La primera parte de mi consideración sobre el tema data del 16 de marzo 2016 y reitero primero que nada, que he sido siempre y sigo siendo pro pena de muerte. Sin embargo, creo que en la coyuntura actual y siendo el tema sujeto a pasiones, amerita un análisis un tanto más delicado.

En primer lugar, no veo la pena de muerte como un disuasivo del crimen. Está demostrado que no disminuye los índices de criminalidad, pero para quienes como yo estamos hartos, chinos y hastiados de que los criminales salgan en caballo blanco, de las cárceles sobrepobladas, de que nuestros impuestos alimenten y paguen servicios médicos a gente que dejó de ser gente hace tiempo, la pena de muerte viene a ser más que justa. No voy a citar la Biblia nuevamente, porque para eso está san Google, pero que hay varios versículos y pasajes bíblicos que apoyan la pena de muerte, los hay. Y eso es para los que como yo, somos Cristianos practicantes y les da cargo de conciencia apoyar una medida tan dramática.

Un ser humano que a los 16 años ya perdió cualquier indicio de inocencia, cualquier gramo de humanidad, que mata como come, para quien sólo existe “su mara” y que seguro siguió los mismos rituales de iniciación que caracteriza esos sanguinarios grupos, dejó de tener derechos humanos cuando decidió ser un criminal. Es una decisión. Si todos los jóvenes sin oportunidades lo hicieran, no habrían camareros, ni meseros, ni lustrabotas, ni guardianes, ni jardineros, ni choferes, ni maestros, ni policías, ni soldados, ni nada. ¿O me van a decir que todas esas profesiones las ocupan personas que han salido de vecindarios distintos a dónde se originan los jóvenes asesinos de las maras?

Para la PDH, el médico, el internista, el bombero, ese angelito de seis meses de nacida y las demás víctimas de estos desalmados no tienen derechos, no tienen nada. Ah, pero Dios libre que un agente de la PNC toque a uno de estos asesinos porque se va al bote. Dios libre que a estos jovencitos les falte algo en el proceso que están por enfrentar, incluyendo alimento y medicina, porque sus derechos humanos si son sagrados. La ironía arde.

Una amiga me decía el otro día que no está a favor de la aplicación de la pena de muerte en el contexto actual, porque con un sistema de justicia dominado por la izquierda, teme que abusen de ese recurso legal para eliminar a sus enemigos. Creo que si estuviera bien delimitado en las leyes, debería ser implementado, y por cierto ya está contemplado en nuestra Constitución Política de la República. Con una Ley clara, debieran aplicarla a mareros, narcos, pedófilos, asesinos y secuestradores, por igual. Sólo muertos dejan de hacer daños, esos que una vez fueran humanos.

Para quienes me dicen que no se termina la violencia con más violencia, francamente, es un altruismo que admiro pero que creo no podemos darnos el lujo de aplicar. La decadencia humana es hoy mayor que nunca, quizás gracias a la misma tecnología. Ahora es más fácil cortar varias cabezas al mismo tiempo, o descuartizar más gente con mayor rapidez. Los psicópatas y sociópatas tienen más medios para esconderse y para engañar a sus víctimas, y las autoridades, anuladas y maniatadas por un concepto de derechos humanos obtuso y viciado poco y nada pueden hacer. En Internet encuentra uno recetas de pie de queso lo mismo que de bombas de todo tipo, torturas du jour y cuanta monstruosidad se le pueda ocurrir a una mete retorcida y enferma. Estamos hablando de pena de muerte para quienes ya no tienen remedio, quienes han demostrado no poder funcionar en sociedad sin hacer daño. Y de nuevo, fácil decir “me opongo a la pena de muerte” mientras no les tocan un hijo, una madre, un pariente o un ser amado.

Queremos una PNC con las pilas puestas, debemos respaldarlos cuando hagan su trabajo y castigarlos cuando sean corruptos. Y ¿qué decir de proteger a las personas que laboran en los hospitales o a quienes llegan ahí a curarse? Con las cárceles sobrepobladas, y la falta de recursos del Estado, debiéramos privatizarlas, como en Holanda etc. porque ahora tocará crear hospitales en las prisiones para que sean curados allí. O saldrá más barato poner más guardias en los hospitales, so pena que la PDH y compañía limitada los metan presos si osan defender al personal médico o a los otros pacientes, visitas y transeúntes.

A quienes se ponen furiosos con el Ejecutivo, si, es necesario que se amarre los pantalones y declare terroristas a los mareros porque lo son. Pero es el Congreso el que debe permitir la aplicación de la pena de muerte, regulada a cabalidad, y para que los derechos de las víctimas cuenten más que las de los asesinos. En lugar de venir “la Embajada” a decirnos que debemos respetar los derechos humanos de los asesinos, nos debieran permitir, porque toca pedirles permiso, que nos dejen tratarlos como ellos tratan a sus presos en Texas, o en Guantánamo. Ni la Alianza para la Prosperidad ni truco alguno disminuirá la emigración al norte mientras haya tanto crimen, siga la caza de brujas al ejército y al sector productivo, siga maniatada la PNC, haya tanta inestabilidad, carencia de empleo (si siguen matando la inversión ya verán como pararemos) y falta de certeza jurídica, sigan siendo protegidas las invasiones de tierra, los mareros y los criminales.

Lástima que no podemos mandar a todos esos demonios a Cuba, o exportar a los mareros, violadores, narcos y sociópatas a Noruega o a Holanda, dónde seguramente les servirán te con galletitas, con boletos de ida nada más.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo