En una muestra de la poca importancia que le otorga a la diplomacia y reafirmando su discurso proteccionista, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó públicamente a países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de incumplir sus obligaciones financieras.

Los señalamientos, realizados durante la última cumbre de esta alianza militar en Bruselas, causaron asombro e incredulidad entre los representantes de los países miembros, cuyos rostros de “niños regañados” fueron captados por las cadenas internacionales de televisión y siguen dando la vuelta al mundo por las redes sociales.

“23 de 28 países de la OTAN aún no han pagado lo que deberían haber pagado por su defensa. Esto no es justo para los ciudadanos y contribuyentes de Estados Unidos. Muchas de estas naciones deben grandes montos de dinero desde hace años y no han pagado. Durante los últimos años, Estados Unidos ha gastado más en defensa que todos los países de la OTAN juntos”, aseguró Trump. https://www.youtube.com/watch?v=JFQu4-gMOSo&feature=youtu.be

Será difícil volver a ver a líderes mundiales de la talla de Angela Merkel, Emmanuel Macron y Mariano Rajoy, entre otros, con rostros perplejos y desencajados, con la mano en la barbilla, pestañeando, mirándose entre ellos con risas nerviosas o alzando la vista hacia el cielo como diciendo “trágame tierra”.

El estilo comunicacional de Trump podrá disgustar a millones de personas por ser deslenguado y políticamente incorrecto. Sin embargo, en sus primeros 4 meses de mandato, ha sido coherente con las promesas que realizó a los votantes durante la pasada campaña presidencial.

Con el slogan “Make America Great Again” orientando su gestión, el Presidente de Estados Unidos ha sostenido pública y reiteradamente que durante su gobierno tomará las medidas que sean necesarias para proteger la economía y la seguridad de los ciudadanos estadounidenses, por impopulares e incomprendidas que éstas sean.

Es cierto: Trump aún no inicia la construcción del muro que prometió en la frontera con México y fracasó en su primer intento de suprimir la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, más conocida como “Obamacare”.

Pero el mandatario ya ha logrado convertir en hechos parte de su retórica. Dos ejemplos: el veto temporal a la entrada de inmigrantes de algunos países musulmanes a Estados Unidos y la cancelación por parte de una multinacional estadounidense fabricante de vehículos del proyecto de construcción de una planta en México. En vez de ello, la firma decidió modernizar una fábrica ya existente en Michigan.

Como se dice en Chile, Trump “no da puntada sin hilo” y por ello no extrañaría que la semana pasada efectivamente haya dicho que “los alemanes son malos, muy malos… miren los millones de coches que venden en Estados Unidos. Vamos a detenerlos”, tal como aseguran medios como Der Spiegel y Süddeutsche Zeitung.

Fue el propio Trump el que se encargó de despejar dudas acerca de qué opina sobre esta potencia europea. A través de su cuenta de Twitter, expresó que Estados Unidos tiene un “MASIVO” déficit comercial con Alemania, además de que este país paga menos de lo que debería pagar en la OTAN, lo que es “muy malo para Estados Unidos. Esto va a cambiar”.

Trump ha sabido diferenciarse de su predecesor, Barak Obama, manteniendo una estricta coherencia entre discurso político y gestión, especialmente en temas sensibles para los estadounidenses como la inmigración.

Mientras que, tal como se preveía, con Trump han aumentado las redadas, durante su período Obama expulsó a la mayor cantidad de inmigrantes ilegales en 30 años. Esta masiva deportación nunca estuvo en línea con su seductor discurso pro derechos humanos de los inmigrantes que tanta admiración despertaba entre los latinos residentes en este país.

La consistencia comunicacional del gobernante, no obstante, ha puesto en riesgo la relación entre Estados Unidos y países históricamente afines, como Alemania. De hecho, durante los últimos días, Merkel ya ha manifestado públicamente su molestia con Trump asegurando que “Europa ya no puede confiar en sus aliados”.

Cualquier organización con incidencia global, como es el caso del Gobierno de Estados Unidos, no puede limitar su comunicación única y exclusivamente en congraciarse con sus ciudadanos. Hay otros públicos fundamentales -autoridades y actores políticos claves a lo interno, naciones aliadas y comunidad internacional-, a los que Trump ha descuidado o sencillamente ignorado.

Donald Trump hace lo que dice. Lo que no significa que lo esté haciendo bien, como lo evidencian las primeras voces en su país solicitando abrir un proceso de destitución (Impeachment) en la Cámara de Representantes y el Senado en su contra, por presunta obstrucción a la justicia en las investigaciones sobre los vínculos de su campaña con Rusia durante la última contienda electoral.

La “franqueza” sin filtro de Trump hay que tomársela en serio. Tras fuertes críticas públicas, a nivel comercial ya retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). En el ámbito ambiental, según medios internacionales anunciará en los próximos días el retiro de su país del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Por ende, es imposible descartar que, en el futuro, decida en lo militar tomar idéntico rumbo y re-evalúe la permanencia de Estados Unidos en la OTAN.

Trump hace lo que dice y, hasta el momento, hace lo que quiere, logrando “salirse con la suya” la mayoría de las veces. Resta ver cuáles serán las consecuencias de esta atípica forma de gobernar -y comunicar- para su país y el mundo.

 

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