Cien guatemaltecos en promedio son multados al mes en la ciudad por conducir bajo efectos del alcohol. En promedio tres por día. Así lo evidencian cifras de la Policía Municipal de Tránsito (PMT).

La multa es de Q500 más la entrega a la Policía Nacional Civil (PNC) para que el infractor sea llevado a un juzgado. El juez puede modificar la multa, la cual en ocasiones se eleva hasta Q5 mil.

La mayoría de los casos se detectan entre las 9:00 de la noche del viernes y las 4:00 de la mañana del domingo. Los horarios coinciden con el aumento de asistencia de los guatemaltecos a negocios de venta de licor y discotecas.

Siete son las zonas capitalinas donde más guatemaltecos son multados. Estas son la 9, 10, 13 y 14. A las que se suman la 1, 11 y 12.

Las últimas “debido al crecimiento de los centros de entretenimientos en esas áreas”, afirma Amílcar Montejo, intendente de la PMT capitalina.

La mayor cantidad de multas por conducir bajo los efectos del alcohol se concentra en siete zonas de la ciudad, en horas de la madrugada.

Problema aumenta

No solo la PMT realiza pruebas de alcoholemia. También lo hace el departamento de Tránsito de la PNC.

Esta entidad reporta que el año pasado se capturó en todo el país a 7 mil 292 personas por conducir en estado etílico. Ello evidencia un 27% de incremento con respecto al año anterior.

Expertos aseguran que el alcohol influye en los conductores debido a que provoca somnolencia y aumenta el tiempo de reacción y frenado. Además, deteriora la capacidad sicomotora y altera la estimación de distancias.

Según la PMT el año pasado se registraron 11 mil accidentes de tránsito en el país y de ellos el 15% estuvo relacionado por conducir después de haber ingerido bebidas embriagantes.

Siete de cada 10 involucrados en accidentes por conducir en estado etílico son hombres, dos son mujeres y uno no se sabe porque huye el lugar. Las edades oscilan entre 16 y 29 años.

Detección y multa en la ciudad

La PMT realiza hasta 300 pruebas en un fin de semana para determinar si los conductores consumieron bebidas embriagantes. No todas son positivas. En una noche se hacen de 3 a 6 operativos de manera aleatoria en varias zonas capitalinas.

Los operativos que realiza la PMT son aleatorios.

La unidad encargada de esta tarea está integrada por 7 personas: 1 encargado y 6 agentes de PMT.

La observación, el olfato y la realización de pruebas de equilibrio es el primer indicio para determinar si un ebrio va al volante.

Al conductor se le pide caminar en línea recta, ponerse en posición de número cuatro o levantar la mirada y respirar y luego volver a bajar la mirada.

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Prueba de alcoholemia

Si no pasa las pruebas se considera que va ebrio y es entregado a agentes de la PNC para que lo trasladen ante un juez.

Es hasta ahí, a solicitud y en presencia del juzgador, que se hace la prueba de alcoholemia. Esta determina cuánto alcohol hay en la sangre, midiendo la cantidad de alcohol en el aire que la persona exhala.

“Solo la podemos hacer frente al juez para que quede evidencia del procedimiento”, también porque “si lo hacemos en la calle y en el juzgado lo atienden a los dos o tres días, que es lo que ha sucedido, la prueba ya no es válida”, dice Montejo.

Mientras son escuchados por el juez, en el peor de los en casos  a los dos o tres días, los conductores en estado de ebriedad pasan en la carceleta de la Torre de Tribunales. Ahí permanecen en condiciones infrahumanas.

La PMT ya no realiza las pruebas de alcoholemia en la calle. Solo lo hace en presencia del juez.

La Ley de Tránsito no establece la cantidad de alcohol permitida en la sangre de los conductores. Así que se toma como referencia los valores que establecen los alcoholímetros.

En el caso de los aparatos que usa la PMT si marca “0.01 o 0.02 ya nos está dando una alerta. Cuando marca 0.03 el aparato lanza una advertencia. Está diciendo que ya no puede conducir una persona”, afirma el intendente de la PMT.

La última oportunidad

Ir con aliento a licor no implica que necesariamente el conductor termine ante un juez. Eso lo determinará su conducta.

Aunque la multa de Q500 que le impone la PMT no se la quita, sea o no conducido ante un juzgado.

Si la persona conduce luego de ingerir alcohol, pero está en capacidad de comunicarse y realizar maniobras físicas. Además, da muestras de saber dónde está y reconoce el problema y el error, puede no ser trasladado ante un juez.

“En esos casos se inhabilita el vehículo, se le quitan las llaves, se le dice a la persona que se puede dormir o llamar a un familiar para que lo llegue a traer”, dice Montejo. No obstante eso solo ocurre en tres de 10 casos.

Por el contrario, cuando el comportamiento es violento, portan arma de fuego o van acompañados de más personas en estado de ebriedad, son enviados inmediatamente ante un juez.

El castigo en algunos casos implica una multa de Q5 mil y la retención de la licencia de conducir durante tres meses.

Así le ocurrió a Efraín, quien fue detenido por conducir en estado de ebriedad en mayo del año en curso. El hecho ocurrió en el Puerto de San José, en Escuintla.

¿Con cuántos tragos está en problemas?

Cuál es el límite a la hora de hacer un brindis, sobre todo si sabe que luego tiene que manejar. La respuesta es más difícil de lo que parece. Una cerveza puede ser a veces suficiente y en otras una botella de licor no basta.

“El alcohol actúa de manera diferente en las personas. Porque no está acostumbrado a tomar, debido a la alimentación y la calidad de sueño. También por la corpulencia, el estado de ánimo y hasta por el tipo de música que se escucha”, afirma Montejo.

Cita el caso de una abogada que detuvieron y se había tomado una botella de licor. Pasó todas las pruebas de equilibrio.

“Hay otros que dicen que tomaron una cerveza y están llorando en el carro o causando problemas”, agrega. En conclusión, lo mejor es no beber si va a conducir.

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