El argumento del control ambiental, de derechos de pueblos indígenas y no indígenas, y de protección del territorio, fue capturado por una agenda de intereses transaccionales económicos bien básicos. Algunos analistas argumentan que lo que vivimos en Guatemala es una guerra de alta intensidad sobre el control y el poder que han convertido al país en inviable para cualquier inversión que sea intensiva en capital o en el sector de los recursos naturales, mientras que otros dicen que esta es una guerra de las izquierdas contra las derechas, tipo revanchas post conflicto que nunca se desactivó sino que se postergó. Más aun, un conflicto que se vino a reforzar por la seguidilla de gobiernos corruptos, narcotraficantes y un conjunto de populistas, aunado a un modelo económico que no beneficia a las grandes mayorías. Todo esto en suma ha venido a reforzar la protesta social y ha generado un caldo de cultivo óptimo para las ONG’s oportunistas.

Una agenda pro derechos importante para un país en democracia pero que realmente no ha prosperado, sino que a punta de amparos y la judicialización de personas individuales o jurídicas (empresas), que no solo nos han llevado a la parálisis, sino que a un nivel de polarización sin posibilidades de llegar a acuerdos. La falta de posturas políticas claras por parte del gobierno dejan un vacío que algunos jueces muy poco informados o más bien desinformados en los temas ambientales, económicos o sociales, generan tremenda incertidumbre y más polémica que soluciones. En mi opinión son unos irresponsables.

Lo más fácil para todo es la ruta de la pelea e intentar la dominación de mis ideas, propuestas o modelos sobre lo de los demás. No veo pensamiento reflectivo o crítico de lo que nos tiene viviendo lamentables y decepcionantes circunstancias como la suspensión de mineras o hidroeléctricas. Allanado el camino con jueces poco ilustrados en estos ámbitos, la realidad de cobros y juegos a doble o triple banda por parte de ONG’s como CALAS, deja más que claro de que va su agenda. Intereses económicos y poco menos que eso.

Si fueran honestos sus dos líderes se desempeñarían mediante una corporación de lobistas y abogados con fines de lucro, pero no detrás de la fachada de una organización sin fines de lucro con propósitos altruistas sociales. ¿Así quien podría cuestionar hoy la doble agenda y la doble moral sobre sus consignas disque ambientales y pro derechos? Me remito a la evidencia y no a interpretaciones: a pesar de los dobles cobros de CALAS, los ataques y críticas a la persona no van al fondo de la problemática y mucho menos cuestionan los argumentos que le han dado tanta gasolina.  CALAS es una ONG con fines de lucro, con agenda definida económica, con intereses individuales, y sin fondo que a la fecha aporten propuestas que fortalezcan la política pública o legislativa.

CALAS debiese estar interesada y volcar toda su artillería en fortalecer el control ambiental, ya que es una inversión estratégica y no un costo para el país. Esto también es más que obvio para los intereses de la libre empresa responsable. Los que algo conocemos del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) y sus instrumentos ambientales sabemos el tipo de problemas que existen y  tenemos claro que no se han aplicado con la seriedad estratégica que debiese para que dé garantías a los empresarios y a las comunidades.

Entonces, ¡por favor!, no esperemos que ONG’s como CALAS pierdan credibilidad o se vengan abajo sus acciones en la bolsa de los des-valores, ya que mientras no vayamos a cuestionar el fondo de los argumentos de CALAS y nos quedemos en los ataques personales, lo que fermentamos es la victimización de sus líderes, y ganen aún mas de la confianza, legitimidad y respeto de sus actuales y futuros inversionistas. Los convertimos en paladines y no los enfrentamos en la realidad del valor de sus ideas o propuestas para construir un mejor país.

La agenda transaccional económica o de egos y ambiciones personales, se comieron de un tajo a la tan importante agenda ambiental, y la agenda económica fue capturada por las dos anteriores. Llevar cuanto antes al ámbito de las propuestas y de las ideas a todas las ONG’s y sus actores, que ninguno se quede por fuera y que participen visible y transparentemente ante la ciudadanía, es el camino correcto para poner las prioridades en orden y revelar la verdad, valorar la calidad de las propuestas y ojala llegar a acuerdos mínimos que nos permitan avanzar.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo