Por Luis Fernando Gil

En 1947, hace 60 años, el país se encontraba en pleno auge de las reformas sociales que introdujo el gobierno de Juan José Arévalo, lo que inevitablemente marcó el papel que jugaban los medios de comunicación, ya que hubo mayor apertura a la labor periodística en el país. En ese contexto, una pareja de entusiastas amantes de la radiodifusión, Jaime Paniagua Salvatierra y María Antonieta Saravia, fundaron la emisora que inicialmente fue bautizada como La Voz de la Marimba.

Con el tiempo pasó a denominarse Radio Panamericana, y se ganó un lugar en el gusto de quienes disfrutaban escuchando la música de las grandes bandas en el 1030 de Amplitud Modulada (AM). El próximo mes la emisora forjada a base de mucho sudor por los Paniagua Saravia cumplirá 70 años de existencia, aunque la última década se ha debatido literalmente entre la vida y la muerte.

Mario David Paniagua Saravia, su actual director, es el único sobreviviente de la estirpe, y cuenta que entre los momentos más difíciles que le han tocado vivir estuvo grabar los obituarios de toda su familia, padres y hermanos incluidos. Su lucha se centra en mantener la radio que se resiste a desaparecer en un océano de emisoras comerciales que concentran las pautas publicitarias.

Uno de los reclamos de una parte de su audiencia es que nunca dieron el paso hacia la Frecuencia Modulada (FM), donde probablemente habrían captado más anunciantes. Mario David relata que su madre, quien se hizo cargo del negocio tras el fallecimiento del patriarca, hizo las gestiones para adquirir una frecuencia en FM, pero alguien le pidió una “comisión” para otorgársela, a lo que ella no accedió y nunca más lo volvió a intentar.

Al llegar el tercer milenio, el último de los Paniagua Saravia logró un espacio en Internet, donde a la fecha son escuchados por muchas personas que emigraron a otras latitudes o los encontraron en el dial aún sin haber puesto un pie en Guatemala. Han recibido reportes de radioescuchas desde lugares tan distantes como Japón.

Sin embargo, la lucha por la supervivencia continuó, lo que lo motivó a empezar a digitalizar música para captar algunos ingresos con ese servicio. Más tarde ideó crear una academia donde inicialmente se enseñaría locución, aprovechando la larga experiencia que adquirió a lo largo de medio siglo. Actualmente no solo se enseñan en ese histórico lugar los secretos de la radio, sino de la televisión y la comunicación en general.

También le dio forma a un museo donde se exponen todos los objetos que han marcado la historia de la Radio de Ayer, de Hoy y de Siempre. Quienes visitan la sede edificada en 1954 en un terreno de la zona 7, adquirido con grandes esfuerzos por la pareja Paniagua Saravia, pueden dejar una donación para contribuir con el sostenimiento de la radio, sobre todo con el pago de la energía eléctrica, ya que en los últimos tiempos ni siquiera cuentan con planilla.

La última lucha de Mario David, quien recientemente fue uno de los últimos en cambiar la Rosa de la Paz en el Palacio Nacional de la  Cultura y recibir la designación de Embajador de la Paz, es lograr que la Panamericana reciba la Orden del Quetzal como un reconocimiento al aporte de la emisora a la radiodifusión nacional. De todas formas, si el máximo galardón nacional fue otorgado a un futbolista como el “Pin” Plata, mucho más lo merece una institución que ha dado un gran aporte a la cultura nacional.

 

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