Bueno, empecemos por la posibilidad que nos dejen trabajar. ¿Quiénes? Pues el gobierno. Sí, el gobierno no nos deja trabajar. Me explico.

El gobierno cree tener la capacidad de controlar todo lo que sucede en el país. Más aún, tiene ese deseo insaciable de querer controlarlo todo. La cantidad de regulaciones que hay es extrema. Y la cantidad de trámites que hay que hacer para cumplir con cada regulación, es exagerada. Por ejemplo, el registro sanitario de un alimento o de un medicamento, en el que piden muchas cosas y se tardan hasta seis meses en otorgarlo. ¡Y después exigen que bajen los precios! O de una licencia de construcción a la que le agregaron una firma en el Ministerio de Salud Pública. Escapa a mi capacidad intelectual entender por qué se hizo, pero ha ocasionado retrasos y costos altísimos. Son solo dos ejemplos. Usted, que amablemente está leyendo esto, podrá incrementar esta lista indefinidamente.

Tampoco nos deja trabajar el gobierno cuando pretende financiar esa insaciable necesidad de control, con impuestos. En vez de invertir en mejorar el negocio, crecerlo, tener un nuevo producto, etc., tiene que pagar impuestos. Y si usted es de los que está en esa lista de productos que tienen impuestos específicos, como cigarrillos, bebidas alcohólicas o gasolina, ya se lo llevó el río, pues vende menos de lo que pudiera vender por ese “adicional” que debe subirle al precio final. La solución que siempre impone el gobierno es subir impuestos porque no le alcanza el dinero. Ni le va a alcanzar nunca. ¡Para el próximo año pretenden incrementar en diez mil millones el presupuesto!

No nos deja trabajar cuando no nos proporciona la infraestructura necesaria para poder comercializar dentro y fuera de Guatemala. Empecemos por las carreteras. Si usted tiene su negocio en la ciudad de Guatemala y quiere vender en Xela, le costará más tiempo llegar allá por el pésimo estado de la carretera y también incrementará el precio de su producto porque el mantenimiento de su pick-up, llantas y consumo de combustible serán mayores. Si usted contrató el servicio de transporte, seguramente le está costando más caro.

Además de carreteras, hablemos de aduanas. Uyyy… Solo el nombre genera todo tipo de anticuerpos pues es sinónimo de “mil” trámites, problemas, trabas y, lo peor, corrupción. Esta es otra infraestructura que el gobierno debe dar eficientemente, y no la da.

La segunda parte es que nos dejen trabajar en paz. La inseguridad en todo el país es más que evidente. Queremos trabajar pero nos implica correr el riesgo de ser asaltados en el transporte público, o en nuestro propio método de movilizarnos. Las extorsiones son de lo peor que hay. En un medio de comunicación salió una nota donde habla del paro de buses en Antigua pues ya no aguantan con tanta extorsión. Lo mismo sucede con unos taxis en la ciudad, que ya no pueden circular en determinadas zonas pues los extorsionan diariamente. Y no digamos el asesinato de los pilotos de camionetas. Los robos a comercios es otra gravedad. ¿Y la seguridad que debe proveer el gobierno, garantizada en el artículo 2 de nuestra Constitución?

La conflictividad es otro gran problema que evita que trabajemos en paz. Esto no solo afecta a las empresas mineras, hidroeléctricas, generación y transporte de energía, etc. Nos afecta a todos cada vez que alguna de las oenegés organiza marchas bloqueando carreteras y calles dentro de la ciudad. Nos afecta porque ha alejado la inversión y por eso no hay empleos. Las ventas en general, de la mayoría de empresas a nivel nacional, se han visto disminuidas. Con menos ventas no hay contratación de más personal. El dominio que han logrado tener estos grupos porque se victimizan, es impresionante. Logran que hasta la PDH los defienda cuando están violando la ley y afectando a cientos de miles de guatemaltecos. ¿Y los derechos humanos de quienes queremos trabajar honradamente?

Al final del día, lo que la gran mayoría de guatemaltecos queremos es vivir y trabajar en paz. Estará usted de acuerdo conmigo que esto no es mucho pedir.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo