La creencia popular, sesgada y poco certera en cuanto a conocimiento de la teoría política, suele tener en su ideario la creencia infundada de que nuestros gobiernos corruptos son fruto de las fallidas economías capitalistas. Es fácil encontrarse usualmente en librerías y bibliotecas con diversos títulos en los que los keynesianos y marxistas defienden que la aguda situación de *ingrese aquí el nombre de cualquier país*, es culpa del “neoliberalismo y la economía capitalista”. Lo cierto es que el sesgo es cada vez más grande, al punto de derrotar lo verdadero y hacerlo desaparecer.

Partamos de los fundamentos: ningún teórico capitalista, sea clásico como Adam Smith o Fréderic Bastiat, fundador de las ideas de libertad como Milton Friedman o Friedrich Hayek, o contemporáneo como Alberto Benegas Lynch, Juan Ramón Rallo o Daniel Lacalle, repito, NINGUNO, considera capitalista el sistema imperante en las consideradas economías neoliberales. El principio fundamental del capitalismo es el libre mercado, y evidentemente no puede haber libre mercado al mismo tiempo que enormes subsidios a empresas ligadas a los políticos de turno. No puede hqber capitalismo y enormes impuestos y regulaciones a toda actividad comercial. No puede haber derecha liberal con tan poca libertad que resulta asfixiante.

Del mismo modo, Slavoj Zizek, Zygmunt Bauman y toda la “izquierda del siglo XXI” se sorprendería al enterarse que “privatizar” no es darle los medios de producción a los ricos, sino eliminar los monopolios estatales a través de la liberación del comercio, en beneficio de cualquiera que busque proteger su propiedad privada o hacerla crecer por medio de la producción de bienes y servicios sin tener que pedir permiso al gobierno.

De tales premisas es posible aseverar que la mentira política más grande que los movimientos marxistas económico culturales nos han hecho creer, es que la desgracia actual es culpa del capitalismo, cuando en realidad es fruto del estatismo hiperregulatiorio de muchos países actualmente.

Finalmemte, no hay incerteza al afirmar que el capitalismo en américa latina (por citar un ejemplo) es un mito. Y por lo tanto, los gobiernos de derecha liberal son un mito. Y lo seguirán siendo mientras no nos propongamos gobiernos pequeños, en defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Sin economías planificadas y con mercados verdaderamente libres, que creen ciudadanos verdaderamente libres.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo