Antoine-Chrysostome Quatremère de Quincy estaba naciendo poco tiempo después de la publicación de C.Batteux sobre las Bellas Artes en plena Ilustración en París a inicios de la segunda mitad del siglo XVIII, y fue otro magnífico ilustrado, filósofo, arqueólogo, crítico de arte y político francés. Lo más importante en la introducción de este inciso no es contar que Quatremére fue el consejero teórico de arte y arqueología de Napoleón Bonaparte, sino exaltar que fue secretario de la (Académie des Beaux-Arts) Academia de Bellas Artes poco más de dos décadas; y autor de varios libros sobre arquitectura, museología, biografías de algunos grandísimos maestros, pero en especial, de su obra maestra de filosofía del arte publicada por primera vez en 1837: “Un Ensayo sobre la Naturaleza, el Propósito y los Medios de la Imitación en las Bellas Artes”. Es el perfecto seguimiento teórico de la obra de Batteux, ya que principal propósito de Quatremère de Quincy fue probar la importancia fundamental, que el concepto de imitación tiene en la producción de las artes, y cómo el grado de placer que ésta provoca en el espectador depende en esencia, de qué tanto se acerca al ideal de la perfección en la lejanía o cercanía del parecido de una cosa en otra cosa que se convierte en la imagen de la otra. Ya los antiguos y antecesores a los teóricos Ilustrados habían mencionado el concepto de la imagen en las artes, pero no este nivel de profundidad. Él subirá un escalón más al centrarse en la reflexión y análisis de la imagen que el artista y los espectadores se forman en su mente. Con este ascenso estamos acercándonos a lo que será una magnífica definición objetiva de las artes visuales y de las artes miméticas (incluye todas las bellas artes) bajo un punto de vista universal y general.
​Al igual que Batteux y Artistóteles, de Quincy insiste que la imitación es una de las facultades más distintivamente características del ser humano y el propósito debe ser encontrar un principio elemental apropiado para la creación y apreciación de las bellas artes, como una regla invariable que nos permite y facilita la acción de producir arte mimético. Debemos encontrar entonces, primero cuál es su naturaleza, luego su propósito y finalmente los medios para lograr esta imitación convertida en una o varias imágenes representativas en la mente.

SOBRE LA NATURALEZA DE LA IMITACIÓN EN LAS BELLAS ARTES

​Quatremère define el término de la imitación como la producción del parecido de una cosa, pero en alguna otra cosa que se convierte en la imagen de la primera. Este parecido que se crea es una imagen. Dice lo que es y al mismo tiempo lo que no es. Moralmente hablando, esta imagen es la misma que el modelo, pero físicamente es otra cosa. En realidad, el placer que se obtiene de las obras de imitación proviene del acto de comparar entre la imagen creada de la idea original, del despertar la curiosidad intelectual, racional del hombre. Imitar no es la copia idéntica de la naturaleza, sino la recreación simbólica de un objeto seleccionado de la naturaleza. Imitar no es identificar de forma idéntica, sino representar de manera diferente la misma identidad. Una condición necesaria en la imitación es que siempre debe existir un parecido, una semejanza entre la imagen creada y el objeto de la realidad; representar la realidad por su apariencia, cuya magnitud sólo puede ser parcial.
​Ya que existen dos objetos principales a imitar, uno el de la mente y el otro, el de los sentidos, dice Antoine-Chrysostome que debemos tener mucho cuidado al mezclar diferentes artes, ya que, sensorialmente hablando, al compartir diferentes sentidos, podemos demeritar la intensidad de uno por la multiplicidad del otro. El poder de la imitación se podría reducir si no se llegaran a complementar como en una buena ópera, el canto y el teatro, o una genial pintura y escultura integrándose a arquitectura majestuosa. Pero un texto escrito, como una poesía literal, adentro de una pintura podría ser muy peligroso para el entendimiento y claridad de la imitación. La mente pierde en fuerza y en calidad de lo que gana en número y diversidad de impresiones. A pesar de esta última recomendación sí podemos comparar y aplicar los mismos conceptos y principios generales de la imitación, tanto en la poesía como en las artes plásticas. En el caso de la imagen, se presta de la pintura para ser utilizada metafóricamente en la poesía, en donde el efecto a expresar es una imagen moral, dirigida a la mente. De la misma manera será en la pintura y escultura, aunque el primer filtro sea el sentido de la vista, de la mente es de la que recibirá el juicio final.
​El filósofo francés Quatremère de Quincy hace notar otro principio muy importante para la existencia de la validez de la imitación en las artes, al igual que Batteux, y es que insta a no cometer el error tan frecuente en ella, que es el de la copia literal de la naturaleza y la realidad como en el estilo romántico de las artes plásticas, el del Naturalismo. Debemos alejarnos entonces de lo descriptivo en la composición de la poesía y de las artes en general. Si lo que deseamos es crear arte no podemos violar bajo ningún motivo el principio de la imitación, que requiere que una cosa sea representada por alguna otra que es la imagen de ella. Este último principio de la imitación dice el teórico del arte, que se entiende mejor en la poesía al cazar relaciones morales, detalles del sentimiento y los efectos que ejercen una influencia sobre la mente con la ayuda de analogías y transposiciones, símiles y metáforas, que nos provocan el ver una cosa en o como otra. Este era el gusto general de la Antigüedad y del Renacimiento. Cuando Virgilio representaba la noche, por ejemplo, lo hacía a través de criaturas vivientes.
​Concluimos entonces que imitar no es copiar y que para que exista arte debe existir un poco de ficción y con respecto al parecido, algo incompleto. Quatremère de Quincy concluye que por virtud de las leyes que gobiernan la naturaleza de la imitación moral, los medios derivados por imponerse en cada arte la necesidad de presentar a la mente nada más que imágenes ficticias e incompletas. El mejor ejemplo es la música. Esta ficción y lo no completo, y sólo esto, es lo que constituye el arte y lo que se constituirá en la fuente de placer en la imitación. Es una especie de ilusión que invita a la imaginación humana a terminar lo incompleto. Esta invitación le provoca mucho placer, especialmente cuando el artista logra que el artificio no se note, se olvide; allí se logró la perfección.

SOBRE EL PROPÓSITO DE LA IMITACIÓN EN LAS BELLAS ARTES

​Quatremère, al igual que Aristóteles, piensa que el propósito fundamental de la imitación en las artes es provocar placer, del cual existen tres grados correspondientes a las diferentes facultades del hombre. El primer tipo es el instintivo, el cual excluimos por ser acorde al de repetir la realidad por repetirla. El segundo grado corresponde al de los sentidos, producido por medios legítimos del arte, es más técnico que intelectual. Pero el tercer grado es el más alto en la provocación de placer, porque es uno moral, y éste es el verdadero y más importante propósito de la imitación en el arte. Es el placer de satisfacer a la mente, y para lograrlo de una manera más eficaz deberemos de hacerlo de manera universal y general, es decir integrando con un solo concepto simbólico una cantidad infinita de unidades particulares. Esta universalidad se logra cuando la imagen represente el todo de la idea a recrear, la idea a imitar.
​Otro propósito fundamental sobre la imitación en las bellas artes es el tratamiento de lo ideal, el cual se aplica a designar las cualidades características, en cuanto son producidas bajo el principio de la noción que pertenece a la labor del juicio y el entendimiento humano. Imitación ideal es imitación en el mundo de las ideas dice Quatremère. La belleza debe ser un objetivo primordial en la imitación, el ideal de la perfección en el sentido de ordenar, armonizar, proporcionar los objetos de la naturaleza, que con tanta variedad y particularidad nos ofrece únicamente de manera parcial como nuestro modelo a representar. Hay dos tipos de belleza entonces, uno es moral y el otro sensorial, que también se puede universalizar a través de la generalización de los principios más fundamentales tomados a manera de leyes de la naturaleza como la principal imitación de los principios del funcionamiento de la mente humana. Hasta aquí sigue en línea con C.Batteux. Ahora bien, refiriéndose a la creación de una imagen, nunca debe tomarse como modelo la particularidad de un aspecto de la naturaleza, sino imitar su generalidad como lo es un individuo a su especie. Se debe por ejemplo imitar al hombre de manera universal y general; no a un hombre en particular. No se debe copiar, sino se debe imitar recreando de manera representativa y simbólica. En realidad, Aquiles no está representando a Aquiles como hombre particular, sino está imitando poéticamente, metafóricamente las virtudes del orgullo, ambición y venganza. Con Hércules, por ejemplo, se está creando el ideal de la fortaleza de carácter. Estas imitaciones son ideales morales. Cicerón escribió: “Fidias, cuando formó la estatua de Júpiter, o de Minerva, no estudió ningún individuo con el fin de dibujar una semejanza del mismo, sino existía en su propia mente un tipo de belleza superior, sobre la cual fijó su atención, y por la cual él dirigió su arte y su mano.”


Hércules y Licas, Antonio Canova, 1795-1815, mármol 335 cm, Galería Nacional de Arte Moderno, Roma, Italia.

SOBRE LOS MEDIOS DE LA IMITACIÓN EN LAS BELLAS ARTES

​En este párrafo obtenemos de una manera muy elocuente la definición de la utilización del símbolo en el arte imitativo. Quatremère define los medios, en referencia a las bellas artes, como la ejecución, pero no se está refiriendo a la idea de los medios prácticos o mecánicos. Esta ejecución la traduce él a la necesidad de crear una serie de convenciones que faciliten al creador con todos los tipos de imitación para poder producir sus efectos, y hacer crecer la esfera de su operación, tan lejos como la naturaleza lo permita y no rebasar los límites prescritos por su constitución física y moral. Él determinó tres tipos de convenciones: la poética, la práctica y la teorética, siendo la primera a mediar con el juicio y el gusto en la imitación en el arte. Lo poético está siendo empleado aquí como un sinónimo de lo ficticio y consecuentemente de lo metafórico en la imitación de lo ideal. La facultad mental indudablemente tiende a engrandecer todas las imágenes a través de la generalización en la imitación. Para representar un objeto con otro, lo que está haciendo es expresar el sujeto, más que con un todo colectivo, con un género del objeto y adquiere la propiedad de significar una mucho mayor cantidad de ideas al mismo tiempo. Aquí estamos hablando de un símbolo representativo. Estas se integran y sólo se pueden percibir si se simplifica la imagen, si se generaliza. Al igual en la pintura, el artista debe concentrar la mínima cantidad de rasgos, para el ojo, lo que el poeta condensó en la mínima cantidad de ideas para la mente.
​Otra convención importante como medio de la imitación en las artes es el uso de las metáforas, símiles e hipérbolas para ayudarnos en el acto de la trasformación y de la transposición, de cual emana la eficiencia del lenguaje, eso es del intercambio entre la imagen de lo material y las ideas del mundo intelectual. Dicha actividad intelectual imaginaria es lo que cien años después Ayn Rand estará comenzando a definir en su teoría epistemológica Objetivista, explicado y desarrollando de manera más amplia y específica como el concepto de psico-epistemología en las artes.
​De todos los medios metafóricos empleados por el artista del diseño, para facilitarle la idealización de sus personajes y temas, nada le permite cambiar, transponer la apariencia de una mejor manera que el estilo de composición denominado el alegórico, afirmó el teórico de Quincy. Yo llamo a este tipo de convención el del símbolo prestado, un doble símbolo, en cuyo concepto profundizaremos aún más cuando toque el tema de semiótica estudiando los diferentes tipos de símbolos que existen para el proceso creativo en la Parte III de esta tesina. La alegoría designa un personaje real en la forma de una figura imaginaria, por un lado, y por el otro expresa un pensamiento o la idea más abstracta a través de una forma corporal. Por ejemplo, en las esculturas antiguas, su apariencia es totalmente transformada, los diferentes personajes son convertidos en Marte, Mercurio o en Apolo, que al mismo tiempo representaban cualidades morales con formas corpóreas. De la idea a lo concreto y de lo concreto a la idea.
Disfrutemos de un bellísimo ejemplo artístico pictórico a finales de la segunda parte del siglo XIX. El magnífico pintor romántico Jean-Léon Gérôme presta, en su obra maestra Pigmalión y Galatea, el símbolo a la obra literaria clásica de Ovidio “Las Metamorfosis “del Libro X, la cual representa a Pigmalión, rey de Chipre (mezclando historia, realidad con ficción) haber buscado durante largo tiempo a la mujer ideal para casarse; y al no encontrarla y decidir no casarse, para doblegar su frustración, decidió convertirse en un escultor para así poder crear idealizaciones de una mujer perfecta. A una de ellas, Galatea, la habría tallado tan perfectamente real y bella en marfil, que se enamoró de la misma; y soñando que cobraba vida, y mediante la intervención divina de Afrodita, al él despertarse, le ofrece ella cumplir su sueño conmovida por tanto deseo de amor le dice que merece la felicidad que él mismo proyectó y le concede la reina que visualizó e idealizó, convirtiéndola en humana. A mi manera de ver, esta obra expresa de manera perfecta el espíritu moral del movimiento de Bellas Artes y por supuesto del Romanticismo, una alegoría a la voluntad humana, a los valores de la belleza sensorial y moral del individuo culto e lustrado de esa gran época de la humanidad. Esta obra maestra nos muestra de manera muy elocuente la naturaleza, el propósito y los medios de la imitación en las bellas artes, inclusive hasta el remanente epistemológico de filosofía platónica que muchos pensadores reiniciarán a lanzar con que la realidad está en el mundo de las ideas y no en la evidencia de los sentidos. Esta dualidad epistemológica será clarificada al fin, más de un siglo después por el Objetivismo de Ayn Rand.

Pigmalión y Galatea, Jean-Léon Gérôme, 1890, óleo sobre tela 89cm x 69cm, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, USA.

​Quatremère de Quincy piensa que debemos tener mucho cuidado con no dejarnos influenciar por un mal principio para no permitir corrompernos en las bellas artes por el uso de lo mundano, de lo vulgar, de lo obsceno. Yo, en lo personal, creo que la batalla a favor de lo inteligente, la batalla a favor de lo bello, de crear imágenes con sentido en las artes deberá ser ganada en el campo de las ideas y de Quincy es un teórico que nos provee de herramientas fundamentales para poder arremeter de manera lógica y objetiva en contra de la irracionalidad utilizada en la falta de fundamentos, carencia de propósitos y medios caprichosos de la imitación del arte moderno. El arte universal clásico, realista e humanista imita con sentido creando valor a través del placer intelectual y la belleza; en cambio el arte moderno imita sin sentido destruyendo la mente con lo feo y lo absurdamente irracional.
A pesar de haber sido escrito a principios de los 1800’s, Quatremère de Quincy se mantiene vigente, ya que con este libro-ensayo contribuye a entender cuál es la naturaleza objetiva de la definición del arte y a esclarecer gran parte de las contradicciones y entender los resultados tan irracionales y absurdos de la mayor parte del arte moderno. En este inciso tratamos de probar el sentido y fundamento inequívoco, la importancia de lo que representa el concepto de la imitación para el arte. Sin esta acción no existe arte. Sin la imitación ficticia, no una copia idéntica sino ficción, sin la representación metafórica y simbólica claramente entendible no hay arte mimético y sin belleza ni excelencia no hay obra maestra. En el próximo artículo analizaremos al máximo genio filosófico del siglo XX, Ayn Rand con su Objetivismo, cuya filosofía nos ayudará a clarificar, confirmar, cancelar algunas dudas importantes restantes de muchos de los pensadores hasta ahora tratados.