Cuando ser guatemalteco es tener poco suelo debajo de los pies.

Trastocado el invierno por un invierno sobre sí.

Surge en mí, constantemente la memoria de la primavera y su alegría.

Primavera que se fuga de su tiempo y encuentra sentido en una persona que se hace libro.

Pero ese libro se hace persona devolviendo esa intuición mágica de los que se confiesan que nacieron para escribir y escriben para existir.

En esa existencia acompañada por el ruido de trenes de la bananera, del amigo de infancia, Caryl, del silbato de la otredad que se hace una, pero a la vez distinta.

En ese recuerdo aparece la imagen de Iván, Aliosha, Mitia, Pavel, son cuatro, tal vez tres, pero el corazón humano los hace uno y a su vez ninguno.

Carlos, resuena la voz, las musas le permiten, que aquellos guatemaltecos, que aún conservan el suelo debajo de los pies reconozcan la grandeza de la humildad.

Aquellos que viven desde su altura los Campos Elíseos guatemaltecos de 1987. que rememoran las transformaciones, pero que en el olvido del invierno de su vida recuerdan por algunos instantes al alma pura, de Carlos Interiano y su energía.

En ese recordar aparece la antítesis de su juicio, de su vida y de su horadado pensamiento. Las acciones de las almas puras son más fuertes que las combinaciones del vicio, o dicho por Raymond Radiguet Mais “les manoeuvres inconscientes d’une âme pure sont encore plus singulières que les combinaisons du vice”.

Aparece la figura de Chiquimula, que en el náhuatl de los vencedores surgió del jilguero, de la pirámide o del agua. En ella palpita un corazón que conquista con suave voz la esperanza. En medio de la capital del reyno Payaquí, que sufre de la naturaleza la Santísima Trinidad de 1765. Sin embargo, el corazón late y vive.

Ese corazón alegre, sincero que con su limpio ropaje blanco enarbola la fe de lo que representa amarse en medio de las vicisitudes y conseguir ondee libre sobre un suelo cada vez más virtual, efímero y escindido frente a haliaeetus leucocephalus, el precioso pharomachrus el Pabellón de su amada patria.

En medio del trastocado lema de Paleologo «Basileus Basileon, Basileuon Basileuonton» que se cierne sobre nuestra tierra con superioridad queriendo integrar en una sola expresión colonialismo y libertad surge esa dicha y esa alegría de ver a personas de bien como Carlos Interiano amando Guatemala con todo su corazón.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo