Fredy Portillo es el uno de los columnistas de literatura de República, encuentre un texto nuevo, cada domingo.

El valor del pasado

Uno de los cuestionamientos que más me ha cautivado en mi experiencia como lector, es el tratar de explicarme qué es lo que hace que un texto sea considerado como creación literaria, es decir, qué elementos le confieren eso que Barthes llamaba “literariedad”. Ello también me ha llevado a repensar el concepto de poesía, al cual siempre le he otorgado un valor más allá de lo literario que alcanza los niveles más esenciales en todos los campos de la creación humana.

Aunque la RAE otorga al concepto de literatura una serie de definiciones en las que no restringe el uso de la definición para denominar como tal a un escrito de cualquier materia, siempre me ha gustado más aquel que en el que se le refiere como al arte de la expresión verbal, es decir, en el que intervienen los valores más subjetivos del ser humano, miedo, terror, odio, amor, coraje, deseo, los cuales suelen aparecer en los momentos más sublimes, pero también en los cotidianos, aquellos que están dominados por la tradición oral.

El abordaje de la literatura latinoamericana (1)

Es en esa tradición que se asienta la historia de los pueblos, su cultura, su forma de ver el universo y la existencia del ser humano y de su relación consigo mismo y con la naturaleza. Gracias a ella, sobreviven hasta nuestros días algunas manifestaciones artísticas del pensamiento precolombino que nos permiten dar una mirada a lo que fueron las sociedades originarias y por medio de ellas valorar el aporte de sus conocimientos.

Aunque estas obras solo podemos llegar a conocerlas de forma parcial debido a la incapacidad de cualquier traducción de transmitir el verdadero significado de las cosas, principalmente aquellas de carácter mágico religioso y de un contexto político totalmente diferente al occidental, estas reflejan una parte de esa realidad que quedó marginada con la conquista y colonización de América, pero que siguió viva en la memoria.

Según algunos historiadores, las primeras traducciones del Popol Vuh y del Rabinal Achí, son totalmente obsoletas y que existen entre algunos pobladores versiones diferentes a las conocidas. No obstante, la esencia de ambas, una que trata de explicar la creación del mundo por los señores ancetrasles, y la segunda, un drama que representa un conflicto entre poblaciones quichés en donde se muestra respeto a la investidura y dignidad del enemigo, guardan el espíritu nativo del nuevo mundo.

Este espíritu ancestral se ha mantenido entrelazado a través del tiempo desde la conquista hasta la actualidad en las celebraciones rituales de las poblaciones indígenas así como en sus historias maravillosas, las cuales influyeron en la obra de Miguel Ángel Asturias, Mario Monteforte Toledo y Luis de Lión, quienes desde diversos ángulos y lenguajes redefinieron y desmitificaron al indígena, develando parte de su mundo, principalmente en Leyendas de Guatemala (1930) Hombres de Maíz (1949), Entre la piedra y la cruz (1949) y El tiempo principia en Xibalbá (1972).

Atreverse a leer estos libros es entrar en una dimensión diferente a las concepciones del mundo occidental, es decir, aquellas que crean obstáculos en la relación indígena y ladino, la cual aún nos cuesta comprender y nos mantiene en un debate infructuoso entre lo que es y no es racista. Si logramos avanzar en la lectura podremos contar con elementos para comprender nuestra actual realidad, y a lo mejor nos den ganas de retomar alguna lectura precolonial.

Fuentes, en busca de la Gran Novela Latinoamericana