Si lo que se intenta es combatir la pobreza y lograr que los trabajadores obtengan más beneficios, lo que se debe procurar es que cada día más haya más empresas que necesiten personal.

Desde el inicio de la Revolución Industrial, y del paso del mercantilismo al que fue denominado capitalismo, se confrontaron ideas que intentaban eliminar el proceso de “acumulación de capital” para repartir, para no permitir que personas o empresas que por medio de todos estos procesos nuevos acumularan grandes “excedentes”, como no se había visto en la historia de la humanidad, por lo menos a personas que no fueran de la realeza, para corregir esas grandes desigualdades y la injusticia del supuesto aprovechamiento de estos – los empresarios o industriales – sobre los trabajadores.
La acumulación de capital en la mayoría de casos anteriores era fruto del despojo armado a regiones extranjeras, y por lo tanto, como producto de guerra o conquista el sujeto material despojado no estaba protegido o por la ley, o por la condena moral de los propios habitantes de una región. A partir del mercantilismo comercial de los siglos XVI al XVIII, se comercializaba productos escasos, a precios favorables y por ello los mercaderes no eran bien vistos, aunque no contrataban el trabajo o servicio de muchas personas, por lo que ese intercambio no era visto como explotación.

La Revolución Industrial develó algunos de los grandes problemas sociales a lo interno de los países y era la extrema pobreza y la falta de medios de subsistencia de grandes grupos poblacionales, que fue aprovechado por los dueños de fábricas, minas, etc. ¡Pero si estos nuevas empresas que emplearon a miles de personas, muchas de esas personas hubieran muerto por desnutrición y enfermedades ligadas a la pobreza!
La tentación natural, al ver la desproporción de ganancias, los sueldos baratos (déjeme decirlo así, porque el salario es un precio que depende de la oferta y la demanda), es tener un reclamo, una molestia, una intención de cambiarlo, una propuesta denunciando una supuesta injusticia. En un principio los salarios son bajos, por el exceso de oferta de mano de obra y por la escasa especialización de la misma, situación que va cambiando a medida que surgen más empresas con las mismas necesidades de mano de obra y entonces la mano de obra se vuelve escasa e incrementa sus precios. Además, las exigencias de productividad, de calidad de los productos para no desperdiciar los recursos, hizo que los precios de sueldos y salarios fuera subiendo, incrementando de esa manera la distribución y el crecimiento económico de las clases obreras y otras.

Entonces, de alguna manera, las ideas de repartición, de gravar con impuestos a los que obtienen utilidades para repartirlos en bienes y servicios para la población, de expropiación de capitales y propiedades, se enfrenta directamente con el ciclo natural del llamado capitalismo o economía de libre mercado – asociado a las ideas liberales de intervención apenas en la protección de los derechos individuales: vida, libertad, propiedad y familia, porque en el proceso natural los sueldos y salarios se van a incrementar a medida que haya más empresas que requieran personal y que los trabajadores se ubiquen en las mismas y exista escasez de trabajadores. En Guatemala este ciclo natural se ha visto como inicia y luego se interrumpe por las intervenciones “de justicia social” y del “bien común” de leyes como el salario mínimo.

Cuando la maquila de ropa estuvo en auge, la escasez de mano de obra hizo que en muchos otros sectores de trabajo u oficios tuvieran que incrementar salarios y sueldos por la falta de mano de obra y para poder contratar personal necesario y retener a los que ya estaban trabajando. Los trabajadores podían “ponerse los moños” o negociar en una posición de fuerza porque tenían la seguridad de poder ser contratados en otros lugares. A medida que las empresas de maquila fueron cerrando y no hubo nuevas empresas, la posición fue desfavorable para los trabajadores. Uno de los ejemplos más tristes que me ha tocado vivir fue el de una señora conserje que al dialogar con ella de su familia y hacerle la típica pregunta de su familia y escuchar que una de sus hijas se había graduado de diversificado, y conocer que estaba trabajando de conserje en otra empresa, su frase, lapidaria me conmovió: “es que ahora hasta para limpiar están pidiendo graduados…”. Ante la escasez de trabajos, los empleadores tienen cada día más exigencias y menos prerrogativas para los empleados. La inversión en educación no permitió en este caso ninguna movilización social.

Así que, si lo que se intenta es combatir la pobreza y lograr que los trabajadores obtengan más beneficios, lo que se debe procurar es que cada día más haya más empresas que necesiten personal. Al tener más empresas y más gente empleada o siendo contratada para brindar sus servicios los precios de los sueldos, salarios y servicios contratados se incrementarán y eso sí logra una verdadera revolución: la redistribución de la riqueza de forma permanente y suficiente para que los trabajadores puedan hacer frente a sus necesidades: alimentación, salud, educación, vestimenta, vivienda, locomoción, etc.
Rescatemos la revolución contra las tiranías: ¡creemos empleos!
Sígame y coménteme en twitter: @josekrlos

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo