Pocos se dieron cuenta del cambio climático que hubo en Guatemala durante, por lo menos, los últimos tres gobiernos. Este cambio ha afectado a casi toda la población y en especial a la más vulnerable, los pobres.

Muchos de los burócratas en el gobierno, los magistrados en las cortes, los diputados en el Congreso, los mercantilistas y los saqueadores se han encargado de destruir el precario clima de negocios. La más reciente Encuesta de Expectativas Económicas del Banco de Guatemala, con datos de septiembre, es un reflejo de ello.

El Índice de Confianza de la Actividad Económica de esta encuesta se ubicó, para septiembre, en 25 puntos, sólo 3.4 por encima del peor resultado durante la crisis política del 2015. Llama la atención el desplome de este índice de agosto a septiembre con una caída de 44.45 a 25 puntos, es decir, de un descenso del 43.7%

Si consideramos que este índice mide la percepción sobre la situación económica actual y el ambiente para los negocios que tienen los analistas económicos entrevistados, podemos observar que el clima para hacer negocios se ha deteriorado sustancialmente de un mes a otro, pero que este deterioro también se ha mantenido hacia la baja desde inicios de año con excepción de abril.

Ninguno de los encuestados consideró que, en la situación actual, es un buen momento para invertir y casi el 44% consideró que era un mal momento para invertir. Esto coincide con el raquítico crecimiento que se estima para este año.

Si bien es cierto, la crisis política a raíz de la controversia “non grata” entre MP-CICIG y el presidente Jimmy Morales han agudizado los problemas económicos, éstos datan de tiempo atrás. Como por ejemplo, cuando en el gobierno de Torres-Colom quien quería seguridad debía pagar más impuestos ya que lo recaudado era, supuestamente, para los programas sociales. O la reforma fiscal que impulsó el gobierno de Otto Pérez Molina. O el más reciente intento de aumentar impuestos del gobierno de Morales, sin mencionar la persecución fiscal.

Las Cortes han hecho lo suyo en la destrucción del clima de negocios, con resoluciones contradictorias que en lugar de proteger a quienes cumplen con la Ley les suspenden sus operaciones, como en el caso de las mineras e hidroeléctricas.

Algunos de los elementos que destruyen un ambiente propicio para los negocios son: las trabas burocráticas para la operación de los negocios, ya sea por permisos o concesiones discrecionales, legislación laboral rígida, reformas fiscales continuas y arbitrarias, regulaciones complejas de cumplir, falta de seguridad física y certeza jurídica, serían sólo algunos sin mencionar la falta de infraestructura.

El papel del gobierno es el de facilitar las operaciones de quienes deseen invertir, no mediante privilegios sino a través de reglas claras y simples, aplicables a todos. Proteger la propiedad de todos los ciudadanos.

El peor cambio climático que se puede dar en países pobres como el nuestro es el cambio en el clima de negocios, ya que al destruir la confianza en las reglas del juego claras y constantes, alejarán a los inversionistas serios y auditados internacionalmente y, a la larga, atraerán a aquéllos que estén dispuestos a convivir con la corrupción que genera este tipo de regulaciones inestables.

El peor cambio climático es aquel que destruye las condiciones favorables para los negocios en un ambiente de libertad, esos cambios que alejan cada vez más las oportunidades a los más pobres de ganarse su propio sustento y los condenan a vivir en la miseria o dependiendo de la ayuda estatal. Si realmente queremos vivir en un país mejor, debemos ocuparnos en eliminar aquello que destruye el clima de negocios.

@Md30
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