Una de las definiciones de “bien” dadas por la Real Academia Española es “todo aquello que es apto para satisfacer, directa o indirectamente, una necesidad humana”.  Otra definición es “en la teoría de los valores, la realidad que posee un valor positivo y por ello es estimable”.  Una  de las definiciones de “fe” que da la misma RAE es “confianza, buen concepto que se tiene de alguien o de algo”.

Dado lo anterior, ¿en dónde está la buena fe o el bien común en los actos cometidos por los diputados?  Al momento que usted amablemente lee esto, los diputados habrán “desandado lo andado”, como diría mi papá, retrocediendo en su “aventura” de pasar, de urgencia nacional, dos leyes nefastas para el país.

Pero esto de decir que hacen las cosas de buena fe o por el bien común, no es exclusivo de los diputados. También lo dicen otros funcionarios, como el superintendente (con minúsculas, a propósito) de la SAT, al decir que es necesario incrementar el impuesto sobre la renta para satisfacer los requerimientos de todo el gobierno para poder brindar a la población los servicios que deben dar (o algo así…).  ¿Y si en vez de hacer que paguemos más, sin obtener absolutamente nada a cambio, optamos por reducir el tamaño del gobierno para que haya más dinero dirigido a las funciones básicas de proteger la vida, la propiedad y la libertad?

Esto no se les ocurre pues la idea es gastar y gastar, por el bienestar, o bien, de la población.  Dicen ellos que con diez mil millones más de lo que tuvieron este año, van a resolver nuestras necesidades.  Nunca, reitero, nunca, lo harán, mientras no haya enfoque en lo básico y fundamental y no haya cambio de sistemas para que de verdad ejecuten, y con transparencia.  Por ejemplo, el Ministerio de Comunicaciones pidió tres mil millones más porque con esto sí van a recuperar la red vial.  Resulta que, según una nota de prensa publicada ayer, este es el ministerio con menos ejecución (29%), junto con el inútil Ministerio de Desarrollo.

El convenio 169 que busca proteger los derechos de los pueblos indígenas habla de “diálogos de buena fe”.  En todo el convenio se repite ese término.  ¿Buena fe de acuerdo a quién?  La RAE es muy clara en su definición, pero los vividores de la conflictividad dicen que es bueno invadir tierras porque, pobrecitos, los indígenas no tienen y es su derecho ancestral. También dicen que harán consultas comunitarias de buena fe para que los comunitarios se expresen respecto al proyecto de inversión y desarrollo que se hará en su región.  Pero, antes de llevar a cabo la consulta, han pasado semanas adoctrinando a los pobladores con mentiras sobre los daños que estos proyectos supuestamente causarán.

Luego vienen los abusos de la buena fe.  Los propietarios de las hidroeléctricas y de las minas invierten millones de quetzales en proveer salud, educación, infraestructura, capacitación y, sobre todo, vida digna, a las comunidades aledañas.  Esto sí es demostración de buena fe.

Actuar “de buena fe” y por el “bien propio” y el “bien común”, empieza por tener principios y valores firmes y que no son negociables, nunca.  Ni la política,  ni el dinero, ni los intereses de otros ni nada, deben hacernos ceder en los valores básicos y fundamentales.  En medio de nuestras infinitas limitaciones y los muchos defectos que tenemos como seres humanos, actuamos con integridad, siempre

Que la buena fe o el bien común no sean los menos comunes de los bienes. ¡Feliz día de la independencia!

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo