El calor del mediodía es aún más intenso por la temperatura de 150 grados centígrados de la mezcla asfáltica.

Mynor Batzín, de 33 años, se seca el sudor con el dorso de su mano derechqa, se agacha y aplica diesel al rastrillo para que resbale y no se pegue en el material que dispersa en el área del tramo carretero que están arreglando, ubicado a inmediaciones del kilómetro 71 de la ruta de Antigua Guatemala a Jocotenango, en Sacatepéquez.

Batzín labora para una de las 60 empresas contratadas hasta el momento por la Unidad Ejecutora de Conservación Vial (Covial), encargadas del bacheo de la red vial pavimentada del país, la cual evidencia serios  daños debido a que ya terminó su tiempo de vida (de 10 años a 15 años) y a la falta de mantenimiento por el abandono de los últimos gobiernos.

Mynor Batzín, tiene 13 años de dedicarse a rellenar los baches de las carreteras del país.

Son en promedio tres empresas de bacheo por departamento. En Sacatepéquez, donde se ubica el tramo carretero en el que trabaja Batzín, lo destinado para estos trabajos, que incluye entre otros el bacheo, es de Q14.8 millones y solo se han desembolsado, hasta la fecha,  Q1.8 millones; es decir, el 12.2%, según el Sistema de Contabilidad Integrada Gubernamental (Sicoin).

Entre el laboratorio y el bacheo

El olor a asfalto y un polvo pegajoso reina en el entorno donde Mynor Batzín, el “rastrillero”, como le llaman sus compañeros, dispersa la mezcla asfáltica que está compuesta por piedrín, arena, un grano fino llamado filler y un ligante asfáltico.

“Tengo 13 años de trabajar en esto, cinco como bachador y ocho en un laboratorio donde se lleva un control de la calidad de la mezcla”, dice quien en la actualidad es el encargado de la cuadrilla, ocho personas.

“Pasen el escobón, pilas, pilas”, dice en voz alta a sus compañeros mientras agita las manos e interrumpe la conversación.

El tramo al que le dan mantenimiento forma parte de los 6,008.7 km de carreteras centroamericanas, nacionales y departamentales pavimentadas que están bajo la responsabilidad de Covial, que empezó a funcionar en 1998.

Antes, las zonas viales de la Dirección General de Caminos (DGC), eran las encargadas del mantenimiento de las carreteras pavimentadas y no pavimentadas. Los trabajos incluyen bacheo, sello de grietas, señalización y limpieza de la maleza, las cunetas y las tuberías que atraviesan las carreteras.

La tarea más dura

Mynor Batzín solo estudió hasta tercero básico y es de los que más nivel académico tiene entre sus compañeros de labores. “El trabajo más duro es el levantamiento de la carpeta asfáltica en donde se usa un martillo hidráulico y piochas”, dice.

Sale a las cinco de la mañana de Amatitlán a su lugar de trabajo y la faena empieza por lo regular, entre las seis treinta y siete de la mañana. Tiene tres hijos que oscilan entre los 3 y los 12 años. Al ser consultado acerca de cuánto gana, se limita a decir que los estipendios van de los Q3 mil a los Q6 mil.

La tarea empieza con el corte del asfalto dañado en ángulos rectos con una sierra de diamantes. Luego viene el retiro del material, la limpieza y secado de la superficie, la aplicación de una emulsión para que se adhiera bien la mezcla asfáltica que se aplica a 150 o 145 grados centígrados y por último la compactación con un rodo mecánico. Se estima que cada una de las 60 empresas de bacheo emplea en promedio de 10 a 15 personas.

Agricultura y bacheo

Selvin Velásquez, de 36 años, es nuevo en el trabajo de reparar carreteras. “Es mi primera temporada, tengo tres meses”, cuenta mientras no deja de aplicar con un escobón un ligante para que la mezcla asfáltica se adhiera bien.

“Los primeros días me dolían los brazos, ahora ya me acostumbré”, comenta Velásquez, quien es originario de aldea Estancia de la Virgen en San Raymundo. El trabajo de bacheador es temporal, por ello el resto del año se dedica a la agricultura.

Selvin Velásquez,tiene tres meses de haber empezado a trabajar como bacheador.

“Siembro maíz y frijol o me voy a cortar caña a la costa sur”, afirma. Agrega que gana Q1 mil 366 quincenales y que apenas cursó sexto grado de primaria.

La jornada de trabajo de Mynor y Selvin es por lo general de ocho o nueve horas y termina cuando se concluye de recoger el asfalto removido y se limpia el área dónde se trabajó.

Su esfuerzo agotador, como el de decenas de trabajadores, es premiado al observar carreteras sin hoyos, limpias y libres de malezas, una labor que requiere batallar contra el estado del tiempo y la prisa de los conductores.

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