Todos los santos días alguien alega que “la ideología es el problema” que si de izquierda, que si de derecha, que si se puede discutir sin meter la ideología, que la ideología sólo causa división, que la ideología esto o lo otro. Así que me decidí a profundizar sobre el concepto en sí, el significado de la palabra misma.

En ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos, como son el económico, social, científico-tecnológico, político, cultural, moral, religioso, medioambiental u otros relacionados al bien común. Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La representación proporciona un punto de vista propio y particular sobre la realidad vigente, observándola desde una determinada perspectiva compuesta por emociones, percepciones, creencias, ideas y razonamientos, a partir del cual se le analiza y compara con un sistema real o ideal alternativo, finalizando en un un conjunto de juicios críticos y de valor1​ que plantean un punto de vista superior a la realidad vigente. El programa de acción tiene como objetivo acercar en lo posible el sistema real existente al sistema ideal pretendido. (Fuente, Wikipedia).

El punto es que todo ser humano tiene ideología, nos guste o no. Desde el momento en que tiene un concepto, un criterio propio, por el cual rige su comportamiento, su vida, sus acciones y sus pensamientos, ya tiene una ideología. El comportamiento del humano como miembro de la sociedad libre se basa en su propia forma de pensar, y por sociedad se entiende un conjunto de personas que conviven en una misma área geográfica, para ponerlo en palabras muy elementales. Es por eso que cuando la gente se queja que “se meten las ideologías” es inevitable, porque ideología implica tener un punto de vista. Sólo en un régimen dónde al individuo no se le permite tener criterio propio, rige una misma ideología.

Buscar puntos de convergencia entre esos puntos de vista, tender puentes que unifiquen criterios, sería lo ideal para poder buscar estrategias y soluciones consensuadas en una nación complicada y polarizada como la nuestra. Pero eso implica voluntad y honestidad de parte de ambas partes, cosa que no sucede. Mientras un lado de la moneda se dedica a arriesgar para producir, invertir para generar puestos de trabajo, dentro de un sistema sin certeza jurídica, dónde impera el resentimiento, el odio y la corrupción, desunidos y divididos por sus intereses individuales, pero dando a los líderes que manejan el otro lado de la moneda el beneficio de la duda, esos mismos líderes del otro lado se dedican a organizarse, y con dinero no producido por ellos sino regalado por medio de donaciones (que nadie investiga), alimenta más odio y resentimiento, más veneno y con ello destrucción. Y ¿porqué lo hacen? Para llegar al poder y ser como Maduro, como Castro, como la nomenclatura Rusa, o la nomenclatura China. Es decir, para ser multimillonarios a costa de expropiar, nacionalizar y robar a todo el pueblo por igual. Ofrecen igualdad, sin duda, pero para nivelar a todo mundo hacia la pobreza, no para elevar o hacerlos a todos ricos. Al que no tiene no le dan, al que tienen le quitan, y ellos, como reyes. Quizás si usaran su inteligencia para producir y crear algo, serían millonarios sin necesidad de destruir el país, pero más fácil imitar a los dictadores para enriquecerse con la ley del mínimo esfuerzo.

A quienes atacan al sector productivo les recuerdo que ese sector productivo está conformado tanto por los pequeños empresarios que tienen su pequeño negocio en su pueblo, facturan y pagan impuestos, como por los grandes empresarios. Arriesgan todos, los unos que los mareros asesinos los extorsionen; los otros que los secuestren, les nacionalicen, los acusen de quien sabe que cosa, y en ambos casos, que los maten. Atacar al sector productivo no es nada más atacar al señor que anda en Porsche, es atacar al señor que anda en su pequeño camión destartalado llevando con gran esfuerzo su producto a la cooperativa, o comprando sus granos y su fertilizante para sus siembras que quizás aplica con sus propias manos. Es atacar a la señora que luego de una tortillería exitosa abre otra, y da empleo a más señoras en su vecindario, lo mismo que a los dueños de su supermercado favorito.

Hasta que todos entiendan eso, no lograremos encontrar puntos de convergencia, y los puentes se caerán, porque no habrá receptividad en ambos lados. Total que la ideología, es inevitable pero si no existe voluntad, no existirá armonía, y no habrá armonía mientras sea lucrativo vivir de donaciones y resarcimientos.

De nada sirve que un lado luche por mantener a Guatemala libre y soberana, por neutralizar la corrupción, fortalecer las instituciones del Estado, modernizar las Leyes, y ponga su cara y su nombre en el proceso, si el otro lado se esconde tras seudónimos y anónimos para únicamente atacar, dividir, destruir, agredir, sembrar odio y resentimiento. Así, no hay diálogo que valga y perdemos todos, incluyendo los que se dejan utilizar por esos oportunistas que se quieren volver multimillonarios “a la Maduro”.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo