Ayer:

“En Totonicapán no nos dejaron siquiera cruzar una palabra, cuando sentimos nos empezaron a atacar”, recuerda el coronel Juan Chiroy Sal, un militar con 25 años de carrera, experto en relaciones civiles-militares, capacitado en los Acuerdos de Paz, Derechos Humanos y Fortalecimiento Democrático.

Como soldado siempre destacó y nunca recibió una sanción por faltas graves que ameritaran una postergación de sus ascensos, pero “su espíritu no es bélico, es de servicio a la comunidad”, comenta el coronel.

Por ello, el militar lamenta los hechos ocurridos el 4 de octubre de 2012 donde murieron seis personas en la llamada Cumbre de Alaska, porque no tuvo oportunidad de dialogar con los dirigentes de los inconformes, lo cual pudo evitar los incidentes, pero fueron agredidos.

Juan Chiroy, en ese entonces subteniente, junto con Lester Cruz Illescas, ya fallecido.

Formación en asuntos civiles

Chiroy era el Segundo Comandante del Segundo Escuadrón de Seguridad Ciudadana cuando ocurrieron los hechos. El 3 de octubre, un día antes de los sucesos, volvió de El Salvador donde realizaba un Curso de Altos Estudios Estratégicos.

El 4 de octubre fue requerido el apoyo de este Escuadrón por parte de la Policía para resolver un bloqueo en el kilómetro 170 de la ruta Interamericana. Chiroy se ofreció a comandar el grupo ya que el oficial designado había cubierto una responsabilidad similar tres días antes y él, “por solidaridad”, lo sustituyó.

Para el coronel la misión no era extraordinaria. Estaba acostumbrado a trabajar de cerca con las comunidades, escuchar sus planteamientos y apoyarlas. Entre sus estudios figuran acciones para combatir los linchamientos, prevenir la violencia y organizar a las comunidades.

Durante su carrera militar considera que organizó más de 100 jornadas médicas en el interior del país, lo cual lo llevó a adquirir conocimientos generales de medicina que hoy le siguen sirviendo para ayudar a otros, en la actualidad, a los internos del Centro Preventivo ubicado en la Brigada Mariscal Zavala.

Pero en la Cumbre de Alaska no hubo oportunidad de diálogo, los soldados fueron atacados con piedras y hondas, lo cual hizo que se dispersaran y huyeran por los barrancos.

Chiroy y los otros militares, Dimas García Pérez, Marcos Chun Sacul, Ábner Enrique Cruz Pérez, Abraham Gua Cojoc, Felipe Chub Coc, Ana Rosa Cervantes Aguilar, Edín Adolfo Agustín Vásquez y Manuel Lima Vásquez, fueron capturados y acusados por el Ministerio Público (MP) de ejecución extrajudicial y ejecución extrajudicial en grado de tentativa.

Por estos delitos fueron ligados a proceso, pero en la fase intermedia, tras escuchar al MP, la jueza Patricia Flores modificó estas imputaciones a incumplimiento de deberes, en el caso del coronel Chiroy, y homicidio en estado de emoción violenta para los soldados.

Aparte de la carrera militar, Juan Chiroy cursó una maestría en Adminsitración de Recursos y Tecnología y luego de su captura, dejó inconclusa otra maestría en Seguridad y Defensa.

El Ejército reconoce su espíritu de servicio

Por su conducta dirigida a apoyar a las comunidades, Chiroy recibió la Medalla de la Paz y la Cruz por Servicios Distinguidos, altas distinciones de las Fuerzas Armadas de Guatemala.

En las zonas militares donde estuvo destacado era quien representaba al comandante en las reuniones de los Consejos de Desarrollo y Cocodes, lo cual ocurrió en Sacatepéquez, Petén, Puerto de San José o Jutiapa.

Su primera asignación ya como subteniente fue la Brigada Mariscal Zavala, curiosamente el lugar donde lleva cuatro años y nueve meses en prisión preventiva por el delito de incumplimiento de deberes, cuya pena máxima es de tres años.

Del Ejército también recibió tres Estrellas de Plata por operaciones exitosas, fue comandante del Batallón de Paracaidistas, asesor del Jefe del Estado Mayor y en sus evaluaciones de desempeño, realizadas cada cuatro meses, siempre obtuvo un promedio superior a los 92 puntos.

Recuerda dos misiones de alto riesgo donde salió bien librado: el rescate de soldados heridos en Ixcán, Quiché, en medio de un ataque y la desarticulación de un frente común que buscaban formar los diferentes grupos guerrilleros para tomar la capital.

Juan Chiroy ha destacado como soldado y por su servicio a la comunidad.

Crimen impune

El coronel Chiroy nació el 28 de marzo de 1967 en San Andrés Itzapa, Chimaltenango, en el hogar de Felipe Chiroy y Manuela Sal. Es el tercero de seis hermanos hombres, de los cuales solo tres sobreviven.

Hasta los siete años de edad solo habló Cakchiquel y durante sus primeros nueve años no usó zapatos, aunque trabajó lustrando calzado. En las vacaciones de la escuela laboró en ferias, sobretodo en loterías, para ayudar en la economía del hogar.

Su hermano mayor también es oficial militar, pero ya está retirado. Como su familia es de escasos recursos económicos, Chiroy no tenía mayores oportunidades, pero llegó la ocasión para continuar sus estudios básicos.

Ganó una beca para estudiar en el Instituto Adolfo V. Hall de Zacapa y luego se graduó de bachiller en la Escuela Politécnica, a la vez que obtuvo el grado de subteniente, un sueño que hizo realidad.

A los 13 años, Juan Chiroy ingresó en el Instituto Adolfo V. Hall de Zacapa.

Tras su captura el 11 de octubre de 2012, su vida cambió. Separado de su familia, le ha tocado soportar las enfermedades de su esposa y sus tres hijos desde la prisión. El menor de ellos aprendió a caminar en el interior del Centro Preventivo en las constantes visitas a su papá.

Y si este dolor parece poco, fue en la cárcel donde recibió una de las noticias más tristes de su vida. En marzo de 2014 su hermano mayor lo llamó para decirle que su mamá había sido asesinada.

“Ella vivia solita en San Andrés Itzapa. La torturaron, ultrajaron, estrangularon y el crimen sigue impune. No fue un robo, fue asesinada con extrema violencia, con ira. Nunca se hizo una investigación profunda”, relata con tristeza el coronel.

Para su consuelo en medio de la tragedia, le autorizaron acudir al sepelio para despedir a su progenitora que cada quince días lo visitaba en la prisión.

Oídos sordos

Y como el día de los trágicos sucesos en la Cumbre de Alaska, el coronel Chiroy solicita hoy que lo escuchen. Le ha escrito a todas las autoridades del sistema de justicia para evidenciar las irregularidades del proceso legal contra él y los ochos soldados, pero nadie lo atiende.

La Procuraduría de Derechos Humanos no respondió a su llamado y las Cortes, lejos de promover una justicia “pronta y cumplida”, entorpecen y cada vez más estacan el caso, mientras los militares lo único que piden es llegar al juicio para acabar con la noche que parece no terminar.

Tras su captura y luego de cuatro años y nueve meses en prisión, la alegría de la familia se ha convertido en un calvario.

Lea el martes: La Corte de Constitucionalidad ordena cómo fallar a la Cámara Penal de la CSJ

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