La corrupción es la acción y efecto de corromper o corromperse. Es el introducir un vicio o un abuso, en la mente, en las costumbres o en las actividades del día a día. La coyuntura actual del país, en la cual nos hemos dado a la tarea de señalar el pésimo y nefasto trabajo de la mayoría de funcionarios públicos, nos invita a reflexionar más allá de las actividades políticas y estatales. Nos invita a dejar de ver para afuera y adentrarnos en nuestra casa, nuestra familia y nuestra vida.

¿El corrupto nace o se hace? ¿Quién cría al corrupto? Habrá quienes afirmarán que la sociedad deforma la consciencia del individuo, o que las diferentes circunstancias de la vida llevan a las personas a actuar de formas indebidas, y estas perspectivas tienen algo de razón. Sin embargo, la familia debe velar, en todo momento, por fortalecer los valores fundamentales para formar buenos ciudadanos. La familia es la primera esfera social de la persona, del ciudadano; Y la primera herramienta de formación siempre ha sido y será el ejemplo.

La semana pasada, en el ajetreo de la convocatoria al paro nacional del #20S, llamó mi atención un texto que me pareció atinadísimo. ¿Estamos sembrando corrupción en nuestros hogares? ¿Somos los responsables de criar corruptos? El texto exponía algunos ejemplos: ¿Respetas el semáforo y las reglas de tránsito? ¿Das mordida a los policías? ¿Le vendes alcohol a menores? ¿Crees que es “pilas” el que roba, miente y se sale con la suya? ¿Te estacionas en lugares que no te corresponden? ¿Tiras basura en la calle o recoges la basura que encontras en el camino? ¿Le compraste la licencia a tus hijos? ¿Compras objetos robados o “pirateados”? ¿Le pagas un salario justo a tus empleados? ¿Cobras de manera justa tus servicios profesionales? ¿Te pasas de vivo cuando podes, con las reglas y las leyes? ¿Exoneras a tus hijos de sus responsabilidades? ¿Sos permisivo con sus actitudes equivocadas o desatinadas? Todos estos cuestionamientos no son nada más que un llamado a la conciencia ciudadana, quien hoy tanto le exige la clase política, a que se auto examine y defina realmente hasta dónde vive una cultura de la legalidad, de manera personal. Hasta dónde practica todo aquello que predica y exige. Hasta dónde da el ejemplo en su casa, su trabajo y sus espacios sociales. Hasta dónde es partícipe de criar corruptos para el país. Pareciera que el sentido común y el bienestar común son conceptos que los guatemaltecos poco conocemos.

Me parece sano y necesario que alcemos la voz como ciudadanos y que señalemos todos aquellos actos de corrupción que atentan contra el desarrollo de nuestro país. Todo aquello que nos vulnera, que nos daña, que nos corrompe como sociedad. Por esta razón es importante hacer este señalamiento también a lo interno, porque los corruptos no salen de las alcantarillas, no crecen en los árboles, ni tampoco llegan en naves espaciales. Los corruptos nacen y crecen en una familia… ¿Qué estamos haciendo todos por fortalecer a las familias guatemaltecas? ¿Qué estás haciendo tú por la tuya?

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo