En momentos de crisis es cuando probablemente afloran los aspectos más débiles del ser humano pero también aquellos que lo hacen grande. Quizá en un momento de tanta polarización, un llamado a hacer reflexión pueda caer muy mal, ser etiquetado como un distractor o en el peor de los casos como un silencio cómplice que puede ser atribuido como un apoyo a cualquier parte en conflicto. Sin embargo es bueno tomar la pausa para pensar en frío las cosas y quizá extraer lecciones personales e institucionales que puedan ayudarnos a mejorar.

En cualquier conflicto es bueno siempre dejar una puerta abierta. Todos tienen el derecho y la responsabilidad de plantear sus posiciones, pero nunca hay que cerrar las opciones. Eso no debe verse nunca como claudicar. Al final si el barco se hunde no importa de qué lado estuvo la filtración, que igualmente los pasajeros se ahogarán.

El liderazgo debe promover el sentido común. No siempre es fácil ni popular hacer lo correcto. Escuchar siempre a todos, pero decidir y convencer es el papel de las dirigencias en cualquier ámbito de la vida. En momentos de gran volatilidad no es posible tener toda la información ni todo el consenso posible; por ende las decisiones a veces se toman con un alto nivel de responsabilidad y de soledad, ciertamente. Por ello tomar el sentido común como la mejor guía es fundamental.

Los comunicadores deben hacer un esfuerzo por separar el sentimiento de la labor informativa. Los medios de comunicación son claves en una sociedad y tienen el derecho de fijar su posición editorial frente a los grandes acontecimientos nacionales. Pero en la relación de sucesos tienen una responsabilidad mayor de presentar con objetividad y balance. Su credibilidad en el largo plazo es la que está en juego.

La comunicación directa entre los actores es fundamental para entenderse. No hay sustituto a hablarse directamente. Hasta los matrimonios en los que surgen problemas, la comunicación respecto de los temas de hogar es necesaria. Comunicar a la distancia, por lo medios de comunicación o simplemente no comunicar no es una buena opción. Aun sea para discrepar, los canales deben estar abiertos; ellos representan la expectativa de que las cosas cambien luego.

Las emociones deben dar paso a la razón. En toda crisis emergen emociones. No hay una que sea más importante que otra, si lo consideramos de cada perspectiva individual. Sin embargo, la razón sí requiere argumentar y por supuesto que hay unas razones que pesan más que otras. Por lo tanto, en estas discusiones las emociones, que siempre estarán presentes, son válvulas personales de escape pero no canales de solución. Hay que pasar al ámbito de la razón.

No se trata de ganar, se trata de ver qué queda después. He escuchado a muchos plantear esto como un combate a dos de tres caídas. Muchas crisis de estado no son necesariamente temas de gana y pierde. Se trata más bien de cuál es el país que queda luego de la crisis. Si no se tiene en cuenta esto, las ganancias de corto plazo se convierten rápidamente en pérdidas de largo plazo.

La credibilidad de quién convoca. Buscar, en una sociedad caracterizada por el prejuicio y la descalificación, quién es el personaje puro y cátaro que tenga la capacidad de suscitar confianzas y credibilidades de todos es por supuesto muy difícil. Muchas oportunidades se pierden por estas discusiones bizantinas. Los grandes procesos toman forma a partir de iniciativas de origen insospechado. Son los acuerdos y la buena voluntad las que finalmente coronan el éxito de las mismas.

Las personalidades influyen y deciden. Cuánto más peso tenga una figura en vida política de un país tanto más es su responsabilidad. En ocasiones la presión mediática y los círculos de influencia condicionan el actuar porque frente a sus respectivas audiencias se “debe corresponder” muchas veces con determinado papel que desempeñar. Escapar de esta presión de grupo es propio de las grandes personas.

Ojalá hoy haya espacio para hacer introspección. Solo con plantearse algunos de estos temas, la lectura habrá cumplido su propósito. A veces no hay segundos chances.

 

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