El proceso de solicitud para escuelas, becas y trabajos siempre venía con un ritual: una persona que tenía mi solicitud -un oficial de admisiones, un entrevistador- y mencionaría en sus felicitaciones que yo era “diferente” de los demás asiáticos.

Cuando gané una beca que pagó parte de mi educación, un panelista de selección me dijo que la obtuve porque tenía cualidades de corazón y originalidad que los solicitantes asiáticos generalmente carecían.

Los solicitantes asiáticos eran todos iguales, y me destaqué. En verdad, no era muy diferente de otros asiáticos que conocía. Yo era tímido y reticente, tocaba un instrumento musical, pasaba los veranos practicando matemáticas, y tenía padres estrictos a quienes yo les era obediente. Pero recibí el mensaje: “para ser permitido a través de una puerta estrecha, un asiático debe cultivar no sólo un sentido de la individualidad, sino también formas de proyectarse como “¡No asiático!”

Lee en este enlace la nota: The Uncomfortable Truth About Affirmative Action and Asian-Americans