Hoy celebramos la Independencia de Guatemala en medio de un país convulsionado políticamente.  La corrupción del gobierno campea por todos lados y todavía hay quienes, en medio de este caos se atreve a decir que necesitamos subir impuestos tal como lo dijo recientemente el jefe de la SAT Juan Francisco Solórzano Foppa.  Esto es un descaro porque el país no necesita incrementar impuestos sino reducir gastos.  El gobierno tiene gastos por todos lados, gastos que no tienen nada que ver con su misión y que han significado una enorme corrupción.

Mi amigo Erick escribió lo siguiente al respecto: Esto es como tener un producto o servicio a la venta, con muchas mejoras por implementar (seguridad, certeza a las inversiones, infraestructura, sistema judicial eficiente, ambiente de negocios limpio sin competencia desleal por contrabando y otros males que padece nuestro querido País, etc….) pero pretender subirle el precio (impuestos) antes de mejorarlo.  El resultado será obvio: ¡reducción de interesados en invertir en nuestro País, salida de empresas y con ello desempleo y más pobreza! ¿Debemos cobrar más a quienes ya pagan sus impuestos? ¡No!, es necesario incluir entre quienes aportan con sus impuestos a quienes no lo están haciendo, todos debemos contribuir en la misma proporción, sin distinción.

        Guatemala es un país pobre que necesita urgentemente inversiones privadas en abundancia para poder retomar la ruta del crecimiento económico.  Sólo así podremos mejorar el nivel de vida de los guatemaltecos.  Hay que comenzar eliminando ministerios y programas que no sirven para nada y más bien han creado corrupción.   Se ha hablado mucho de transparencia, pero lo que está haciendo el presidente (al recetarse un bono que, aunque sea legal no demuestra transparencia) y los congresistas al crear leyes que les dan impunidad va contra toda la lógica de lo que se debe hacer para fortalecer el Estado de Derecho.

No se necesita más dinero para mantener estas ineficientes instituciones pues el gobierno lo tiene y lo ha despilfarrado en mil funciones que no son la suya.  Se necesita actuar de inmediato cerrando ministerios que han causado corrupción y clientelismo político como lo es el de Desarrollo.  Y una enorme cantidad de programas que permiten a los parásitos vivir a costa de los gobiernos de turno.  Si sólo nos concentráramos en Seguridad y Justicia entonces el índice de homicidios por cada cien mil habitantes disminuiría dramáticamente a niveles de los países desarrollados y las inversiones a las fincas ya no se darían porque en el momento de la misma serían detenidos los inversores.  El dinero que va a los diferentes Ministerios podría reducirse sustancialmente si eliminamos tantas regulaciones, permisos y licencias que se le piden a las personas en lo particular para poder montar una empresa, construir una bodega o llevar a cabo una explotación industrial de productos no renovables y renovables.  Toda esa burocracia que vive de la corrupción y el tortuguismo desaparecería.

Finalmente, contrario a Foppa, el ISR (Impuesto sobre la Renta) debería desaparecer dado que es un impuesto al más eficiente, al que crea más riqueza y a la capitalización.  Justamente esto es lo que se necesita para que el país crezca más rápido.   Si se reducen los gastos del gobierno para mantener únicamente la seguridad y la Justicia (todo lo demás puede ser proporcionado perfectamente por las personas en lo particular), entonces el país necesitará únicamente un 3-4% del PIB para su funcionamiento.  Lo demás sobra.  Ese dinero que no expolie el gobierno quedará en manos de gente que lo multiplicarán creando riqueza en vez de consumirlo y gastarlo en burocracia.

Otro amigo, Andrés, escribió acertadamente lo siguiente: “El tráfico de influencias, o su forma más extrema, que es el soborno directo, es una consecuencia del estatismo y de la regulación que va en contra de un mercado libre.”  Dicho en otras palabras, la corrupción es una consecuencia de la intervención y exceso de regulación del gobierno.  Si reducimos al gobierno a su función principal y nada más entonces reduciremos enormemente la corrupción.  Nunca se eliminará 100% pero se reducirá a un mínimo.    Mientras más civilizado sea un país, menos regulaciones necesitará y más intercambios libres y voluntarios ocurrirán.  Por querer regular todo creamos un mundo con tantas trabas y complicaciones que la corrupción es el medio para que funcione y en ese ambiente se aprovechan los políticos que con su sello y poder monopólico puede acelerar o no permisos y licencias para hacer algo.

Definitivamente todo lo que estamos viviendo se debe al inmenso aparato estatal que tenemos.  Puede que algunos digan que es pequeño, pero no lo es.  Para un país como Guatemala es enorme, significa un lastre que impide el progreso y el bienestar de sus habitantes.

 

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