Tengo la impresión de que se valora muy poco el aporte de este sector a la economía de nuestro país. He visto como se menosprecia el valor real de la agricultura en la generación de los recursos económicos que son transferidos a otros sectores como el transporte, los servicios, la construcción, sistema financiero, etc.

Quisiera recordar que Guatemala, no es un país que depende de su tecnología, minería, producción petrolera, servicios, turismo con infraestructura adecuada, sus museos o destinos religiosos. Hasta el día de hoy sigue dependiendo principalmente de su agricultura, tanto de subsistencia como de exportación, y por otro lado de las remesas que generan todos aquellos que emigraron fundamentalmente del área rural. Por falta de oportunidades de empleo, que ha generado el escaso desarrollo en el campo. A pesar de que contamos con ventajas comparativas y competitivas, que no aprovechamos.

Hay un menosprecio generalizado hacia la gente que se dedica a la agricultura. Motivado por un desconocimiento total, de lo ardua que es esta tarea. Todos aquellos que se han alejado de esta dura actividad, han olvidado lo exigente que esta puede ser desde el punto de vista físico. El hecho de que muchos, si no todos los que hacen el trabajo en el campo, son virtualmente “super” atletas. Y por esta causa, se asume que no es agotadora en extremo. Me encantaría ver cuánto aguantan los burócratas de escritorio, si se pusieran a hacer tan solo medio día, de tal actividad. Caminan distancias largas para llegar a su trabajo, el cuál realizan bajo un extenuante sol. A diferencia de las personas que lo hacen a la sombra de una galera en una fábrica, no digamos quienes lo realizan sentados en un escritorio con aire acondicionado. Estas personas dedicadas a la agricultura corren un peligro constante al manejar animales, que fácilmente sobrepasan por diez a veinte veces su peso corporal, con riesgo de salir lastimados o muertos con mucha facilidad.

Mucha de la gente que se dedica a la Agricultura, son emprendedores natos. Que usan sus recursos, tanto físicos como financieros, para construir un patrimonio a base de esfuerzo sin saber, muchas veces, que corren un riesgo mucho más alto que cualquier otra actividad. La Agricultura depende de muchas variables, totalmente fuera del control de quienes se dedican a esta noble actividad. Sin tomar en cuenta los efectos del cambio climatico, que a los que mas afecta es aquelos que producen en el campo.

Esfuerzos que debieran verse recompensados al final de la cosecha. Situación que no siempre sucede, pues es tan ardua la tarea, que cuando se llega a cosecha son presa de los intermediarios. Quienes se aprovechan de la necesidad de los agricultores de recuperar su inversión. De tal suerte que si no venden corren el riesgo de perderlo todo. Este riesgo lo corren los productores durante todo el tiempo desde siembra hasta cosecha. Y estos astutos mercantilistas simplemente compran a un precio por la mañana y venden a otro mayor por la tarde, obteniendo ganancia en un solo día. Se han vuelto hábiles compradores, sin importarles a quien afectan. Sin pensar que de esta manera, están matando la gallina de los huevos de oro.

La mayor de las veces, los “coyotes”, ganan en un día el doble de lo que pagan al productor que corrió todas las vicisitudes. Muchas otras, pagando precios que saben, ni siquiera cubren los costos en que estos incurren.
El problema para los productores agrícolas, es que conocen su entorno, pero la mayoría de ellos, no llegan a entender las redes de mercados a donde llegan sus productos. No tienen idea de cómo se establece la red, No saben cómo el cliente final requiere o le gusta el producto que sale del campo.

El intermediario es un buen comprador y de esta manera agrega su ganancia lo más que puede. Para el agricultor, no hay más límite que la necesidad de vender sus productos antes de que estos se sobre maduren y se dañen y la del usuario final de comprar lo que requiere en su hogar.

Finalmente, lo mismo sucede a nivel macro en relación a la agricultura. Los sectores básicos, es decir los agricultores que producen alimentos, son los menos apreciados. Los industrializadores y los agentes de servicios, son quienes a última instancia tienen las mejores tajadas del negocio. Están organizados en cámaras y en contacto con los burócratas que toman las decisiones oficiales.
Se dice que la agricultura es un porcentaje pequeño del Producto Interno Bruto (PIB), alrededor de un 13%. Pero se deja por fuera el impacto que tiene este sector en otros directamente relacionados, como los son el transporte, los productos agroindustriales, procesadores de alimentos, la industria del calzado, todo el ahorro que proviene de los bienes agrícolas, base de agentes y transacciones financieras. Recursos que dan vueltas una y mil veces en la creación de riqueza. Sin mencionar que la generación de divisas esta producida por rubros agrícolas en un 44% de manera directo y hasta posiblemente más de 60% sí añadimos otras exportaciones, que se clasifican en “varios” (Banguat), como pueden ser tomate, cebolla, arveja, ejote, aguacate, melón, etc. Tampoco se puede obviar que más del 80% de los productos agrícolas que llega a través de los mercados no facturan por lo que no se consideran parte del PIB

Sin olvidar tampoco, que las divisas generadas por las “remesas” también son el resultado de un bien humano exportable, que en su mayoría proviene de las áreas rurales, quienes emigran por la falta de trabajo en sus comunidades agropecuarias.

No se olvide tampoco que gran parte de los recursos que se generan en el sector agroindustrial son los que han financiado el auge en el sector de construcción, como los son centros comerciales y habitacionales de vanguardia e iconos en la región.

Llega a tal grado la incomprensión del sector básico de generación de riqueza en este país, que he oído jóvenes preguntar porqué deben estudiar ciencias agropecuarias en la enseñanza primaria. Lo cual a mi juicio es inaudito, aún cuando no se dediquen a él en su futuro y la especialización del trabajo dentro de la sociedad, los aparte.

La pregunta final es entonces: ¿Sí no somos capaces de crear cadenas de valor, que mantengan la supervivencia del sector agropecuario, podrán sobrevivir los otros sectores si este desaparece, o es relegado a la mínima expresión?

Mayo 2017​www.republicagt.com ​
​www.reflexionespoliticasyotras.blogspot.com​Oscar D. Bonilla A.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo