Pensar en el estereotipo de papá es imaginar a un señor con cara de medio malhumorado, serio y de poca risa, cansado por el trabajo y amante del fútbol. O peor aún es pensar en una figura ausente o una que, aunque existente técnicamente invisible. (Quizás es por eso que la celebración del día del padre no puede comparase ni por asomo a la del día de la madre.) ¡PERO! Qué suerte que ese es solo el molde, que suerte sobre todo saber que cada papá lo rompe y lo rehace a su manera.

Es cierto que por muchas razones hay padres que están lejos de sus hogares, otros que no tienen idea siquiera que tienen la enorme responsabilidad de don de la paternidad. Pero de alguna manera u otra, en una persona u otra, la figura de padre está presente y recurrente dentro de las cosas. Hoy quiero darle las gracias a los padres que han asumido el reto con el corazón lleno de amor y el alma muerta de miedo.

Gracias a esos papás que nos enseñaron con el ejemplo a trabajar desde muy temprano todos los días y sobre todo a hacerlo de la mejor manera posible. Gracias a los papás que nos dejaron la herencia eterna de la educación y que estuvieron siempre pendientes de las tareas, las notas y hasta de los regaños que venían desde la dirección. Gracias a los papás que hicieron que sus hijos varones no tuvieran vergüenza de llorar, acabando así un poco con la idea machista de que los hombres no lloran. Gracias a los papás que llevaron un día a su hija al estadio. Gracias, de verdad gracias a los papás que no encasillaron los sueños a razón del sexo de sus hijos. Gracias a los papás que no solo decidieron ser el sitio seguro de sus hijos, sino que también les enseñaron a defenderse con inteligencia y nobleza frente al mundo.

Y, sobre todo, gracias a mi papá porque me enseñó que en la vida se defienden los sueños. Por ser mi primer héroe y tener siempre una respuesta para todo. Gracias por cuidarme y enseñarme a hacerlo por mí misma. Gracias, porque me hizo independiente y feliz. Gracias a mi papá por enseñarme todo lo que sé, por llevarme tantas veces a ver fútbol y por todos esos intentos, algo catastróficos, de explicarme matemáticas. Gracias por esas veces en las que me vio llorar y en su impulso de hacerme sentir mejor me daba algo de comer. Gracias por siempre tomar todo con calma y serenidad. Gracias por seguir haciendo todo eso y más por mí hasta de hoy.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo