El Diccionario de la Real Academia Española define “dialéctica” como arte de dialogar, argumentar y discutir.  También como un método de razonamiento desarrollado a partir de principios.  Agrega otra definición: capacidad de afrontar una oposición.  “Contradicción” lo define como un conjunto de proposiciones que al oponerse recíprocamente se invalidan.

Entonces, “dialéctica de la contradicción”, ¿qué significa?  Pregúntele a algún socialista que vea por allí a ver qué le dice.  Esta gente es experta en crear terminología que no dice nada pero que llena los espacios vacíos derivados de la magnitud de la ignorancia con la que tratan de explicar su fracaso.

En un evento reciente, surgieron nuevos conceptos que no puedo dejar de compartir.  ¿Cómo le parece “carrera hacia el fondo”? Si vamos a la Real Academia Española, seguramente no vamos a encontrar la definición que los opositores al desarrollo le dan.  Ellos lo definen así: “cuando el gobierno impone acciones para atraer inversión a costa del medio ambiente y violación a los derechos humanos de los indígenas”.

¿Dónde está la carrera allí? Si no sabe, no tenga pena, yo tampoco entiendo.  ¿Por qué “fondo”?  De pronto conversaron con Otto Pérez Molina, quien en algún discurso habló sobre “la Guatemala profunda”.  Esto lo dijo cuando ya iba camino a la calle, previo a llegar a “al bote”.  Si esa es su fuente de inspiración, están más perdidos de lo que creí.

Aquí va otra buenísima: “despojo de territorio cuerpo”.  Esta sí que me dejó perpleja.  Esto es cuando el gobierno mete presos a los defensores de la naturaleza. ¡¿Ah?! Ni idea de dónde se sacan esas cosas.

Otro más: “modelo de desarrollo de riqueza espiritual”.  Esto significa convivencia con la naturaleza, que la riqueza sea compartida entre la naturaleza y las personas.  Algo así. Entre tanta palabrería, frases inconsistentes como esta, que no dicen nada, nunca escucharemos una propuesta seria, formal y muchos menos lógica, de cómo es ese modelo de desarrollo que dicen que funciona y que los sacará de la pobreza.

Lo más incomprensible de todo es la cantidad de personas que aún creen que ese sistema destructivo y empobrecedor llamado socialismo (de cualquier siglo) es el que realmente va a sacar adelante a nuestro país.  Dan batería en las redes (viven en un país con libertad de expresión), sin pensar en que un régimen socialista, como el venezolano, lo primero que quita es la libertad de expresión.  Es lo primero, antes que cualquier otra libertad.

Y aún hay algo más incomprensible: los jueces que deciden suspender un proyecto de desarrollo porque “las circunstancias lo hacen aconsejable”, como sucedió con Mina San Rafael.  O que la PDH diga que la policía no puede actuar para desalojar a los bloqueadores porque hay mujeres y niños, cuando tienen la obligación de acudir a un juez de familia y denunciar a los padres para que ordenen medidas de protección a esos niños.

O que la PDH (otra vez) impida que en el censo nacional del recurso humano (para averiguar cuántos burócratas hay) se les pregunte a éstos si tienen alguna discapacidad, pues esto es algo que afecta su intimidad.  Así es, increíble.  Esta era una oportunidad de oro para conocer cuántos hay, dónde están, que discapacidad tienen, y usar la información para hacer políticas públicas.

O que el gobierno en general se limite a escuchar a la PDH cuando tiene la obligación de llamar al Comisionado Nacional de Diálogo y a la COPREDEH para que intervengan en los bloqueos y los disuelvan, de buena fe.

En este país de los incomprensibles, seguimos adelante, produciendo, trabajando, viviendo lo mejor que cada uno puede y tratando de comprender por qué no progresamos más como nación.

 

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