Escribo esta columna porque necesito hacerlo, pues una niña guatemalteca me ha llenado el corazón de orgullo, admiración y respeto.

Fue un sábado por la tarde noche, en el majestuoso Teatro Nacional a la par de la estatua pequeña que nos recuerda la estatura inmensa de Efraín Recinos en la artes nacionales. En aquella hermosa mole de diseño moderno que desde niño admire y vi con asombro desde lejos, imaginando que era un jaguar mítico el que nos miraba desde los balcones exteriores en ambos lados de ese monte de mosaico, enclavado en un monte en lo que fueron las afueras de la ciudad, que abajo hierve en actividad día a día!

Fui con mi familia con mis hijos y mi mujer, a ver junto con mi madre, mi hermano y mis sobrinos a aquella gran pequeña gigante: Yahaira Tubac, una pianista prodigio guatemalteca kacqchiquel de San Juan Sacatepéquez, rodeada del orgullo palpable de su familia, sus padres, sus familiares, sus maestros, los principales y cofrades de su pueblo San Juan Sacatepéquez, bellamente ataviados como para la fiesta patronal, las mujeres en el esplendor de sus huipiles, cortes y perrajes; y los hombres con tocados y trajes ceremoniales ataviados para la ceremonia de la bendición de los abuelos de un matrimonio tradicional kaqchikel

Verdaderamente, el espectáculo de ver a toda una orquesta infantil y a todo un pueblo orgulloso de su cultura, de su colorido, interpretando piezas de autores guatemaltecos en un ensamble de sinfónica y marimba junto con Yahaira como solista principal al piano de concierto de cola y la sala principal del Teatro Nacional llena a reventar, ¡fue algo inolvidable!

Que belleza de paz, de convivencia pensé; hombres, mujeres y niños, familias completas, abuelos, abuelas, madres, padres, hijos, todos como guatemaltecos pacíficamente en ese bellísimo teatro, obra cumbre de la modernidad arquitectónica del siglo XX de la gran metrópoli de la ciudad capital de Guatemala.

Todos aplaudimos a más no poder a los niños y niñas de la sinfónica infantil y la marimba, y a Yahaira, a los cofrades y sus esposas principales de San Juan Sacatepéquez en un despliegue de su Santo Patrón San Juan y sus bellísimos trajes representativos de su cultura, que también la hacemos nuestra, cultura milenaria de sincretismo de tradiciones religiosas culturales, ancestrales, como guatemaltecos que somos todos, orgullosos de la herencia indígena, española, europea, ladina e indígena, que a todo nuestro alrededor, en los huipiles, en los instrumentos musicales de la sinfónica clásica, en la marimba de concierto, en la arquitectura moderna guatemalteca que nos envolvía, en todo ello que es único de Guatemala, que vino a mi mente y pensé: si podemos convivir en paz, con respeto y admiración mutua, en pacifica armonía, como una sinfónica llena de distintos sonidos, tonos, instrumentos, melodías, pero en conjunto produciendo un espectáculo bellísimo que llena el alma de música de color y de inspiración.

He allí, pensé ¡el futuro que queremos todos para nuestros hijos! la exaltación y respeto por el trabajo duro de la niña pianista prodigio de apenas 7 años y sus padres y maestros que todos juntos nutrieron a esa niña de amor, de respeto, de educación y trabajo duro de amor por la música, en sus lecciones, sus practicas, su motivación a cultivar su talento y llevarlo al mundo entero para orgullo de su pueblo y de su patria; que desde los balcones y los lugares de aquel hermoso teatro la vemos con orgullo, con amor y hasta con una lagrima emocionada en la esquina del ojo, al ver a aquella talentosa niña y la orquesta infantil completa vibrar de emoción con armonía perfecta y sonora y llenar los corazones de toda Guatemala!

¡FELICITACIONES YAHAIRA! por tu talento, tu pureza, tu alegría de vivir, tu entusiasmo y la esperanza que nos das de una mejor Guatemala, que como tu, cante a lo bueno, al amor, al cariño de la familia y a la paz de la convivencia pacifica y en armonía!

 

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