¿Cuántos de nosotros participan activamente en alguna organización? ¿Cuántos de nosotros donamos a alguna asociación con la que simpatizamos? ¿Cuántos de nosotros le dedican un pequeño tiempo a la semana a ser mejores ciudadanos? Lanzo estas preguntas porque a los guatemaltecos nos encanta criticar los problemas que vivimos pero cuando tenemos la oportunidad de cambiar la situación, nos escondemos en cualquier excusa que se nos ocurra para no hacerlo. Nos hacemos llamar ciudadanos o pertenecientes a la sociedad civil cuando nuestro mayor y único logro individual fue manifestar un par de veces en la Plaza de la Constitución. Creemos que contribuimos a un mejor país cuando nos dedicamos a criticar las noticias que vemos sin analizarlas detenidamente y sin proponer soluciones u opiniones fundamentadas. Y peor aún, somos celosos a los pocos intentos de aquellos que se atreven a defender públicamente una postura a pesar de todas las críticas que puedan hacer los medios de comunicación o los actores más relevantes del momento. Les echamos la culpa a los políticos, funcionarios, empresarios, activistas y periodistas cuando la raíz del problema somos nosotros, los ciudadanos.

Muchas veces nos quejamos que los partidos políticos no son abiertos, que no ofrecen incentivos u oportunidades para que los ciudadanos participemos. Sin embargo, olvidamos que existen otras formas de acción colectiva: movimientos políticos, asociaciones civiles y fundaciones que sirven como vínculo entre la población y el poder político. Estas otras formas de organización son mucho más fáciles de constituir, no necesitan tantos requisitos logísticos ni financieros y pueden llegar a ser actores relevantes e influyentes en el juego político. Una parte esencial de todo sistema político es tener un contrapeso fuerte que sea exógeno al gobierno y es allí donde la sociedad civil cumple el rol de ser ese balance esencial. Lastimosamente para los guatemaltecos no nos parece relevante ese tipo de participación y preferimos vivir cómodamente criticando desde nuestros hogares las cosas que nosotros podríamos estar cambiando desde ya. 

Se avecina una nueva reforma a la ley electoral y de partidos políticos que no puede no representar los cambios que los ciudadanos estamos esperando. Pero eso no significa que debemos perder la esperanza en un mejor país y en la importancia de la participación ciudadana más allá de la política. Si el problema somos nosotros y nuestra falta de iniciativa y esfuerzo, la solución también está en nosotros mismos. Hasta que no comprendamos el valor de una sociedad civil fuerte e independiente que pueda ser un contrapeso más al poder político, estamos condenados a vivir en un constante desdén hacia la política misma.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo