomás, donde había ingresado desde el 7 de marzo para ser sometido a un procedimiento quirúrgico, cuyo propósito era extirparle un tumor del cerebro. Tenía 83 años.

Noriega permanecía en coma desde hace casi tres meses y finalmente se decidió desconectarlo de los aparatos que lo mantenían aferrado a la vida, informa el diario Panamá América.

El deceso del una vez llamado “hombre fuerte” de Panamá se vio acelerado por una hemorragia cerebral que le sobrevino tras una intervención en marzo  – horas después de una primera intervención ese mismo día, lo cual obligó a que se le ingresara por segunda vez en el quirófano, en donde, tras varias horas de incertidumbre, salió con un coma inducido y con la vida pendiendo de un hilo. Más nunca despertó.

“Problema de presión alta pudo provocar el sangrado, había adelantado su abogado Ezra Ángel, tras haber transcendido la información sobre el ahora fatídico percance que más de dos meses después le arrancó la vida al exgeneral.

El general estuvo preso en Estados Unidos y en Francia.

Noriega, quien comandó la Guardia Nacional y, posteriormente, las Fuerzas de Defensa de Panamá entre 1983 y 1989, cuando fue derrocado por una invasión del ejército estadounidense, cumplía una condena de 20 años en Panamá por asesinato, robo y narcotráfico.

En enero de este año, un juzgado le concedió un depósito domiciliario por tres meses para cumplir el proceso pre y posoperatorio. Recién la semana pasada, dicha medida cautelar fue extendida por 90 días, como para esperara el inevitable final fuera los barrotes y en una cama cómoda.

Manuel Antonio Noriega Moreno nació el 11 de febrero de 1934, se graduó de la Escuela Militar de Chorrillos, en Perú, y dentro de la Guardia Nacional fue jefe de la zona militar de Chiriquí, director del G-2 (servicio de inteligencia) y también se le conoció como ficha de la CIA estadounidense.

En Panamá fue un fiel colaborador del también dictador Omar Torrijos Herrera, a quien salvó de un contragolpe militar el 12 de diciembre de 1969 (conocido como el Día de la Lealtad) y alcanzó la posición de general de las Fuerzas de Defensa de Panamá, luego del fallecimiento de Torrijos y el retiro del también general Rubén Darío Paredes.

Noriega fue condenado como responsable de la decapitación del médico chitreano Hugo Spadafora y por su asocio con los carteles de la droga colombianos.

En Estados Unidos se le condenó, en 1992, a 40 años de prisión por narcotráfico. Solo cumplió 17 años, por buena conducta. Posteriormente, fue extraditado a Francia, en donde permaneció por más de un año condenado por blanqueo de capitales. En 2011 regresó a Panamá, favorecido con libertad por un juez galo, y permaneció encarcelado en el centro penitenciario El Renacer hasta casi la medianoche del sábado 28 de enero, cuando se permitió su salida hacia la residencia de su hija Sandra Noriega, en el lujoso barrio de Coco del Mar.

Su caída

El derrocamiento de Manuel Antonio Noriega (MAN) del poder en Panamá comenzó a consumarse en 1985, cuando apareció decapitado el cuerpo del médico y enemigo público del general, Hugo Spadafora Franco.

Tras el asesinato, se iniciaron protestas en todo el país y los ojos de la comunidad internacional comenzaron a postrarse sobre Panamá debido a que ya había indicios de la vinculación del general con el narcotráfico.

Su presencia al frente del ejército atizó el encono de la población que lo enfrentó mediante la llamada Cruzada Civilista que contrarrestaba la represión con manifestaciones diarias empleando como armas pailas, pitos y pañuelos.

Noriega respondió a la “gran rebelión blanca” también empleando tres P: plata para los amigos, palo para los indecisos y plomo para los enemigos.

La Asamblea de Legisladores de entonces nombró a Manuel Noriega, en septiembre de ese año, como jefe de Gobierno con poderes extraordinarios.

El jueves 3 de octubre de 1989, Noriega liquidó a varios compañeros de armas, incluyendo a su compadre Moisés Giroldi, quien había fraguado un movimiento golpista, supuestamente, con el apoyo del Ejército y el Gobierno de Estados Unidos.

El 16 de diciembre de 1989, miembros del ejército a cargo de Noriega emboscaron en las cercanías del cuartel central de Avenida A, al soldado estadounidense Robert Paz, quien falleció en la escaramuza.

Cuatro días después, Estados Unidos invadió a Panamá, asesinó a cientos de militares y civiles panameños, mientras Noriega se refugió en la nunciatura, sede del Vaticano, hasta que se entregó dos noches antes de la Nochebuena.

Manuel Antonio Nroriega se involucró en el narcotráfico.

No fue sino hasta el 24 de junio de 2015 cuando el pueblo panameño volvió a escuchar la voz de Noriega y a verlo con claridad. En una entrevista en la televisión con el periodista Álvaro Alvarado se limitó a decir que en los últimos días había estado conversando con él mismo, con su familia, y que estuvo reflexionando con la Iglesia, pero no soltó prenda.

“Y yo cierro el ciclo de la era militar como el último militar de ese grupo pidiendo perdón”, expresó, pero ese día dejó a todos esperando a que dijera dónde está la cabeza de Hugo Spadafora, qué pasó exactamente durante la masacre de Albrook, hasta dónde llegaron sus vínculos con el cartel de Medellín y cuánto dinero robó al Estado panameño.

Su muerte se hizo pública el 29 de mayo de 2017, cerca de la 11:30 p.m y con él se fueron sus todos sus secretos.

El lunes 29 de mayo, al final del día, se dio a conocer el fallecimiento del “Hombre fuerte de Panamá”.