Por más optimistas que queramos estar, Guatemala es un desastre actualmente. No hay una sola cosa que se salve. El sistema de salud, el congreso, la garantía de vivir en un país soberano… todo está en crisis. Aquellos en quienes decidimos encargarles el poder sobre todo un país, están fracasando en su labor. Pero obviamente, fracasan de una manera tan particular que los daños no les llegan a afectar a ellos.

Cuando veo por ejemplo a la centena y más diputados del congreso, mi mente se remonta al tiempo de votaciones. Realmente, mientras estuve haciendo cola para ejercer mi derecho al voto no escuché ni una vez que alguien hablara de la elección de diputados. Todos estaban más bien concentrados en el presidente, esa figura grande que aplasta con la atención que recibe a todos esos otros puestos influyentes pero olvidados en el gobierno.

En mi circulo de amigos escuché varias veces que ninguno entendió cómo voto en la papeleta de los diputados. Quizá conocían a uno de todos los que se nombraban y probablemente por esa identificación decidieron marcar. Es indignante, ahora que lo pienso, saber que muchas de las personas que hoy en día están en el poder… llegaron ahí gracias a las votaciones de personas que ni siquiera los conocían o ubicaban su ideología.

Cuando veo los disturbios en el Congreso, provocados por las malas iniciativas que los congresistas escogen aprobar… pienso en esos amigos que no saben por quienes votaron, pienso en mi voto, pienso en el voto de las personas que me acompañaron en esa última votación y por sobre todo, pienso en aquellos que no salieron a votar.

En tiempo de elecciones, escogemos siempre el trabajo más fácil. Escoger al candidato que nos desagrade menos, marcar una equis sobre el alcalde que parece menos descarado y por sobre todo, le damos nuestro voto al grupo de diputados cuyos nombres más suenan en nuestra mente. Y lo hacemos todo sin sensibilidad, sin consideración de los hechos venideros que por ejemplo podrían ser los de ésta semana. No terminamos de entender que en ese pequeño acto de votar, entregamos una porción de poder. Porción, que por cierto, podría llegar incluso a arruinarnos la vida de manera muy personal.

Aunque no todos votan sin consideración, me parece que una buena parte de nuestra ciudadanía no piensa antes de marcar en su papeleta. Es importante ser críticos en tiempos de impetuosidad política, pero también es importante pensar antes de votar. De manera que con suerte, algún día, podamos escoger ente muchos a las pocas personas que realmente están tratando de hacer una diferencia. Que le entreguemos esas plazas a las personas que si quieren que Guatemala avance. Y dejemos de hacer que el trabajo de un diputado, sea atractivo y accesible para cualquier inepto.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo