A los diputados, que estaban ilegalmente retenidos por manifestantes, los tomó por sorpresa el rescate que hizo ayer a la medianoche la Policía Nacional Civil (PNC).

Los parlamentarios llegaron al Congreso el día de la independencia patria, en medio de un amplio rechazo ciudadano, con la consigna de dar marcha atrás en las reformas al Código Penal que eximían de responsabilidad a los secretarios generales de los partidos políticos del delito de financiamiento electoral ilícito.

Y así lo hicieron, anularon las reformas, pero no imaginaron que los manifestantes iban a bloquear las puertas para no dejarlos salir. Los inconformes, recuerda Chinchilla, estaban condicionando su liberación, a cambio de que renunciaran a sus cargos.

Durante el día habían hecho llamadas al ministro de Gobernación, Francisco Rivas, a quien han estado interpelando, y al director de la Policía Nacional Civil (PNC), Nery Ramos, para que fueran en su auxilio.

Pero no había pasado nada. Y cuando empezaban a resignarse y pensar en que deberían amanecer en el Congreso empezaron a escuchar un alboroto en las afueras del Palacio Legislativo y sentir el olor a gas pimienta. La liberación, había empezado.

Desesperados y preocupados

“A las 23:00 horas los diputados ya estaban desesperados, cansados de tanta violencia” afirma Óscar Chinchilla, presidente del Congreso, quien también señaló que “no sabían” que iban a ser rescatados justo cuando el día estaba dando sus últimos suspiros.

Siempre tuvieron la convicción que iban a ser liberados pero lo que no sabían era a qué hora. En ello coinciden otros diputados entrevistados.

Mientras tanto las familias de los parlamentarios estaban con el Jesús en la boca ya que temían lo peor.

“La situación allá adentro era incómoda, pero de alguna manera estábamos resguardados. No obstante, había preocupación de lo que iba a pasar a cuando saliéramos”, cuenta Juan José Porras, jefe de bancada de Visión con Valores (VIVA).

Nineth Montenegro, jefe de bancada de Encuentro por Guatemala (EG), dice que les llegaban rumores de todo tipo y mensajes confusos de lo que estaba pasando en los alrededores del Congreso.

“Llegó información de que estaban intentando botar la puerta y cundió la preocupación”, afirmó la parlamentaria al relatar el ambiente que se vivía a lo interno del Legislativo.

En el Congreso no había comida por los legisladores pero si agua pura. “Siempre hubo café y el agua no faltó”, afirma la diputada de Encuentro por Guatemala (EG), Nineth Montenegro.

La ansiada liberación

Pasadas las horas y entrada la noche los diputados se dispersaron a lo interno del Congreso. Unos permanecían en el Hemiciclo, otros en sus oficinas, y unos más platicaban en los pasillos de lo que estaba ocurriendo afuera.

En eso se corrió la voz que ya había llegado la PNC. Entonces, los diputados “se agruparon en los Pasos Perdidos para salir”, recuerda Porras.

Cuando ya las fuerzas de seguridad habían tomado el control y dispersado a los manifestantes los subieron en buses de la PNC y los llevaron al edificio de la Dirección General de la Policía.

Ahí los llegaron a recoger familiares o los pilotos que trabajan con ellos. Pero no todos salieron al mismo tiempo. Otro grupo, los diputados que votaron en contra de las reformas al Código Penal que luego fueron rechazas por la población, se quedaron unos 45 minutos más, por seguridad.

“Nos quedamos hasta que pasara el bullicio, cuando ya estaban las calles vacías, cuando ya no había nada, llamamos al Ministerio de Gobernación. Nos llegaron a traer en un bus”, concluye Montenegro.