Todos percibimos nuestro entorno desde una posición que nos es muy propia. Esta depende de los esfuerzos y decisiones tomadas, propias también; de las decisiones tomadas por las generaciones que nos antecedieron; de las oportunidades y herencias transmitidas. Culturales y economicas. Percepción que también es condicionada, influida, condimentada por el sexo, raza, religión del observador, por su historia y cómo se la contaron.

No es sencillo ponerse en la posición del otro para poder sentir y comprender lo que ese otro está viviendo. Y para comprendernos se debe partir de que todos los guatemaltecos tenemos mucho en común. Compartimos algunos ingredientes de vida que nos homogenizan, por lo menos en algunos peldaños de vida. Nos sabemos y entonamos el mismo Himno. Si además residimos en Guatemala, compartimos temblores y clima. Los migrantes no los sienten pero están pendientes. Si además dentro de Guatemala vivimos en la Capital y su región metropolitana, compartimos también el tráfico, aunque desde diferentes asientos. Compartimos una larga lista de gustos, sonoros y gastronómicos, y muchas aficiones y temores.

No es fácil pero es necesario hacer el esfuerzo por comprendernos como país, algo especialmente indispensable para aquellos que están en posiciones privilegiadas que les permite influir. Saltan en primera línea quienes ejercen funciones públicas y la política. También los que tienen púlpito y los que tienen audiencia o lectores. Los colocados en el liderazgo empresarial tanto como los del liderazgo obrero, organizado o no; liderazgo campesino, organizado o no. Liderazgo ambiental y cooperativo.

En el país en que hace tan solo una generación le entró a dirimir por la vía del enfrentamiento armado las diferencias sobre la ruta hacia una sociedad mejor, le resulta lamentablemente natural, todavía, la ubicación en posiciones extremas a todo el mundo, tanto a los que sobrevivieron el conflicto como a los que no lo vivieron pero heredaron sus historias y vivencias, acentuadas si se perdieron las vidas de seres queridos o se experimentaron y padecieron eventos que profundizaron y prolongaron heridas.

Es fundamental darse cuenta de que a estas alturas del partido, promover la destrucción del otro es, en última instancia, un acto suicida. Un guatemalicidio.

En el abandonar las posiciones extremas se inicia el proceso del encuentro que permite construir. Aprendiendo y conociendo. Buscando. Tendiendo puentes. Aquel a quien desde un punto de vista se le percibía comunista, resulta que en realidad su actuación es movida por la justicia social. Es de izquierda, sí, pero no extrema. Y aquel a quien desde el otro se le percibía fascista, resulta que su actuación, en realidad, es movida por la libre empresa. Es de derecha, sí, pero no extrema. Y la justicia social y la libre empresa saben convivir. Se requiere voluntad y educación.

En ese ambiente hostil es refrescante encontrar por las redes sociales a Nómada, un periódico digital de izquierda, promoviendo un proyecto compartido con CBC, una empresa guatemalteca entre las más grandes productoras de bebidas del continente. Copatrocinan un video que muestra las bondades de una industria que recicla fibras textiles. Ambientalmente responsables todos.

Bien por los dos. Bien por Guatemala.
 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo