Versión Deluxe, es el blog de música de Luis Fernando Alejos y República

Hay mucho por descubrir a través de la música de Peaches. Hace algunos meses vi una escena, en una película que era demasiado tarde para continuar viendo, en la que Amber Heard conduce un automóvil mientras canta Fuck the pain away (ese maravilloso himno de la cantautora canadiense). Esa liberación sexual, la opción de enmudecer el dolor por medio de un acostón, llega a nuevas generaciones por medio de Peaches. Si bien ya en los ochentas y noventas Madonna coqueteaba con estos temas, su compromiso palidece, en comparación con álbumes como Rub (2015), el quinto de estudio para la cantante de Fatherfucker.

 

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“At the dawn of the summer I give birth to a bad girl, without a motherfuckin’ epidural” canta en Pickles. Esa imagen, una chica ruda que no necesita una droga pre-parto para dar a luz, es una intrépida metáfora. Como en trabajos anteriores, Peaches continúa empujando los inexistentes límites de su sexualidad, al ritmo de sintetizadores, grooves de hip-hop y rock. Su discurso celebra la fluidez sexual y de género, los penes y las vaginas son símbolos de placer y no solo reproductivos, agresivos.

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Vaginoplasty y Dick in the air, los títulos más obvios a nivel genital (genialidad), ilustran la dicotomía entre inseguridades y falocentrismo de nuestros tiempos. “Tengo mucha belleza saliendo de mi trasero” reconoce en Light in places, un tema que pudo haber sonado en cualquier episodio de Miami Vice. El sabor a Depeche Mode lo disfruto tanto en Rub, como en la oscura Free Drink Ticket o el track inicial, Close Up (donde participa Kim Gordon, ex vocalista de Sonic Youth). I Mean Something es una canción existencial, una declaración existencial, para Peaches, cuya relevancia cultural ha captado la atención de personajes como Yoko Ono, Amy Schumer y Bret Easton Ellis.

En tiempos donde no hacemos más que observar pantallas rectangulares, donde existen sociedades intimidades por el placer derivado de un clítoris, celebro la voz de alguien que tiene sentido del humor y se atreve a distinguir entre “una mujer real, no Ayn Rand”. Les dejo nomás esa imagen. Feliz domingo.

 

 

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