Ayer escribí, en Siglo21, un artículo sobre el informe sobre Homicidios en Guatemala que con mucha información y detalle prepara semestral o anualmente Carlos A. Mendoza.    En el  reiteraba como una excelente noticia el hecho que la tendencia en cuanto a disminución de homicidios por cien mil habitantes en el país sigue en descenso.  Esto en base a evidencia, a estadísticas.

         Más tarde me entero de la matanza que varios mareros de la “mara Salvatrucha” hicieron en el hospital Roosevelt para rescatar a otro marero de la misma banda que estaba preso y que la policía de presidios lo había llevado a ese hospital para una intervención.

         Alguno ya me comentó lo que otros piensan, que la violencia homicida se ha disparado, que esto ya es el fin, etc.  Pues en realidad el hecho es deleznable desde todos los ángulos en que uno lo vea al igual que cualquier muerte lo es.  Y eso no quiere decir que la violencia homicida se esté incrementando.  Estas muertes son parte de estas estadísticas. 

         También comentaba sobre la estadística de homicidios por municipios y departamentos indicando que había que profundizar en ver las razones por qué en las zonas pobladas principalmente por indígenas hay menos muertes violentas que en las zonas pobladas por ladinos.    La primera conclusión podría ser, como indicó un amigo, que esas zonas indígenas aplican castigos con la Ley indígena y por eso hay menos violencia. 

Sin embargo, no creo que sea tan sencillo llegar a esta conclusión.  Tendríamos que investigar también el narcotráfico, por ejemplo.  Zacapa es el departamento más violento y sus municipios también coincide con el de mayor violencia homicida.  También se sabe que muchos de los narcotraficantes capturados son de esa zona.  Y se sabe que en esa zona hay carteles compitiendo entre sí por pasar la droga del sur al norte.    No digo que esta sea la única explicación pero hay que estudiarla a fondo.

Otra explicación es precisamente el fenómeno de las maras.  Los municipios y departamentos con más población en el país también tienen las tasas mayores de violencia homicida.  Y justamente las maras ocupan estas ciudades.  ¿Existirá una correlación positiva entre los lugares donde operan las maras y una mayor violencia homicida?  ¿Y los lugares donde hay más narcotráfico y una mayor violencia homicida?  Hay que investigarlo profundamente, pero a simple vista, por intuición, uno podría concluir que sí.

El gobierno de Guatemala debe darle mayor prioridad al sistema de justicia y seguridad del país.  Reconozco que algo positivo se está haciendo para que la tendencia de las muertes violentas esté disminuyendo, pero es insuficiente.  No puede ser que el sistema penitenciario continúe en el caos y hacinamiento que tenemos actualmente.  No puede ser que la justicia tarde tanto porque falta jueces.  No puede ser que falte más rapidez de investigación por parte del Ministerio Público y de presentación de pruebas y evidencias por parte de INACIF.  No puede ser que el gobierno pretenda gastar en cosas menos prioritarias cuando esta es la más importante de todas, es la justificación de la existencia misma del gobierno.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo