Una de las pasiones en mi vida ha sido leer sobre operaciones militares, tanto en la guerra de guerrillas guatemaltecas como en las grandes operaciones militares de comandos y fuerzas especiales en la historia militar. Por ejemplo el magistral golpe a los terroristas islámicos en Entebbe, Uganda, de los israelíes o la operación de rescate magistral de las fuerzas especiales colombianas en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez contra las asesinas y secuestradoras Farc, para liberar a varios rehenes norteamericanos y colombianos (entre ellos la malagradecida socialista de Ingrid Betancourt) ¡de las garras de uno de los carteles criminales de la droga más grandes del mundo!

Aquí en Guatemala se puede elogiar igualmente las operaciones militares contra el EGP y el rescate de cientos de miles de civiles indígenas ixiles y quichés en los polos de desarrollo y las patrullas de autodefensa civil del ejército de la república de Guatemala o ahora, en tiempos recientes, la impecable operación policiaca del 15 de septiembre de 2017 en la zona 1 de la ciudad capital, contra los remanentes violentos de una protesta legítima ciudadana, que en su mayoría fue correcta, pero que ya en horas de la noche de ese 15 de septiembre degeneró en el secuestro, por una turba de una minoría violenta, que rodeó el Congreso y secuestró por más de diez horas a cientos de trabajadores civiles y congresistas, aun a aquellos que habían votado en contra de las pésimas reformas penales que el Congreso había implementado tan solo días antes.

La policía guatemalteca no solo dispersó sin disparar un solo tiro a esos algunos miembros violentos de aquella protesta afuera del Congreso, sino que logró rescatar a tres autobuses de rehenes sin que un solo rehén o manifestante saliera herido, la PNC en esa operación impecable logró mantener el orden y rescatar a funcionarios y empleados civiles del Congreso de forma muy profesional y encomiable.

Aún estoy esperando el acto público del presidente y el Gobierno condecorando y reconociendo a uno por uno de los policías y oficiales de la PNC mandos y tropa que participaron en aquella exitosa y ¡muy necesaria operación policiaca exitosa!

Por todo lo anterior, es importantísimo seguir con el proceso de entrenamiento y profesionalización de todos los policías, presidios, fiscales y soldados y oficiales guatemaltecos y lograr que la agenda norteamericana en Guatemala cambié de la politizada CICIG, a una cooperación bilateral con los norteamericanos en las áreas de inteligencia civil y militar, presidios, policía en los campos específicos de investigación y entrenamiento con el FBI, departamento de Justicia, departamento de Defensa y las agencias de inteligencia de los EUA e Israel y llegar a tener otra vez como las tuvimos en la guerra de guerrillas, fuerzas de seguridad militares y civiles de primer nivel (en aquel entonces especialmente militares) con capacidad de respuesta, entrenamiento, tecnología y equipo suficiente para desarrollar un Estado de Derecho y un estado de ley y orden interno que permita a la seguridad interna del Estado imponer la autoridad del gobierno en todo el país reprimir a los criminales de forma legal y legítima en todo el país y garantizarle la paz y la seguridad s todos los ciudadanos en Guatemala.

Los guatemaltecos debemos cambiar radicalmente la postura y la política de la cooperación internacional en el país y expulsar a todas aquellas agencias europeas y de Naciones Unidas que insisten en fondear a ONG violentas y/o políticas en Guatemala y con ello detener nuestro crecimiento y desarrollo económico.

¡Lo que los guatemaltecos queremos son cientos y miles de empresas de todo el mundo que vengan a invertir en Guatemala y tengan sus inversiones aseguradas mientras estén en el país! ¡Lo que no queremos es dinero corrupto de ONG y de extranjeros fomentando el odio, la lucha de clases y la guerra política de las agendas socialistas extranjeras en Guatemala! ¡Inversiones sí, ONG violentas y políticas FUERA DE GUATEMALA!

Cooperación para la seguridad ciudadana y el crecimiento económico bienvenidos, intervención en asuntos internos políticos… ¡¡¡ya no más!!!

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo