Con su característico humor intelectual, el escritor cubano Carlos Alberto Montaner define el comunismo como “el tiempo que los países pierden entre el capitalismo y el capitalismo”. Cuba, con seis décadas de desarrollo económico perdidas parece incapaz o ignorante de cómo cambiar el rumbo del país. La plataforma económica del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, revela un desconcierto ideológico que se manifiesta en medidas absurdas e incongruentes.

El Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social – el documento de 32 páginas que propone guiar el futuro económico de Cuba – afirma que: “La política económica en la nueva etapa corresponderá con el principio de que sólo el socialismo [i.e. el comunismo cubano] es capaz de vencer las dificultades… y que en la actualización del modelo económico, primará la planificación y no el mercado”.
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El documento subraya consistentemente los temas militaristas del General Castro enfatizando mayor eficiencia, disciplina y control. Se insiste, por ejemplo, en la fijación de precios según los dictados de la planificación central y se afirma que no se permitirá que actividades “no estatales” (aparentemente no se puede hablar de un “sector privado) conduzcan a la acumulación de riqueza. Raúl Castro no está interesado en el socialismo de mercado Chino ni con el pronunciamiento de Deng Xiaoping que “hacerse rico es glorioso”. En Cuba la planificación central se ampliara para incluir no sólo las empresas estatales y mixtas, si no también las nuevas formas de actividades no estatales con “nuevos métodos de planificación y el control estatal sobre la economía”.

No es sorprendente que Raúl Castro y sus generales se sientan más cómodos con la jerarquía de orden y mando de una economía de planificación centralizada que con las vicisitudes de un mercado libre. Lo que perpleja es su inhabilidad para percibir los principios fundamentales necesarios para el desarrollo económico. El gobierno parece desconocer que se debe hacer.

Para enfatizar este punto, es útil examinar un puñado representativo de los 178 oficios que fueron autorizados para los trabajadores por cuenta propia como actividades no-estatales. Esta medida es una de las piezas claves en las “grandes reformas” económicas del General Castro para resucitar la economía del país. Después de mucho debate y con gran ansiedad los reformadores de la economía cubana han decidido permitir que los 500,000 cubanos que están quedando desempleados soliciten permiso para auto-emplearse en actividades como:

#23 Comprador- vendedor de libros de uso
#29 Cuidador de baños públicos (aparentemente para sobrevivir solicitando propinas)
#34 Desmochador de palmas (evidentemente, otros árboles serán desmochados por el estado)
#49 Forrador de botones
#61 Limpiabotas
#62 Limpiador y comprobador de bujías
#69 Mecanógrafo
#110 Reparador de bastidores de cama (no se debe confundir con el # 116)
#116 Reparador de colchones
#124 Reparador de paraguas y sombrillas
#125 Reparador y llenador de fosforeras
#150 Cartománticas
#156 Dandy (Sin definición técnica, ¿pareja masculina?)
#158 Pelador de frutas naturales (independiente del #142, vendedor de producción agrícola en quioscos)

Esta claro que este extraño conjunto de actividades que serán permitidas en el sector de servicios no impulsará el desarrollo económico del país. Es igualmente revelador que los tecnócratas del gobierno consideren necesario catalogar las actividades económicas que serán permitidas con este grado de regulación y control.

Un impedimento a iniciar reformas reales es que sin un nuevo liderazgo democráticamente inspirado los credos económicos de la tradición Marxista no se cambiaran por otra serie de creencias. Estas no son reformas para desatar la “mano invisible” del mercado, si no para reafirmar el puño cerrado de los Castros.

No hay que ser economista para apreciar, por ejemplo, que rellenar fosforeras (ocupación permitida #125) no es una actividad industrial que contribuirá al desarrollo económico del país. Medidas para promover la libre fabricación privada de fosforeras serian más acertadas. Mas al grano, y continuando con el ejemplo, lo imprescindible es potenciar a los ciudadanos a obtener los beneficios económicos empresariales fabricando fosforeras de alta calidad y bajo costo que puedan ser exportadas competitivamente a los mercados internacionales.

En su mundo de sueños económicos de yuxtaposiciones y non sequitur surrealistas, con una visión sin racionalidad consiente, el General Castro cree que el mejoramiento de la administración estatal es la forma de salvar el sistema comunista. La hostilidad en su programa económico hacia las libertades individuales y el éxito económico predice el inevitable fracaso de las reformas.

El control de todos los aspectos de la vida cubana por parte de los militares y del Partido es la antítesis de las libertades individuales y la autonomía necesaria para lograr un renacimiento económico. El General Castro ignora lo que José Marti enfatizo en 1884 en su carta de renuncia reprobando a su comandante militar Máximo Gómez: “No se funda un pueblo, general, como se manda un campamento”. Lo mismo aplica para el desarrollo exitoso de una economía.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo