¿Te podrías volver millonario en 5 años? ¿Creés que podrías hacerlo? Esta es la historia del millonario Daniel Ally quien es especialista en temas de negocios y desarrollo personal.

“Yo lo logré en un tiempo menor, pero no fue sencillo. Tuve que hacer miles de sacrificios y superar decenas de obstáculos, pero estaba determinado a lograrlo. Enfrentar la adversidad fue mi mejor maestra y me ayudó a generar el tipo de resiliencia que me permitió “caminar a través del fuego”.

Si logré ser millonario en menos de un lustro, es porque aprendí las siguientes lecciones que Ally encontró en el camino. Unas lecciones son fuertes.

Manejar a las personas
Debes estar preparado para el momento en el que amigos que creías eran para siempre te den la espalda. Algo que, tristemente, sucede con cierta normalidad en la vida del emprendedor. “Tuve que volverme a prueba de balas”, recuerda.

Perdonar a las personas
Simplemente no tengo el tiempo para cargar con resentimientos. Una vez me atreví a decirle a un primo cómo me sentía sobre el estado de nuestra relación. Extrañamente, murió la siguiente semana. Si no hubiera hecho las paces con él, me habría arrepentido por siempre.

Administrar mis finanzas
En mi primer año de emprendedor apenas si podía comer. Tuve que pagar cargos por sobregirar mis tarjetas de crédito, vender mi automóvil y en general, lo pasé muy mal. Sin embargo, no dejé que esas experiencias se convirtieran en la norma para mí. Decidí aprender todo lo posible del manejo del dinero en cursos de finanzas personales y administración de negocios. En un año mis ingresos se habían incrementado 10 veces.

Hacer sacrificios
Esas experiencias fueron difíciles. La noche anterior a recibir mi primer pago por US$10,000 por hablar ante una audiencia, tuve que dormir en mi coche, congelándome. Gracias a esas vivencias sé darle al dinero su justo valor.

Enfrentar humillaciones
Una vez estaba formado en el supermercado con US$100 en productos, pero cuando pasaron mi tarjeta, me la rechazaron. Atrás de mí había una fila de 10 personas molestas. Esa noche llegué triste y humillado a mi casa a comer una lata de atún, así, sin nada.

Pedir ayuda
Pedir ayuda jamás fue mi fuerte, pero tenía que hacerlo a pesar de que me sentía todo poderoso. En meses ya tenía un abogado, editor, entrenador personal, chef y demás personal. Al principio tener este apoyo me salió en un ojo de la cara, pero fue gracias a él que superé la barrera del millón de dólares. Muchas personas no piden ayuda porque su ego se los impide.

Superar mis miedos
Reprobé mi clase de inglés tres veces en la preparatoria. Un profesor en la universidad me dijo que ni siquiera me molestara en escribir porque yo simplemente no era bueno. No obstante, seguí escribiendo artículos y notas para fortalecer mi autoconfianza. Hoy mis palabras llegan a millones de personas.

Cambiar mi actitud
Crear excusas era uno de mis peores hábitos. Solía culpar a mi educación, a mis padres y hasta al medioambiente por todo lo que no había logrado, en lugar de tomar el control de mi vida. Eventualmente tuve que aprender a dejar atrás estas limitaciones. Muchas veces debí sentarme frente al espejo y “regañarme” por tener esa mala actitud. Esto me ayudaba a cambiar mi manera de pensar y mejorar mi perspectiva.

Confiar en otros
En mi proceso de forjar riqueza, existieron tiempos increíblemente difíciles en los que me ponía emocionalmente mal y debía acercarme a mis amigos. Esos momentos de vulnerabilidad me ayudaron a manejar mi ansiedad y a liberar las presiones. Al compartir mi vida con otros fui capaz de maximizar mis esfuerzos y hacer los grandes cambios necesarios en mi vida.

Correr riesgos
Antes de llenar de ceros mi cuenta de banco tuve que atreverme a hacer muchas cosas. Tener ese valor requiere de fe en ti mismo y en los demás. La auténtica fe consiste en saber que las cosas se van a dar eventualmente mientras lo creas con todo tu ser. Hay veces en las que deberás dar un salto sin saber en dónde vas a caer. ¿Da miedo? ¡Por supuesto! Pero una vez que estés del otro lado verás que todo valió la pena.

Presentarse (a tiempo)
Antes solía llegar a mis compromisos “elegantemente tarde”. Sin embargo, descubrí que debía corregir ese mal hábito cuando perdí un vuelo internacional (cuyo boleto me costó mucho dinero que en ese momento no tenía).  Desde entonces jamás llego tarde a mis compromisos, porque recuerdo lo mucho que me dolió perder ese vuelo.

Volverme profesional
Hoy en día sé que es mejor dejarles estas labores a profesionales. De esta manera, puedo concentrarme en lo que realmente hago bien, lo que me permite alcanzar mi potencial.  Me rodeo de los mejores en mi negocio. Sí, cuesta un poco más, pero he aprendido que de verdad “lo barato, sale caro”. Eso es lo que te hace profesional.

Estudiar sin descanso
Cada año, sin excusas, leo al menos 100 libros. Todos los días dedico tiempo para convertirme en un experto en mi rama. Y por supuesto, trato de aprender lo más posible de todas las personas con las que hago contacto.

Atrapar las oportunidades
Antes manejaba por horas para dar una charla gratis. Aunque no recibía un pago monetario, esta experiencia fue realmente valiosa pues me enseñó de negocios y me dio la oportunidad de conectarme con expertos de todo el mundo. Las mejores oportunidades de mi vida nacieron de momentos en el que el dinero era un factor mínimo.

Y dejar pasar oportunidades
Cuando mi empresa creció, debí sentarme con la cabeza fría a estudiar qué oportunidades de negocio eran verdaderamente valiosas. Es decir, no puedo darme el lujo de aceptar trabajos de US$10,000 cuando hay ofertas de un millón. ¿Suena avaricioso? La verdad es que trato de pasar esas oportunidades a colegas que van empezando.

Dar sin descanso
Mi vida se transformó cuando entendí el valor de dar mi tiempo, dinero, energía y creatividad a otros. Cuando das sin restricciones, recibes mucho más de regreso. Descubrí que las personas ricas son aquellas que dan más. El secreto de la vida es dar.

Fijar metas “jugosas”
Debes ponerte objetivos que te asusten poquito y tienes que ser ultra específico cuando los pongas por escrito. En mi primer año de negocios entregué sangre, sudor y lágrimas para cumplir mis sueños. Pasá muchas noches sin dormir para cumplir con mi trabajo. Hoy he logrado más de lo que pude imaginar.

Seguir mi propósito
Está bien tener un sueño, pero el verdadero éxito y plenitud llegan cuando ese propósito se vuelve más importante que tú, cuando das el mejor esfuerzo para que tu obra cambie al mundo. Si tus metas son más grandes que la riqueza personal, lograrás lo que te propongas.

Déjame simplificar cómo puedes convertirte en millonario en menos de cinco años: sé tú mismo. Solo toma las oportunidades que te permitan crecer y recuerda que si tienes un verdadero compromiso, serás rico antes de darte cuenta.

Con información de Entrepreneur.