El populismo ha sido una realidad en los países de América Latina. Para poder explicar mejor como dicho fenómeno se ha desenvuelto en los diferentes países de la región, es importante tener una definición del mismo.

El populismo, según autores como Ernesto Laclau surge en el momento en que una facción de clase necesita apelar al pueblo contra la ideología vigente. Los movimientos llamados populistas se dirigen y apelan al pueblo y no a determinadas clases, grupos, profesionales o intereses.

En la historia ha existido una gran cantidad de regímenes populistas, los antiguos populismos del S XIX en Estados Unidos y Rusia marcaron patrones y tradiciones para el resto del mundo. Lo mismo puede decirse de América Latina, quien ha traído rasgos comunes heredados de tradiciones europeas y norteamericanas.

En la cultura política latinoamericana se pueden reconocer algunos patrones, como sistemas autoritarios, clientelismo, valores anticapitalistas, símbolos nacionalistas, personajes carismáticos, caudillismo y campañas políticas que suelen exaltar a las masas, al pueblo.

Torcuato di Tella uno de los autores que ha hecho referencia a este término, explica que el populismo surge cuando las elites tratan de movilizar a las masas que están debajo, mediante una ideología anti status quo, nacionalista y anti imperialista, aspirando a cambios por vías de reformas o revoluciones.

Es importante tomar en cuenta la historia similar que existe en los diferentes países de la región latinoamericana y como algunos autores han interpretado que el populismo se ha dado dentro de la región como una etapa intermedia entre la sociedad tradicional y la moderna.

No es novedad que América Latina tiene problemas para mantener los niveles básicos de vida, existe muchísima desigualdad económica, para 1960 representaba el 5.9% de la economía mundial y en el 2009 era el 6.5%.

América Latina sufre hoy una encrucijada entre los avances de la economía de mercado a nivel mundial y el persistente estancamiento social democrático. El crecimiento económico de la región y el Caribe en los últimos años ha sido decepcionante, lo cual ha llevado a Latinoamérica a experimentar diferentes transformaciones socioeconómicas, perjudicando dramáticamente nuestras economías.

En la región se han destacado características del populismo y con este tipo de gobierno el fenómeno ha reemplazado los votos racionales, importantes en la construcción de la democracia, por el voto emocional de las masas que ha polarizado a la sociedad.

¿Por qué el populismo en Latinoamérica?

Lo que debe entenderse en América Latina es que existen masas descontentas, ya que como explica Di Tella, esta región no ha sabido cómo superar retos esenciales. Según autores como O’Donnel los populismos pretenden eliminar la sociedad civil, es una democracia no representativa, el líder populista no representa, sino es el pueblo.

A inicios del siglo XXI se introdujeron nuevos factores que explican por qué el populismo estaba funcionando dentro de la región. El aceptar los regímenes populistas por parte de las masas, se le atribuye no solo a la personalidad de los líderes y al carisma que generalmente poseen los mismos, sino también a la falta de politización que existe en la población latinoamericana.

No es novedad que la región latinoamericana cuenta con un sistema de partidos débil, la existencia de desideologización de los discursos políticos y la ausencia de administraciones públicas eficientes. La debilidad de las instituciones ha provocado los sentimientos nacionalistas y de unión.

En el caso latinoamericano los fenómenos populistas ven amenazado el bienestar del pueblo, por las grandes organizaciones de economía y política, burocracias estatales y privadas. Es por esto que surgen las relaciones directas entre el pueblo y el gobierno, a menudo no forman partidos políticos, sino que permanecen siendo movimientos sueltos, sin institucionalización.

Numerosos casos se han dado en la región latinoamericana y qué decir del famoso socialismo del siglo XXI que se ha presentado como la solución a los problemas de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Argentina, Perú y Nicaragua por mencionar algunos casos.

Cuatro componentes hay que tomar en cuenta al hablar de populismo dentro de la región: el líder, el pueblo, el discurso y el estado. El líder carismático, uno de los componentes más importantes para establecer la relación entre este y las masas. El pueblo, es la principal alusión, el centro de la acción política y discursiva del líder carismático.

Por otro lado, el discurso que se genera entre el líder y sus seguidores, que gira alrededor de la exaltación del pueblo. Por último, el estado, el populismo es básicamente estatista y utilizará este como fuerza productiva y generador de empleos, para mejorar las condiciones de vida del pueblo al que apela.

Por tanto, como explica el politólogo Eduardo Fernández, cuando coexiste un sistema democrático y amplio descontento, el peligro está servido para que exista la posibilidad de la entrada de un candidato populista, como ha sucedo numerosas veces en Latinoamérica.

Como explica el autor anterior no es lo mismo crear una estrategia populista la cual es utilizada continuamente por los partidos para llegar al poder, que la edificación de un sistema populista que busca destruir el orden institucional vigente y desembocar en un autoritarismo como ha sido el caso de Venezuela.

El descontento es clave, pero se necesita de estos líderes carismáticos que se acompañen de un discurso y las demandas que no han sido satisfechas de los grupos de la población.

Normalmente este tipo de descontento es el que abre la ventana al líder carismático para entrar en el poder, da a pauta a que más adelante este líder centralice todo el poder en el ejecutivo, desembocando de un régimen democrático, a uno populista y culminando en un autoritarismo.

Populismos del siglo XXI en América Latina

El populismo por definición es una democracia personalista, no una democracia de instituciones, apelando a la democracia participativa, lo cual sin duda representa un defecto porque la democracia se forma de una consolidación de instituciones.

Este fenómeno se ha convertido en la forma de gobernar de varios países de la región latinoamericana y el resultado ha degenerado en autoritarismos. Tras la caída de la Unión Soviética la ideología de izquierda debía consolidarse en una forma de poder, fue bajo el populismo y con sus líderes carismáticos que lo logró.

El populismo tiende a presentarse con sus líderes como el salvador de las respectivas crisis que viven las sociedades, pero esto choca con la realidad, ya que las necesidades de estos países están lejos de ser cubiertas.

Venezuela ha sido uno de los principales patrocinadores de este fenómeno, influenciando otros países como Bolivia con Evo Morales y Nicaragua con Daniel Ortega. Sin duda uno de los casos más relevantes inicia con la llegada de Hugo Chávez al poder, como sucesor de Fidel Castro.

El populismo se ha dado en América Latina según autoras como Susanne Gratiuis por tres razones:

  1. Una cultura política de redes clientelares, las políticas sociales no son un derecho de los ciudadanos sino un regalo a cambio de apoyo político.
  2. Estados débiles y vulnerables que ofrecen muy pocos servicios a los ciudadanos.
  3. Gobiernos elitistas que no crean ciudadanía política o social, ni una democracia representativa e inclusiva.

La autora Gratiuis identifica tres olas, la primera el nacional-populismo de los años cuarenta/cincuenta de Juan Domingo Perón o Getulio Vargas en Brasil. Segundo el neopopulismo de derechas con Carlos Menem en Argentina o Fujimori en Perú. Tercero y lo que aquí interesa, el populismo de izquierda del siglo XXI en Argentina con Néstor Kirchner, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Hugo Chávez en Venezuela.

  1. Venezuela

En Venezuela los principales actores políticos permitieron la consolidación en el poder de un outsider, que se dio a la tarea de destruir el orden político y establecer un gobierno con características autoritarias.

El sistema de partidos empezó a fragmentarse, los dos más relevantes en ese entonces eran AD y COPEI que habían compartido según el autor Michael Coppedge el 80% de voto legislativo. En 1998 ninguno de los dos partidos contaba con un candidato propio y Hugo Chávez obtiene la victoria, liderando la transición al nuevo régimen.

Chávez en el poder elimino los controles equilibrios para la democracia liberal, eliminando actores en posición de controlar al presidente y redacto una nueva constitución en donde se dio a la tarea de eliminar la Corte Suprema de Justicia y un nuevo Consejo Electoral y Contralor general, ambos cooperaban con Chávez.

En noviembre del 2000 la Asamblea legislativa otorgó al presidente facultad de emitir decretos y Chávez cooptó y debilito todos los niveles de gobierno, fuerzas armadas y altos cargos militares. Si los partidos AD y COPEI no hubieran perdido apoyo, Chávez no habría tenido oportunidad de llegar a la presidencia. ¿Por qué los partidos perdieron el apoyo?

Por el declive económico experimentado en el país a finales de los años ochenta, el hecho de depender por tanto tiempo de exportaciones de petróleo lo hace responsable, pues creo una percepción de que Venezuela era un país rico.

Estas condiciones de decadencia económica y la creencia de que Venezuela era un país rico, además de los altos niveles de corrupción fueron suficientes para crear frustración y decepción.

Es así como empieza el gobierno de Chávez, caracterizado por su tendencia autoritarita con un presidencialismo fuerte, el control de las instituciones y la intervención estatal en la economía.

Además de esto, empezó con el control de las instituciones democráticas del Estado (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Electoral, Fuerzas Armadas). Por otro lado, inició proyectos para la centralización de su poder: 1) la creación del Partido Único Socialista de Venezuela 2) la reforma de su propia constitución (que permitía s reelección) y 3) una reestructuración del poder municipal y comunal para poder ser controlados por el poder central.

Maduro continúo con el fenómeno populista dentro de Venezuela y su golpe del Estado al resolver que el Tribunal Superior de Justicia asumiría las competencias de la Asamblea Nacional, otorgándole todo el poder al presidente venezolano. El culpable sin duda, fue el precedente dejado por Chávez en su populismo impuesto.

 

La economía venezolana no ha logrado recuperarse del síndrome populista heredado por Chávez, el cual ahora continua Maduro. Como se observa en a gráfica superior, en 1998 cuando Chávez llega al poder existe un leve crecimiento del PIB, cubriendo las expectativas de las falsas promesas que debe cumplir en su gobierno.

El PIB llega a tener el rendimiento más bajo durante sus primeros años de gobierno, en 1999 alcanza un -5.9%, un crecimiento negativo. En el 2002 y en el 2003, tras 5 años de gobierno, no logra levantar el crecimiento del PIB y lo hunde aún más con -8.85% en el 2002 y -7.75 para el 2003.

2. Ecuador

Rafael Correa llegó a ser presidente de Ecuador de una fórmula similar que Chávez y con la idea de mejorar el país, llegando al poder en el año 2007. Reformó la constitución de una forma muy similar a la venezolana, con el fortalecimiento del poder ejecutivo. Una de las cuestiones más importantes del gobierno de Correa fue el apoyo de movimientos indígenas, consolidado como una fuerza política para el país.

Una de las principales propuestas de Correa era una democracia radical participativa, la cual desembocaría al igual que Venezuela cerca de un autoritarismo.

Como se muestra en la gráfica superior, Correa hunde la economía bajo su gobierno. Sin duda un sistema democrático estable siempre demostrará desarrollo, sin embargo, bajo el fenómeno populista la economía se verá inestable.

Correa llega al poder en el año 2007 y a partir de ese momento, Ecuador experimenta el crecimiento más bajo en su PIB. En el 2009 y 2010, durante sus primeros años de gobierno experimenta un crecimiento de 0.56% en el año 2009.

El crecimiento del PIB se vio aún más afectado a partir del 2011, en dónde continúo cayendo hasta el 2015 con un leve crecimiento de 0.15%

3. Bolivia

Por otro lado, en Bolivia Evo Morales llega al poder en las elecciones de diciembre de 2005, un país con una población mayormente indígena. Dos rasgos se resaltan de este populismo, el movimiento de protesta indígena y el carisma del presidente.

En Bolivia es ya muy difícil hacer política sin tomar en cuenta los intereses indígenas pues ellos constituyen un gran apoyo para el presidente. Al ser Bolivia un país en su mayoría indígena y Morales logró representar a dicha población que fue políticamente oprimida y difícilmente incluida en la participación política, fue fácil consolidar de esa forma un régimen populista.

Bolivia parece una extraña excepción al síndrome populista, la llegada al poder de Evo en 2006 empezó con un crecimiento del 6.14%, que se mantuvo hasta el 2009 con un crecimiento un poco más bajo de 3.35%.

A pesar de que el crecimiento se ha mantenido bastante estable desde su llegada al poder, habrá que ver si a futuro el populismo dañará más la economía boliviana de lo que la ha logrado sostener.

4. Argentina

Argentina sin duda ha sido otro de los exponentes del populismo del siglo XXI en América Latina. Hay que tomar en cuenta los antecedentes en la influencia de este fenómeno en el país, como el Peronismo. Kirchner ha sido el representante de este populismo de una forma más ligera y con sesgos menos autoritarios.

Las políticas de Kirchner y las de Menem anteriormente, fueron populistas sobre todo desde un aspecto económico. Menem inauguró el retoro al populismo, durante su gobierno incluyo una reforma electoral para prolongarse en el poder, además de sus continuos decretos de urgencia y sus reformas para fortalecer el ejecutivo hasta su presidencia de 1999.

Tras el gobierno de Menem y dejar una terrible crisis a la que se enfrentaría Fernando de la Rua quien hundió aún más la economía y se vio obligado a renunciar. En enero del 2002 Eduardo Duhalde fue nombrado presidente hasta la llegada de Kirchner al poder en el 2003.

Néstor Kirchner llega al poder con sus ideas nacionalistas, política socio-económica, su antiimperialismo y su estilo autoritario, todas características de un populismo. Kirchner empezó su mandato con el 22% de respaldo argentino y para la mitad de su gobierno se había convertido en el 75%.

Después de la crisis sufrida por Argentina en el 2001 y 2002 los programas sociales fueron fuertes para Kirchner, promulgó además una restructuración militar y reforma del sistema judicial.

Además de esto el presidente argentino ejerció un control estatal de precios y la defensa de la industria nacional, imponiendo boicots a comerciantes nacionales que identificaba como adversarios. Al igual que Menem, Kirchner hizo uso de decretos y necesidad de urgencia.

Más adelante el Cristina Kirchner sustituiría a su esposo en el año 2007 hasta la llegada al poder de Mauricio Macri en diciembre del 2015. Sin duda los Kirchner polarizaron la población argentina, además de haber sido criticados por su alianza con la Venezuela de Chávez y Maduro.

Además, este período se caracterizó por el crecimiento de la inflación, alrededor del 40% lo cual llevo a la pobreza a casi el 29% de la población según entidades como la Universidad Católica Argentina. Y qué decir de la corrupción que fue participe del gobierno de los Kirchner, acusaciones como enriquecimiento ilícito de la familia.

Argentina sin duda es el más claro ejemplo de cómo la economía se ve inestable bajo una democracia débil y con un síndrome populista fuerte. La llegada de los Kirchner al poder es en el año 2003 en donde el crecimiento aún durante los primeros años parecía bastante positivo 8.85 % en el 2005 y 9.00% para el 2007.

El Kirchnerismo parecía pintar un panorama positivo en sus primeros años, en el 2007 con la llegada de Cristina aún el crecimiento económico era bastante positivo. En el año 2012 empieza la caída del PIB llegando a un crecimiento negativo de -1.02, que cae aún más en el 2014 con -2.5%.

El PIB difícilmente se recuperó durante la era populista de los Kirchner, el cual demostró un débil crecimiento incluso hasta el último año de gobierno de Cristina.

5. Nicaragua

Ortega en Nicaragua es otro de los ejemplos del populismo del siglo XXI, su primer período de los años 1979 a 1990   se caracterizó por adoptar medidas comunistas.  La proclamación de Estado de Emergencia que le dio pauta a gobernar de forma autoritaria, censurando medios de comunicación.

A Estados Unidos bajo el gobierno de Reagan le incomodó el gobierno provisional de Ortega, pues sostenía relaciones con Cuba y la Unión Soviética. Esta situación generó una guerra civil entre los que estaban en contra (financiados por Reagan) y el gobierno Sandinista.

Después de varios intentos de retomar la presidencia, Ortega subiría al poder en noviembre del 2006-2012. La forma en que llegó a la presidencia es dudosa, pues fue mediante un acuerdo con Arnoldo Alemán, en el mismo se contemplaba la protección de Alemán que había sido condenado a 20 años de cárcel.

Alemán se comprometió a que sus legisladores votaran por cambiar la ley electoral, lo que finalmente se hizo y gracias a esa modificación Ortega asume un segundo mandato.

El presidente nicaragüense mantiene una mala y atacante relación con la prensa, pese a que fue una de las fuerzas que propició su revolución sandinista. La relación de prensa-gobierno tuvo críticas, sobre todo cuando radios privadas fueron atacadas por activistas armados.

El gobierno de Ortega poco tiene que ver con defender los principios básicos que exige una democracia liberal. Daniel Ortega al llegar al país realizó una serie de promesas que a la fecha no ha cumplido, entre ellas estabilidad y reconciliación nacional y sacar al país de la pobreza. El panorama ha dejado un país con ingreso per cápita destrozado.

Como se observa en la gráfica superior, Ortega llegó al poder en el año 1979, en dónde logró un crecimiento del PIB durante sus primeros años de gobierno con un 7.035% de crecimiento. Durante su primer período de gobierno de 1979 a 1990 mantuvo el crecimiento del PIB estable.

Durante el segundo período del presidente nicaragüense, retomándolo a finales del año 2006, en donde el PIB empieza a tener repercusiones generadas por el fenómeno populista.

En el año 2009 el PIB experimenta un crecimiento negativo de -2.75%, a pesar de que se eleva el crecimiento se ha mantenido a la baja. Quizás Nicaragua sufra las consecuencias de este pope del populismo en sus próximos años de gobierno.

Conclusión

Existe una correlación positiva entre los ingresos PIB per cápita y la probabilidad de porque las democracias promueven un crecimiento económico más rápido que las no democráticas según autores como Scott Mainwaring. Las gráficas que se mostraron con anterioridad sobre el porcentaje del crecimiento del PIB demostraron la inestabilidad económica que existe y existió en los diferentes países durante los regímenes populistas.

Sin duda el populismo al inicio puede parecer una democracia, sin embargo, a largo plazo puede debilitar el sistema democrático o degenerarlo en un autoritarismo. Este fenómeno siempre estará en conflicto con la democracia y frenará el desarrollo económico de un país.

El problema es que la mayoría de líderes populistas suelen utilizar medidas de protección a la economía nacional pues suelen ser mercados cerrados para la competencia extranjera. El intercambio internacional sin restricciones es una política comercial óptica, lamentablemente estos líderes poco la ejecutan.

Este tipo de caudillos buscan quitarles la autoridad a las instituciones para devolvérselas al pueblo -según su discurso- pero realmente, en la práctica, consolidan el poder para ellos, degenerando en sistemas autoritarios.