Transitar por las carreteras de Guatemala es un atentado.  No sólo por lo descuidadas y abandonadas que están lo cual ha provocado un deterioro enorme sino porque tampoco están señalizadas adecuadamente.  Hace poco venía de Retalhuleu con mi familia, por la noche, y no hay líneas marcadas ni en la orilla ni en medio para poder guiarse adecuadamente en las partes más oscuras.  No digamos los agujeros que casi se han vuelto lo normal en todas estas carreteras.

Tienen razón los transportistas y quienes usan las carreteras en quejarse.  Tiene razón la cámara de la construcción en criticar el estado calamitoso de la infraestructura del país.  Pero las soluciones que se piden es que el gobierno siga con esa función, tarea por la cual ha fracasado mil y una veces.  ¿Por qué no probar algo diferente?

Al estado desastroso de las carreteras podemos sumarle el espantoso congestionamiento.  Ya sea porque no hay vías alternas o porque no alcanzan las carreteras actuales y porque por el mal estado, la velocidad de circulación es demasiado baja.  Encima de todo, en los tramos donde puedes ir a mayor velocidad, algunas municipalidades han tenido la brillante idea de poner una velocidad máxima ridículamente baja.  Creo que esto último lo han hecho con el propósito de forrarse de ingresos por multas que más bien son una extorsión.

El asunto es que para que el país pueda funcionar bien necesita excelente infraestructura en carreteras, puentes, aeropuertos, puertos, etc…  Esto es algo que ha estado en manos estatales y el resultado está al avista.  Cuando preguntaba por qué no probamos otra cosa estaba pensando en dejar que las personas libres y voluntariamente, con su dinero, puedan construir y administras carreteras.  Ya tenemos un ejemplo exitoso que está dando buenos resultados como lo es la VAS.  Cuando terminen todos los trayectos, esta carretera permitirá descongestionar otras y ahorrará tiempo y recursos a sus usuarios.  Otra modalidad ha sido el de la concesión como la autopista de Palín a Escuintla.  En ambos casos, el usuario paga un peaje por el uso de la carretera.  Y que bien se transita por estas carreteras que no tienen agujeros, tienen el asfalto o concreto en buen estado, son anchas, están muy bien señalizadas y dan seguridad.

Quiero compartir con Uds. lo que escribí hace algún tiempo en Siglo21 sobre el tema en un artículo publicado el 21 de febrero de 2007 titulado “Carreteras sin congestionamiento”.

“Las ventajas de carreteras privadas son muchas.  No se necesitaría que el gobierno utilice los impuestos para construirlas.  Una carretera privada sería mucho más eficiente que una pública dado que sus dueños están interesados en hacerla rentable y para ello deben velar porque el tráfico sea lo más fluido posible a modo de lograr más vehículos sin congestionamiento.  Las tarifas deberían ser libres, siendo mayores en horas pico y menores cuando la demanda fuera menor.  No habría necesidad de imponer horarios al transporte pesado.  Quien tenga la urgencia de usar una carretera a la hora de más tráfico pagaría más.   

         Para que una carretera privada funcione bien debe permitirse a sus dueños tener la libertad de fijar sus tarifas.  Si las tarifas son muy altas la cantidad demandada será menor.  Les conviene a los dueños usar tarifas de mercado que permitan que la oferta y demanda se igualen y a la vez permitan que el proyecto se pague y sea rentable.

         Con la tecnología moderna se puede controlar electrónicamente el uso y cobro de las carreteras.  No haría falta tener grandes espacios y colas en garitas de peajes.  También podrían dedicarse carriles especiales para aquellos que tengan más prisa y deseen llegar antes pagando más. ” 

El gobierno no debe hacer todo.  Lo que hace lo hace ineficientemente.  Si facilitara el que las personas pudieran dedicarse a las carreteras e infraestructura como un negocio podría hasta eliminar el Ministerio de Comunicaciones y dedicar todos sus recursos a Seguridad y Justicia.  Si no, al menos podría desentenderse, pero sin que la infraestructura del país quede tan abandonada como lo está hoy, causando retrasos enormes y aumentando el costo de trasladarse de un lado a otro además de la cantidad de accidentes y víctimas mortales que ese abandono provoca.  ¿Por qué no hacer la prueba?  ¿Por qué no facilitar que esto se puede hacer?  Ciertamente hay que modificar algunas leyes que impiden algunas de estas cuestiones, pero sería genial que se trabajara en ese sentido.

Mientras esto llega, urge que al menos le den el mínimo mantenimiento a lo que ya existe pues se está deteriorando a tal grado que luego no bastará un simple mantenimiento sino que se tendrá que reconstruir todo nuevamente.

 

República es ajena a la opinión expresada en  este artículo